martes, 29 de noviembre de 2022
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Arzobispo emérito de Corrientes, Argentina, habla sobre la proyección social de la trasgresión de los mandamientos

Corrientes (Viernes, 28-10-2011, Gaudium Press) Sobre la necesaria proyección social de la práctica o trasgresión individual de los mandamientos de la Ley de Dios, habló Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de Corrientes Argentina, en la homilía proferida el domingo pasado.

«Escapamos por ‘la tangente’ cuando, al abordar los grandes conflictos, excluimos el primer mandamiento de su proyección social. Mientras no comprendamos qué significa y lo alejemos de nuestros planes políticos y sociales, no lograremos más que tenues paliativos contra el mal, no el remedio adecuado para vencerlo», dijo el arzobispo.

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Moisés con las tablas de la Ley

Refiriéndose al lenguaje con tonus altamente agresivo que se manifestó en el último debate electoral del país austral, Mons. Castagna lamentó que «algunos estimen que es el lenguaje normal del debate político, inevitable expresión de legítimos disensos».

«Por lo que se ve más bien se asemejan a durísimas discrepancias entre irreconciliables enemigos», expresó.

Tras reafirmar que «el adversario no es un enemigo, debiera ser considerado como quien, con honestidad, ejerce el derecho de ofrecer opiniones diversas y respetables, no necesariamente contrarias sino complementarias», consideró que «la realidad está reclamando una nueva profesión de estos dos mandamientos semejantes y principales», el de amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo.

Monseñor Castagna sostuvo que «no se cumple el segundo sin el primero. Jesús y toda la Escritura los jerarquiza. Los hombres, mal inspirados por el pecado, han desordenado la escala primitiva de los valores. Excluir a Dios es el colmo de ese desorden. El primer mandamiento, formulado como respuesta a los fariseos, es el referente necesario de la historia humana. El segundo, de inmediata percepción en la realidad, es posible si se respeta el primero».

«Si no amamos a Dios ‘con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu’ no nos amaremos entre nosotros o nos amaremos mal, que es lo mismo. Si como aclara Jesús: ‘de estos dos mandamientos depende toda la Ley y los Profetas’, de ellos depende la vida en sociedad y la paz entre los pueblos», concluyó

Con información de AICA

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