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El Reino de María: La gran profecía de Fátima
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14 de Mayo de 2019 / 0 Comentarios
 
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Nuestra Señora de Fátima.jpg

Redacción (Martes, 14-05-2019, Gaudium Press) Al inicio del siglo XX, cuando apenas comenzaba a delinearse, tímidamente, el bosquejo de un mundo que nacería de la victoria de los aliados en la Primera Guerra Mundial, se verificó uno de los hechos más notables de la historia contemporánea: aparece la Madre de Dios y trae a la humanidad un mensaje.

Y este mensaje sobrevino en un momento crucial. La impiedad y la impureza se alastraban por todo el orbe, a tal punto que, para sacudir los hombres, estallara una verdadera hecatombe que fuera la propia Grande Guerra, como la Virgen Santísima afirmó a los pastorcitos. Todavía, la conflagración terminaría algún tiempo después de sus apariciones, dando a los pecadores oportunidad de enmienda.

Por tanto, lo que Nuestra Señora advertía en la Cova de la Iria era la existencia de una prodigiosa crisis en la sociedad, la cual, en el fondo, no era sino la consecuencia de una crisis religiosa, que desembocaría en una catástrofe más moral que política.

Ella sería un flagelo para la humanidad, si esta no diese oídos a la voz de la Reina de los profetas. Y, en este caso, a aquel mal se sucederían otros: guerras y persecuciones a la Iglesia y al Papa, martirios, varias naciones serían aniquiladas. Nuestra Señora indicaba, así, la extensión de una calamidad que se alastraría por la tierra, al cabo de la cual, sin embargo, el Inmaculado Corazón de Ella triunfaría.

La crisis moral continúa acentuándose

A pesar del aviso clarísimo de Nuestra Señora, la crisis moral, de 1917 para acá, no hizo más que acentuarse. Las modas, las leyes y las costumbres cada vez más abiertamente están defendiendo el crimen, el pecado, la aversión a la Ley de Dios, frutos de una cultura laica y materialista. Está siendo instaurada una completa inversión de valores, un orden de cosas que propicia el vicio y dificulta la práctica de la virtud. Y el motivo central de esta profunda crisis es, sin duda, el abandono de la Religión.

La humanidad ya no vive más en función de su Creador, sino de sí misma. Se olvidó de que su fin en esta tierra es amar a Dios y conquistar la salvación de las almas. Delante de cuadro tan dramático, ¿cómo esperar que no venga sobre el mundo una intervención regeneradora? ¿Cómo podría Dios ignorar la inmensa crisis en la cual el mundo está sumergido, por la maldad de los hombres?

Un cambio de la sociedad rumbo a la verdadera conversión se va tornando más improbable. Y a medida que caminamos para el paroxismo de la degradación moral, más probable también es la efectuación de los castigos profetizados por Nuestra Señora. Eso puesto, nos resta volver nuestra mirada para una luz que brilla en el horizonte de los acontecimientos actuales, y que nos invita a confiar en la promesa hecha por Ella hace cien años: "Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará".

El triunfo del Inmaculado Corazón de María será propiamente el Reino de María, o sea, el ápice de la Historia, cuando la preciosísima Sangre de Cristo, derramada para nuestra redención, producirá sus mejores frutos.

En el Reino de María surgirá, cual vino nuevo, una sociedad admirablemente superior a todo lo que podamos imaginar. Será como un lirio nacido en el lodo, durante la noche y bajo la tempestad, a ruegos de la Reina del Cielo y de la tierra.

Fuente:
CLÁ DIAS, EP, João Scognamiglio, "Por fim, meu Imaculado Coração triunfará!" - São Paulo, Lumen Sapientiæ-2017

 

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El Reino de María: La gran profecía de Fátima
Nuestra Señora de Fátima.jpg

Redacción (Martes, 14-05-2019, Gaudium Press) Al inicio del siglo XX, cuando apenas comenzaba a delinearse, tímidamente, el bosquejo de un mundo que nacería de la victoria de los aliados en la Primera Guerra Mundial, se verificó uno de los hechos más notables de la historia contemporánea: aparece la Madre de Dios y trae a la humanidad un mensaje.

Y este mensaje sobrevino en un momento crucial. La impiedad y la impureza se alastraban por todo el orbe, a tal punto que, para sacudir los hombres, estallara una verdadera hecatombe que fuera la propia Grande Guerra, como la Virgen Santísima afirmó a los pastorcitos. Todavía, la conflagración terminaría algún tiempo después de sus apariciones, dando a los pecadores oportunidad de enmienda.

Por tanto, lo que Nuestra Señora advertía en la Cova de la Iria era la existencia de una prodigiosa crisis en la sociedad, la cual, en el fondo, no era sino la consecuencia de una crisis religiosa, que desembocaría en una catástrofe más moral que política.

Ella sería un flagelo para la humanidad, si esta no diese oídos a la voz de la Reina de los profetas. Y, en este caso, a aquel mal se sucederían otros: guerras y persecuciones a la Iglesia y al Papa, martirios, varias naciones serían aniquiladas. Nuestra Señora indicaba, así, la extensión de una calamidad que se alastraría por la tierra, al cabo de la cual, sin embargo, el Inmaculado Corazón de Ella triunfaría.

La crisis moral continúa acentuándose

A pesar del aviso clarísimo de Nuestra Señora, la crisis moral, de 1917 para acá, no hizo más que acentuarse. Las modas, las leyes y las costumbres cada vez más abiertamente están defendiendo el crimen, el pecado, la aversión a la Ley de Dios, frutos de una cultura laica y materialista. Está siendo instaurada una completa inversión de valores, un orden de cosas que propicia el vicio y dificulta la práctica de la virtud. Y el motivo central de esta profunda crisis es, sin duda, el abandono de la Religión.

La humanidad ya no vive más en función de su Creador, sino de sí misma. Se olvidó de que su fin en esta tierra es amar a Dios y conquistar la salvación de las almas. Delante de cuadro tan dramático, ¿cómo esperar que no venga sobre el mundo una intervención regeneradora? ¿Cómo podría Dios ignorar la inmensa crisis en la cual el mundo está sumergido, por la maldad de los hombres?

Un cambio de la sociedad rumbo a la verdadera conversión se va tornando más improbable. Y a medida que caminamos para el paroxismo de la degradación moral, más probable también es la efectuación de los castigos profetizados por Nuestra Señora. Eso puesto, nos resta volver nuestra mirada para una luz que brilla en el horizonte de los acontecimientos actuales, y que nos invita a confiar en la promesa hecha por Ella hace cien años: "Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará".

El triunfo del Inmaculado Corazón de María será propiamente el Reino de María, o sea, el ápice de la Historia, cuando la preciosísima Sangre de Cristo, derramada para nuestra redención, producirá sus mejores frutos.

En el Reino de María surgirá, cual vino nuevo, una sociedad admirablemente superior a todo lo que podamos imaginar. Será como un lirio nacido en el lodo, durante la noche y bajo la tempestad, a ruegos de la Reina del Cielo y de la tierra.

Fuente:
CLÁ DIAS, EP, João Scognamiglio, "Por fim, meu Imaculado Coração triunfará!" - São Paulo, Lumen Sapientiæ-2017

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/103022-El-Reino-de-Maria--La-gran-profecia-de-Fatima-. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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