miércoles, 08 de julio de 2020
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En la Segunda Guerra Mundial, la invasión se cernía sobre la Santa Sede

Ciudad del Vaticano (Sábado, 18-04-2020, Gaudium Press) Aunque el estudio de 600 colecciones de documentos de los archivos vaticanos sobre el pontificado de Pío XII se suspendió a causa de la pandemia del coronavirus, un libro en italiano condensa algunos de los primeros hallazgos, producto del análisis de documentos reservados de la Gendarmería vaticana. Bajo el título de “Il Vaticano nella Tormenta” (El Vaticano en la Tormenta), el texto de Cesare Catananti confirma que la Santa Sede se preparaba para una posible invasión durante la Segunda Guerra Mundial.

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Las fuerzas de seguridad tenían el reto de proteger la Santa Sede sin cesar la labor caritativa.

Las fuerzas de seguridad del Vaticano son poco conocidas, ya que su misión en tiempos de paz en un estado neutral sin intereses militares pasa frecuentemente desapercibida. Pero durante la Segunda Guerra Mundial fueron notablemente más complejas. Tras la alianza entre el gobierno fascista italiano y la Alemania nazi, la Santa Sede se vio rodeada de amenazas.

Según reportó Catananti, los gendarmes tenían que cuidarse de la infiltración de espías, cuidar (y cuidarse) del personal diplomático ante la Santa Sede, mantener y proteger a soldados desertores que acudían a la Iglesia y coordinar el desplazamiento no autorizado de prisioneros de guerra prófugos ayudados por un prelado irlandés. Pero uno de los desafíos más difíciles era diseñar planes para proteger al Papa ante la posibilidad de una invasión y secuestro del Pontífice.

Los documentos prueban que para los gendarmes consideraban la amenaza como una realidad, con directivas de protección de accesos, reforzamiento de estructuras y preparativos como el uso de las brigadas de incendio como cañones de agua para disuadir a los invasores. Si se invadían las fronteras, todas las personas debían dirigirse al Palacio Apostólico, el cual sería defendido por los guardias con órdenes de emplear armas para la legítima defensa. Si el Vaticano sufría un ataque aéreo, el refugio sería la Torre de San Juan.

El riesgo era considerado tan inminente que los guardias tenían obligación de portar su uniforme en todo momento y estar listos para servir, con sus rifles cargados y munición, en cualquier momento. En caso de ataque a la Santa Sede, sólo 200 hombres estaban disponibles para defenderla, aunque estaban dispuestos a crear un escudo humano para resguardar al Pontífice.

Aunque la situación era muy compleja, la solicitud caritativa ante las necesidades de la población siempre se mantuvo. “Incluso si las órdenes escritas de los gendarmes eran ‘alejar’ a las personas, la práctica real que se estaba siguiendo era ‘acoger’ a las personas”, describió Catananti . “La palabras del Evangelio eran, en esencia, la verdadera ley para ser respetada”.

Con información de Catholic Herald.

 

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