jueves, 06 de agosto de 2020
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Eucaristía fue uno de los puntos altos de la Misa de la Cena del Señor en la Catedral de la Sede

São Paulo (Viernes, 10-04-2009, Gaudium Press) El sacerdocio ordenado y la institución de la Eucaristía fueron dos de los temas más abordados en la Misa de la Cena del Señor, ayer, a las 19h, en la Catedral de la Sede, en el centro de la ciudad de São Paulo. Presidida por el cardenal Mons. Odilo Pedro Scherer, arzobispo de la ciudad, la celebración reunió centenas de fieles, que tuvieron la oportunidad de celebrar el inicio del Triduo Pascual – de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo – a lado del cardenal y de todos los cônegos, presbíteros, sacerdotes y demás religiosos presentes.

“Cada vez que hacemos la Eucaristía, nos colocamos de nuevo en la mesa de la cena, al pie de la cruz”, explicó Mons. Odilo en el inicio del sermón, y afirmó que el rito simboliza la aceptación del cuerpo de Cristo, que lava los pies de sus discípulos en prueba de que la humildad y el amor al prójimo deben prevalecer en la vida de los hombres.

“La vida cristiana no está en busca de privilegios, ni en busca de los primeros lugares. Pero si en el permanente servicio al prójimo, a aquellos que más precisan”, prosiguió el cardenal. A los fieles, quedó la importancia de renovarse al aprecio por la sagrada institución que es la Eucaristía no sólo en momentos de celebraciones históricas, sino en todas las Misas Dominicales, así como en otros horarios, que no sean en lo de los sermones. Estos, según el purpurado, son los momentos propicios para las oraciones y las reflexiones personales.

Otro momento alto de la celebración fue la personificación del gesto de Jesús Cristo realizado por Mons. Odilo Scherer, que lavó los pies de 12 ciudadanos, representantes, en la ocasión, de los apóstoles. Esas personas eran, en su mayoría, miembros de organizaciones no gubernamentales de defensa a víctimas de la violencia y de personas en situación de riesgo. Y, en un menor contingente, policías militares, católicos practicantes voluntarios.

El cierre se tradujo en un momento de vigilia y adoración, cuando fieles y celebrantes cargaron, en procesión, el símbolo de Cristo vivo – la hostia consagrada.  

 

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