martes, 29 de noviembre de 2022
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"La solidaridad es un valor indispensable e insubstituible", afirma el arzobispo metropolitano de Belo Horizonte

Belo Horizonte (Viernes, 29-12-2010, Gaudium Press) En uno más de sus artículos sobre temas relativos a la doctrina cristiana, puesto a disposición hoy, el arzobispo metropolitano de Belo Horizonte, Mons. Walmor Oliveira de Azevedo, habla sobre la nueva solidaridad, recordando que éste fue un principio expuesto por el Papa Juan Pablo II en su mensaje para el Día Mundial de la Paz emitido en 1990 y también mencionado por el Papa Benedicto XVI en el año recién terminado por ocasión del mismo Día Mundial de la Paz.

Para Mons. Walmor, esta solidaridad es un valor indispensable e insubstituible para avanzar en proyectos nuevos que tutelen la creación y den subsidios para que se llegue al desarrollo integral. «Es necesario insistir e invertir en la formación de la consciencia social y política anclada en el principio de la solidaridad», afirma.

El prelado resalta en su artículo que apenas las conquistas democráticas no bastan para formar una sociedad integrada. Para esto, es necesaria la solidaridad. «La Doctrina Social de la Iglesia señala que la solidaridad es lo que confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana», dice. «Ésta es la dirección que puede asegurar una posible y necesaria unidad entre los pueblos».

Para Mons. Walmor, un buen camino para esta integración está siendo recorrido cada vez más por algunos medios de comunicación. Ellos «muestran cómo técnicamente es posible establecer relaciones entre personas, aún cuando situadas muy distantes unas de las otras», dice. Por otro lado, el prelado ve que las facilidades generadas por estas nuevas tecnologías también muestran un mundo desigual, marcado por la violencia. Así, cree que el proceso de interdependencia generado por estos nuevos medios de comunicación deba ser marcado «por un soporte y empeño intenso en el plano ético-social», destaca.

«Estas relaciones de interdependencia deben ser transformadas en formas de solidaridad de carácter ético-social, como exigencia (remoral inherente a todas las relaciones humanas», afirma el religioso, al explicar que, según la Doctrina Social de la Iglesia, este carácter ético-social tiene dos importantes aspectos complementarios: el principio social y la virtud moral.

En este sentido, «la solidaridad debe ser tomada como principio social ordenador de las instituciones», dice. De forma que, según él, esto solo se realizará efectivamente cuando fueren modificadas de manera inteligente las leyes y las reglas del mercado. En lo que se refiere a la solidaridad como virtud moral, el arzobispo afirma que ella «hace brotar en el corazón humano el indispensable sentimiento de compasión que se traduce en la determinación de empeñarse por el bien común». Sin este sentimiento, resalta el arzobispo, el sentido de bien común puede ser objeto de abuso, falta de respeto y volverse indiferente.

Para resaltar la necesidad de la acción solidaria, el arzobispo arroja una luz sobre la responsabilidad de cada ser humano en relación al mundo que habita. «Todos son deudores de aquellas condiciones que posibilitan la existencia humana de modo digno e íntegro», dice. Y esta deuda «tiene que ser honrada con muchas acciones en lo social y político», complementa el prelado.

Por fin, Mons. Walmor hace un apelo al desarrollo tecnológico, para que esté dirigido a la preservación del medio ambiente. «Es necesario estimular las pesquisas para explotar potenciales que permitan mejores condiciones de uso del medio ambiente; cuidar del agua, con serios propósitos de reconquistar la estabilidad para superación de las alteraciones climáticas», nota. Según el arzobispo, citando al Papa Benedicto XVI, se debe salir urgentemente de la lógica del mero consumo para promover formas que respeten el orden de la creación. Para esto, es necesario que cada individuo actúe pensando en el bienestar de su comunidad y grupo. «Es la hora de la nueva solidaridad», concluye.

 

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