jueves, 09 de julio de 2020
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No substituir el creer con el saber, exhorta el P. Bovati en el Retiro Espiritual de la Curia Romana

Ariccia – Italia (Viernes, 06-03-2020, Gaudium Press) La “falta de fe” fue el tema central en una de las meditaciones hechas por el Padre Pietro Bovati a los miembros de la Curia Romana durante el Retiro Cuaresmal que realizan en Ariccia y que se prolonga hasta hoy viernes.  

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Partiendo del episodio del becerro de oro, narrado en el Éxodo, y como, en las otras meditaciones, reportándose a la historia de Moisés, al Evangelio de Mateo y los Salmos: el predicador jesuita afirmó que también “en nosotros existen fenómenos de ceguera, de idolatría, que es esencialmente una falta de fe en el Señor Jesús, la incapacidad de vivir verdaderamente confiándonos” a Él.

Pecado y falta de fe

En verdad, la reflexión tuvo como centro el pecado, no como presentado habitualmente como transgresión a la ley de Dios, sino como “falta de fe”.

Él recordó que el primero de los preceptos del Decálogo hace referencia a no tener otros dioses en el lugar del único Dios y a no hacer imágenes de la divinidad. Esta última especificación, observó el secretario de la Pontificia Comisión Bíblica, fue considerada superada por el pueblo cristiano: se considera el ídolo, el fetiche, un legado del pasado.

Un pecado no reconocido

Para el Padre Bovati existe “una ceguera gravísima” que aflige la consciencia, exactamente porque no es reconocida. Precisamente como cuando en el Evangelio de San Juan Jesús observa: “Como decís: ‘Nosotros vemos’, vuestro pecado permanece”. “Es el pecado que no puede ser curado, porque no es reconocido”, es el pecado negado, “y se asemeja al pecado contra el Espíritu: sin remedio”.

El predicador recordó que también en el Evangelio de San Mateo, capítulo 23, se encuentra una seria crítica a la hipocresía de los escribas, y también de los fariseos, que se presentaban al pueblo como modelos a ser seguidos: “La hipocresía es mentira, porque substituye el buen actuar por la apariencia de la bondad, falsea la práctica devota porque envés de ser “la gloria de Dios”, es dirigida a la exaltación y la honra del hombre.

La hipocresía no sabe juzgar, no sabe lo que es el verdadero discernimiento; es ciega, no conoce la justicia, la misericordia, la fidelidad, identifica el bien con prácticas y realizaciones materiales.”

El principio de toda disgregación en ámbito interpersonal y en las relaciones sociales.

El centro de la meditación del teólogo jesuita fue el episodio del becerro de oro, narrado en Éxodo, capítulo 32: Moisés está en la montaña, Dios le dice que el pueblo se pervirtió, y lo hace usando un verbo que evoca la corrupción, un término que se usa habitualmente, un término que tiene su punto central en el no reconocer a Dios, resaltó el predicador.

De ahí es que “se originan todos los males, porque no se oye más la voz del Señor, sino que se producen distorsiones de diferente naturaleza propiamente porque se hace su dios, se hace su ley, se hace su beatitud”, destacó.

Para el Padre Bovati, también en la Carta a los Romanos, San Pablo muestra que el hecho de no reconocer más a Dios como Dios es el principio de toda disgregación en ámbito interpersonal, y también de las relaciones sociales y causa de los desórdenes violentos que afectan a la sociedad.

Preferir ver y no oír la voz de Dios, creer con el saber

A partir del texto del Éxodo, el padre Bovati mostró el fenómeno de la idolatría evidenciando varios de sus aspectos: Ella nace del deseo de certezas, del preferir “ver”, envés de oír la voz de Dios invisible.

El episodio del becerro de oro, cuando el pueblo elegido lo prefirió a Dios, llevó al predicador a detenerse sobre la importancia de la imagen pública en el mundo virtual en que vivimos y a cuando, a veces, se torna followers de un objeto idolátrico. El padre Bovati alertó para un culto tal vez devoto y espléndido en la ejecución, pero sin el acogimiento de una palabra que transforma.

“No bastan las ceremonias bien hechas, si ellas no son fundadas en la auténtica oración que es, en primer lugar, escucha” de Dios. Fue central la evocación del Padre Bovati al Evangelio de Mateo, en particular a las tentaciones en el desierto. Jesús sale victorioso y nos enseña el camino para superar nuestra ceguera, resaltó. Jesús indica el camino del siervo.

“Es eso que ensancha nuestro corazón, que nos hace entrar en la acción de gracias por la bondad del Señor, porque su amor es eterno”. Jesús dijo: “Tened coraje, yo vencí el mundo”. Es que venció también por nosotros, de modo que en el reconocimiento también de nuestra poca fe podamos entonar el himno de alabanza, volviendo la mirada amorosa para Él, nuestro único Dios, nuestro Salvador. (JSG)

 

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