Los grupos Pro Vida reclamaron “la derogación de las ilegítimas leyes antivida vigentes, que otorgan falsos derechos y dan carta de ciudadanía a la muerte provocada de seres humanos y que, además, pretenden ser blindadas en la Constitución”.
Redacción (01/06/2026 11:25, Gaudium Press) Unas 15.000 personas participaron el domingo 31 de mayo en una nueva edición de la Marcha ‘Sí a la Vida’, una movilización convocada por la plataforma del mismo nombre que integra más 500 asociaciones unidas en defensa de la vida desde su inicio hasta su fin natural.
Alicia Latorre, coordinadora de la plataforma ‘Sí a la Vida’, defendió la necesidad de cambios legislativos en cuanto a las leyes del aborto y la eutanasia, y de una mayor protección de las personas más vulnerables.
“Nos hemos reunido para proclamar y celebrar la grandeza de la dignidad de todo ser humano, para reclamar los cuidados y ayuda en positivo que no llegan a muchas personas y para dejar claro que las leyes que nos rigen pueden y deben cambiar ya”, señaló.
Los grupos Pro Vida reclamaron “la derogación de las ilegítimas leyes antivida vigentes, que otorgan falsos derechos y dan carta de ciudadanía a la muerte provocada de seres humanos y que, además, pretenden ser blindadas en la Constitución”.
Asimismo, denunciaron en un manifiesto que, “no solo en España, sino también en la Unión Europea, se está introduciendo de manera insistente y mediante presiones, una ideología de desprecio y cosificación de la vida humana y de imposición de la cultura de la muerte”.
“PP: voten no a la constitucionalidad del aborto”, rezaba al respecto una de las pancartas más grandes de la marcha, en donde también se podían leer frases como “El aborto mata una vida y deja rota otra” o un vistoso “¡Viva la madre que me parió!”
Ante la tentación del suicidio, Dios nos tiende la mano
Como es habitual, el acto final de la marcha ofreció algunos testimonios, el primero de los cuales lo ofreció Kevin, un joven que compartió un mensaje de esperanza frente a la tentación del suicidio, una de las principales causas de muerte entre los jóvenes de los 15 a los 29 años.
“Durante mucho tiempo creí que era el dueño absoluto de mi vida. Pero cuando las cosas dejaron de funcionar, cuando empecé a sentir que no tenía control sobre nada de lo que me ocurría, decidí aferrarme a la forma de control más básica que encontraba: la posibilidad de quitarme la vida”, expresó.
Sin embargo, pasado un tiempo en el que “no veía otra opción”, encontró un sentido y una meta por los que luchar: “Empecé a entender la vida desde la idea de que no somos simplemente dueños absolutos de nuestra existencia, sino que hay algo más profundo que la sostiene. Para mí, esa confianza significa creer que no estoy solo, incluso en los momentos en los que no soy capaz de sostenerme a mí mismo. Que puede haber una mano tendida incluso cuando yo no soy capaz de tender la mía. En mi caso, lo llamo Dios”.
Rechazo a presiones para abortar
También subió al escenario Sintia, para contar cómo fue sometida a numerosas presiones para abortar a su hija con síndrome de Down. El médico le dijo que “venía con muchos problemas, que mi embarazo no pintaba nada bien, que mi hija no iba a poder andar, que iba a ser una carga, que quién la iba a cuidar, si yo tenía que trabajar”.
También le aseguró “que no había guarderías para niños así, que no tenía sentido seguir con el embarazo, que yo, con 29 años, era joven y podía tener más hijos, que, a las 32 semanas de embarazo, aún estaba a tiempo de abortar”. Pese a todo, Sintia apostó por la vida de su hija.
No fue así para Miriam, a quien los médicos diagnosticaron a dos hijos suyos de hidrocefalia y síndrome de Down con ocho y cinco meses de vida prenatal. No pudo resistir la presión.
Entre esos dos abortos tuvo a una hija que tiene ahora cinco años. Los recuerdos de los hijos que abortó seguían muy presentes. En especial del segundo, en el que, tras abortar, le dieron los exámenes genéticos en los que no había ni rastro de cualquier problema.
Miriam, de nuevo embarazada, acudió a principios de año a un negocio abortista. Las heridas del pasado la atenazaban de miedo y pensaba que “todo se iba a volver a repetir”. A la salida, se encontró con los Rescatadores Juan Pablo II, un grupo especializado en acompañar a madres en riesgo de aborto cuyas palabras de aliento y tranquilidad le dieron fuerzas renovadas. “Nadie tiene derecho a decidir la vida de los demás”, proclamó desde el estrado.
El acto concluyó con un momento de silencio por “los niños no nacidos, las víctimas del aborto y la eutanasia y de la cultura de la muerte”, después de lo cual fue interpretada una canción dedicada a las madres y se soltaron cientos de globos al aire.
Con información de ABC y Aciprensa.






Deje su Comentario