domingo, 20 de septiembre de 2020
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¿Carnaval es placer y alegría?

Redacción (Miércoles, 26-02-2020, Gaudium Press) La Biblia afirma que “la alegría del corazón es la vida del hombre, un inagotable tesoro de santidad. La alegría torna más larga la vida de él” (cf. Eclo 30,22-26). San Francisco de Sales decía que: “un cristiano triste es un triste cristiano”.

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Alegría, placer, satisfacción de alma

La alegría verdadera brota de un corazón puro que ama a Dios y al prójimo, tiene la consciencia tranquila y sabe que está en las manos del Señor.

El mundo, entretanto, confunde alegría con placer, cuando, en verdad, no son las mismas cosas. Placer es la satisfacción del cuerpo; alegría es la satisfacción del alma.

En un artículo, ya en las vísperas del Carnaval, el Profesor Felipe Aquino trata de ese asunto.

Placeres justos e injustos

Él destaca que existen placeres justos y hasta necesarios, como, por ejemplo, el sabor que Dios colocó en los alimentos. Y existen también placeres injustos, por eso, pecaminosos, cuando se busca la satisfacción del cuerpo apenas como un fin: la bebida, el sexo fuera o antes del casamiento, las drogas, las aventuras que ponen la vida en riesgo, etc.

Abuso de la libertad: libertinaje

Eso ocurre cuando se abusa de la libertad y usa mal las cosas buenas.

Ello tiene nombre: libertinaje.

Por ejemplo, puede ser un gesto de alegría beber una copa de vino con los amigos, pero puede tornarse un gesto de placer desordenado si hay el abuso de la bebida y llega a la embriaguez. El mal casi siempre es el uso abusivo de las cosas buenas.

¡Cuántos crímenes y accidentes ocurren por causa de esos libertinajes!

Búsqueda frenética de la alegría y el placer

Está trascurriendo un carnaval más, tiempo que, para muchos, se transformó en liberación de todos los instintos, búsqueda frenética de la “alegría” y el placer, pero, el placer ilícito, cuando pasa deja gusto de muerte. La distorsión de la alegría en esa fiesta puede transformarse en sufrimiento para la propia persona y para los otros, porque sabemos que “el salario del pecado es la muerte” (cf. Rm 6,23).

No piense que usted puede ser feliz en el pecado porque eso es ilusión.

La tentación nos ofrece el pecado, así como una manzana acaramelada, sin embargo, envenenada. Es más o menos como el terrible anzuelo que el pez muerde, porque está escondido dentro del cebo.

Después de morder el cebo, de sentir el placer rápido que él le da, el pez siente el gusto de la muerte en el anzuelo que lo clava.

Carnaval y las víctimas de los placeres

Lo mismo sucede con quien se entrega, en el carnaval, a los placeres de la carne, como el sexo a cualquier costo, la práctica de la homosexualidad, el uso de las drogas, el abuso de la bebida y los gestos de violencia. ¿Qué es que todo eso genera, después? Sabor de muerte.

Después que rápidamente todo eso pasa, el vacío y la tristeza vienen.

Hemos visto un espectáculo deprimente en los últimos carnavales: las propias autoridades, al querer impedir el SIDA, acaban fomentando el pecado.

Preservan el cuerpo, pero matan el alma

Los gobiernos de la Unión y los Estados distribuyen ampliamente preservativos para que los juerguistas jueguen, se diviertan, pero sin el peligro de contaminarse. Preservan el cuerpo, pero matan el alma; defienden el placer y la orgia, pero ahondan la moral; lanzan el pueblo a los antiguos bacanales griegos.

Ahora, lo correcto es enseñar a los jóvenes la castidad. ¿Será que no tenemos algo mejor para dar a nuestros jóvenes y a nuestro pueblo?

¡Cuántos niños son engendrados “de repente” en los carnavales! ¿Qué ocurre después? Algunos de esos pueden ser abortados – otro error, otro pecado-, otros se tornan hijos de una madre que va criar y educar al hijo sola.

¡No es justo! Eso no es justo, porque todo niño que viene a este mundo tiene el derecho a un padre, una madre, un hogar, tiene el derecho de ser amado y deseado; y no ser apenas el fruto de un “atajo” loco y fuera de todas las normas morales.

El abuso de lo que es bueno… y la tristeza

El mal es el abuso de aquello que es bueno. Si nosotros abusamos del bien, de la comida, la bebida, del sexo fuera del casamiento, todo eso se tornará un mal y traerá consecuencias negativas; eso no es una alegría auténtica.

La vida conyugal es linda dentro del plan de Dios, pero si la sacamos de dentro de ese plano, ella podrá ser causa de tristeza, adulterio y enfermedad.

Camino de la muerte y la vida

En el pecado, encontramos el camino de la muerte; en la virtud, encontramos el camino de la vida, de la paz. Nuestra vida es consecuencia de nuestras elecciones y nuestros actos. San Pablo dijo claramente a los Gálatas: “No erréis, de Dios no se escapa, porque todo lo que el hombre siembra, eso también recogerá. Lo que siembra en su carne, de la carne cosechará la corrupción; pero lo que siembra en el Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna” (Gl 6,8).

Quien hace del período carnavalesco una oportunidad de extravasar los bajos instintos, recogerá, sin duda, la tristeza después. Quien de él se aproveche para hacer el bien, recogerá la alegría. La verdadera alegría nace de la práctica del bien. Cuanto más usted hace el bien a las personas, más será feliz.

El perfume del pecado

El pecado es perfumado y se presenta a usted a la hora de su fragilidad. ¡Cuidado! San Agustín afirmaba: “Su tristeza son sus pecados. Deje que la santidad sea su alegría”. Yo le doy la receta: vigile y ore.

Los pecados entran por las ventanas del alma, que son los sentidos.

Entonces, cierre sus ojos, su boca y sus manos si usted sabe que, por medio de ellos, puede llegar al pecado. Aquí no está la alegría Los días de carnaval nos ofrecen grandes oportunidades para pecar, tanto en las calles como en la televisión, en internet y los clubes, sin embargo, no es en eso que reside la verdadera alegría, pues esa puede ser encontrada en la convivencia saludable del hogar con los hijos, en la iglesia, en la lectura de buenos libros y de la Palabra de Dios, en un tiempo más dedicado a la oración, en el oír una buena predicación, en un gesto de caridad a una persona que precisa de usted.

(Fuente: “¿Carnaval es placer y alegría?”, del Profesor Felipe Aquino, con adaptaciones Gaudium Press)

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