jueves, 08 de octubre de 2026
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Roma reflexiona sobre Amoris Laetitia, ¿pero estará dispuesta a resolver dudas de hace una década?

El 19 de septiembre de 2016, cuatro cardenales presentaron al Papa Francisco cinco ‘dubia’, preguntas formuladas de manera que admitieran respuestas afirmativas o negativas.

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Foto: Vatican News

Redacción (08/10/2026 10:02, Gaudium Press) Del 7 al 14 de octubre, el Vaticano retoma una de las cuestiones más delicadas y divisivas del pontificado de Francisco. Diez años después de la publicación de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia, el Papa León XIV reúne en Roma a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo y a los responsables de las Iglesias católicas orientales para preguntar no exactamente qué dice la exhortación apostólica, sino qué ha aprendido la Iglesia al intentar ponerla en práctica. La diferencia parece sutil, pero puede ser decisiva.

El encuentro, titulado «Diez años después de Amoris Laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy», comenzó este miércoles 7 de octubre y finaliza el día 14. Según los datos detallados presentados por el Vaticano, habrá 187 participantes. Estarán representadas las 115 conferencias episcopales, normalmente por sus presidentes, así como las 15 Iglesias católicas orientales sui iuris. Participarán también 11 parejas o familias, especialistas, facilitadores y 22 invitados elegidos personalmente por León XIV. La Santa Sede insiste en una distinción importante: no se trata de un Sínodo ni de la continuación de un Sínodo. La metodología, sin embargo, será claramente sinodal, con la llamada «conversación en el Espíritu», trabajos en pequeños grupos, momentos de escucha e intervenciones en el plenario.

El jesuita P. Giacomo Costa, consultor de la Secretaría General del Sínodo y responsable de la metodología del encuentro, definió la reunión como una especie de «asamblea de evaluación». Y tal vez esa sea la mejor clave para comprender lo que sucederá en Roma. Según Costa, diez años después, la pregunta fundamental ya no es simplemente qué dice Amoris Laetitia, sino qué ha aprendido la Iglesia al tratar de vivirla. Evaluar, explicó, no significa juzgar el documento para aprobarlo o condenarlo, sino examinar la experiencia acumulada y preguntarse qué nuevos pasos deben darse.

Los participantes trabajarán sobre cinco grandes temas: la realidad, la belleza y los desafíos de las familias de hoy; los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial; los primeros años de la vida conyugal; el acompañamiento ante las dificultades de la vida; y la familia cristiana como sujeto de la misión de la Iglesia. Es importante recordar esto porque reducir Amoris Laetitia a la controversia sobre los divorciados vueltos a casar sería injusto con un documento de enorme amplitud, que trata también de la preparación para el matrimonio, la educación de los hijos, la espiritualidad conyugal y la misión evangelizadora de la familia.

Pero sería igualmente ingenuo imaginar que la cuestión más controvertida ha desaparecido.

Personas divorciadas que han contraído una nueva unión

Desde su publicación, en abril de 2016, el capítulo VIII de Amoris Laetitia, especialmente la nota 351, se convirtió en objeto de interpretaciones diversas sobre la posibilidad de acceso a los sacramentos por parte de personas divorciadas que han contraído una nueva unión civil. Algunas diócesis y conferencias episcopales adoptaron criterios más restrictivos; otras entendieron que, tras un proceso de acompañamiento y discernimiento, el acceso a los sacramentos podría ser posible en determinados casos. El propio Francisco intervino en la controversia pocos meses después de la publicación de la exhortación. En septiembre de 2016, al recibir los criterios elaborados por los obispos de la región pastoral de Buenos Aires para la aplicación del capítulo VIII, afirmó que el documento explicitaba correctamente el sentido del texto y añadió: «No hay otras interpretaciones». Posteriormente, tanto los criterios argentinos como la carta del Papa fueron publicados en los Acta Apostolicae Sedis como «Magisterio auténtico». En 2023, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe volvió a confirmar expresamente dicho estatus. Por tanto, la discusión actual ya no se desarrolla exactamente en el mismo terreno que en 2016.

Esto no significa, sin embargo, que todas las preguntas planteadas en aquella época hayan desaparecido.

El 19 de septiembre de 2016, los cardenales Walter Brandmüller, Raymond Burke, Carlo Caffarra y Joachim Meisner presentaron al Papa Francisco cinco dubia, preguntas formuladas de manera que requerían respuestas afirmativas o negativas. Además de la cuestión sacramental de los divorciados vueltos a casar, los cardenales preguntaban sobre la vigencia de normas morales absolutas y sobre la relación entre conciencia, circunstancias particulares y actos considerados intrínsecamente malos por la tradición moral católica. Estas cinco preguntas no recibieron una respuesta formal.

Dos de los firmantes, Caffarra y Meisner, fallecieron en 2017. Brandmüller, a sus 97 años, y Burke, que hoy tiene 78, siguen vivos. La relación de Burke con Roma también ha cambiado sensiblemente desde la elección de León XIV. En 2023, Francisco retiró al cardenal estadounidense algunos privilegios vaticanos, entre ellos el derecho a un apartamento subvencionado y su estipendio. León XIV, por su parte, recibió a Burke en audiencia privada en agosto de 2025. El contenido de la conversación nunca se divulgó oficialmente, por lo que no es posible afirmar que hayan discutido sobre Amoris Laetitia. Poco después, sin embargo, Burke recibió autorización para celebrar nuevamente la Misa según el rito romano anterior a la reforma litúrgica en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro. Son señales de un cambio de clima, aunque no necesariamente de una orientación doctrinal.

El propio mensaje de León XIV con motivo del décimo aniversario de Amoris Laetitia, publicado el 19 de marzo pasado, ayuda a comprender la postura adoptada por el nuevo pontificado. El Papa describió la exhortación como un “luminoso mensaje de esperanza” sobre el amor conyugal y la vida familiar, y afirmó que esta favoreció una reflexión y una “conversión pastoral” en la Iglesia. Fue en ese mensaje donde anunció la convocatoria del encuentro de octubre, proponiendo un discernimiento sinodal que tenga en cuenta lo que ya se está realizando en las Iglesias locales.

No hay, por tanto, hasta el momento, indicio alguno de que León XIV pretenda revisar formalmente Amoris Laetitia. Al contrario. El resultado de los trabajos se condensará en un informe, que será examinado por una comisión con representantes de la asamblea y debatido el último día. Posteriormente, se entregará al Papa y se publicará como documento de trabajo. La propia organización aclaró que dicho texto no pretende sustituir la exhortación de Francisco. Esto no hace que el encuentro sea irrelevante. Tal vez sea justamente lo contrario.

Los documentos magisteriales no existen en el vacío. Su aplicación genera prácticas pastorales, interpretaciones, dificultades y precedentes. Cuando se invita a representantes de todas las conferencias episcopales a poner sobre la mesa diez años de estas experiencias, la discusión deja de centrarse únicamente en una nota a pie de página escrita en 2016. Pasa a tratar también sobre lo que sucedió después de ella.

Y es aquí donde la presencia de Estados Unidos llama particularmente la atención.

La presencia de estadounidenses

Además del arzobispo Paul Coakley, que participa por ser presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, cuatro de los 22 participantes elegidos personalmente por León XIV son estadounidenses: los cardenales Blase Cupich, Joseph Tobin y Robert McElroy, y el obispo Daniel Flores. Ningún otro país recibió cuatro invitaciones personales del Papa. Canadá, China, Italia y el propio Estado de la Ciudad del Vaticano contaron con dos invitados cada uno. Brasil, México y Filipinas, a pesar del enorme peso de sus poblaciones católicas, tuvieron solo uno cada uno.

La elección merece atención, pero también prudencia en la interpretación. Cupich, Tobin y McElroy estuvieron entre las voces estadounidenses más receptivas a las prioridades pastorales de Francisco, incluso en la forma de comprender Amoris Laetitia. Flores, por su parte, desempeñó un papel importante en el proceso sinodal estadounidense y es un referente en el tema de la acogida a los migrantes. Coakley llega a Roma no como una elección personal adicional del Papa, sino como representante institucional del episcopado de Estados Unidos, y necesitará la experiencia de sus pares para tomar las decisiones pertinentes.

No sabemos si León XIV pretende enviar, con esta composición, un mensaje específico a la Iglesia de su país natal. Pero es difícil ignorar el peso otorgado al episcopado estadounidense precisamente en un tema que, en Estados Unidos, estuvo ligado a intensos debates sobre disciplina sacramental, conciencia, «coherencia eucarística» y la relación entre doctrina y acompañamiento pastoral.

Consecuencias en la vida concreta de la Iglesia

Existe además una novedad metodológica que tal vez sea más importante que cualquier lista de participantes. El encuentro no pretende buscar simplemente una nueva formulación doctrinal. El método elegido busca escuchar experiencias diferentes sin exigir que todas se reduzcan inmediatamente a una práctica uniforme. La pregunta, por tanto, no parece ser: «¿Debemos reescribir Amoris Laetitia?». La pregunta es otra: tras diez años, ¿qué ha producido su aplicación en la vida concreta de la Iglesia?

Es precisamente ahí donde el encuentro puede cobrar importancia.

Si la respuesta es que determinadas experiencias pastorales han dado buenos frutos, estas podrían adquirir mayor peso en el futuro. Si otras han generado confusión, contradicciones o dificultades, también deberían ponerse honestamente sobre la mesa. Una verdadera evaluación pastoral no puede servir únicamente para confirmar el camino ya recorrido; también debe ser capaz de reconocer sus límites.

León XIV parece, hasta ahora, preferir esta forma de gobierno: menos proclamas sobre rupturas, más procesos de escucha, discernimiento y consolidación. Esto puede permitir que las diferencias se aborden sin transformar cada controversia en una batalla eclesial. Sin embargo, conlleva también un riesgo: cuando cuestiones doctrinales y pastorales permanecen durante mucho tiempo sometidas a interpretaciones locales divergentes, la diversidad puede dejar de ser meramente pastoral y empezar a ser percibida por los fieles como una contradicción.

Por eso, diez años después, el verdadero desafío tal vez no sea decidir quién «ganó» la disputa sobre Amoris Laetitia. Tampoco parece probable que Roma resucite formalmente las cinco dubia de 2016 para responderlas una a una.

La cuestión más profunda es saber si una Iglesia que desea acoger situaciones humanas cada vez más complejas logra hacerlo sin restar claridad a lo que enseña sobre el matrimonio, la conciencia, el pecado, la gracia y los sacramentos.

Amoris Laetitia cumple diez años sin haber sido reescrita. No obstante, la historia de su interpretación sigue escribiéndose en las diócesis, en las parroquias y ahora, durante una semana, en el Aula Pablo VI.

Quizás por ello el encuentro de esta semana merezca tanta atención. Roma no está simplemente reabriendo un documento. Está reabriendo una pregunta que, en realidad, nunca llegó a responderse por completo: tras diez años de experiencias diversas, ¿cómo conciliar la misericordia pastoral, la unidad de la Iglesia y la claridad doctrinal sin sacrificar ninguna de las tres?

Por Rafael Ribeiro

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