martes, 29 de noviembre de 2022
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Sacerdote estadounidense ofrece 10 consejos para no dejarse dominar por la preocupación durante la pandemia

Greenville (Martes, 31-03-2020, Gaudium Press) Ante la sobreabundancia de información sobre la pandemia, las inevitables alteraciones a la vida cotidiana impuestas por las medidas de prevención del contagio y las propias preocupaciones de la vida de cada persona, es saludable buscar alternativas que liberen la mente y el espíritu de todo aquello que quita la paz propia de quienes confían en Dios. Si bien esto es un ideal bastante atractivo, en la práctica puede ser difícil de lograr. Por este motivo el sacerdote estadounidense P. Dwight Longenecker propuso 10 acciones concretas para dejar de preocuparse excesivamente en esta particular época.

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La oración y recordar la necesidad de confiar plenamente en Dios libera de las preocupaciones terrenas. Foto: Jack Sharp.

El primer consejo del sacerdote es «deje de ver las malas noticias». Puede parecer obvio, pero es un reto interesante. «Es difícil no detenerse y mirar, pero por amor de Dios, no revise los canales de noticias cada cinco minutos». Aunque hay motivos para inquietarse, hay poco que las personas puedan hacer para resolver problemas globales. Entonces es más saludable consultar las noticias unas dos veces al día y equilibrar las malas noticias con las buenas noticias. «Las cosas están mal, pero muchas personas están trabajando juntas para tratar a los enfermos y encontrar nuevas formas de combatir la enfermedad. No digo que ponga la cabeza en la arena y adopte algún tipo de optimismo artificial. Sea realista, pero no se deje atrapar por una mala noticia».

El segundo consejo puede dar la vuelta a la primera situación: «Ore las noticias». «Después de recibir su actualización de noticias, llévela al Señor en oración. Revise las noticias de la mañana y luego diga sus oraciones matutinas. Revise las noticias de la tarde y luego diga sus oraciones de la tarde», recomendó el P. Longenecker. «La oración desata el poder de Dios en el mundo. Sus oraciones ayudarán a fortalecer y proteger a quienes trabajan para combatir la enfermedad. Sus oraciones fortalecerán y ayudarán a quienes padecen la enfermedad. Sus oraciones ayudarán a los afligidos, ansiosos y deprimidos. Tus oraciones también te ayudarán a permanecer tranquilo, concentrado y confiando en Dios».

Si se encuentra en aislamiento para evitar el contagio, puede retomar alguna actividad de interés como estudiar, leer, pintar, cocinar o hacer ejercicio. Este tercer consejo ayuda a olvidar las preocupaciones. El cuarto consejo es nuevamente espiritual: «Lea los salmos: los salmos son poemas antiguos a menudo escritos por personas en problemas. El Salmo 27, 62 y 91 son todos buenos en tiempos de ansiedad», recordó el sacerdote. «Los salmos enfatizan la necesidad de poner nuestra confianza en Dios».

«Tómese un día a la vez», indicó el P. Longenecker como quinto consejo, cimentado en la doctrina de Cristo de no angustiarse por el futuro. «Si estás bien hoy y tienes lo que necesitas hoy, gracias a Dios», indicó el sacerdote. «Si mañana la enfermedad te afecta a ti a tus seres queridos, Dios estará allí para guiarte a través de ella». El presbítero también sugirió (6) mantener la comunicación con amigos, familiares y miembros de la Iglesia, lo cual aporta consuelo mutuo, y memorizar frases de la Biblia o con sentido espiritual (7) para recordar poner el tiempo presente en manos de Dios y dejarle a Él las preocupaciones.

Su octavo consejo es recordar que la humanidad ha vivido estas situaciones antes. «Hemos trabajado juntos para superar plagas, guerras, hambrunas y todo tipo de desastres terribles», recordó el presbítero. «Saldremos adelante». También sugirió hablar abiertamente y escuchar a los demás (9). «La preocupación es peor cuando corroe como un miedo interno. Sáquelo y hable de ello», aconsejó. «Una preocupación compartida es una preocupación reducida a la mitad».

Finalmente, el P. Longenecker recomendó realizar un Acto de Fe. » El acto de fe es una oración mediante la cual ponemos nuestra confianza y fe solo en Dios», explicó. «Un acto de fe simple es decir: ‘Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, en tus manos encomiendo mi espíritu'». Esta forma de oración, aseguró, tiene una gran eficacia en liberar las cargas. «Cuando verdaderamente, completa y simplemente nos ponemos en las manos de Dios, es sorprendente cómo la preocupación simplemente se evapora».

«Que el Señor use este tiempo para fortalecer la fe, la esperanza y el amor en nuestros corazones. Que nos tomemos un tiempo para volver a evaluar nuestras prioridades y darnos cuenta de que la vida es corta e incierta», expresó el sacerdote como conclusión. «Este no es un ensayo general. Dé gracias a Dios por el bien que tenemos y disfrute de esas bendiciones. Use el tiempo sabiamente y de corazón pida el don de amar a Dios y a los demás como deberíamos, antes de que sea demasiado tarde».

Con información de P. Dwight Longenecker.

 

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