viernes, 01 de julio de 2022
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Aspectos del debate entre el Cardenal Cañizares y el expresidente español Rodríguez Zapatero

Ávila (Viernes, 29-06-2012, Gaudium Press) Convocados por un amigo común -el editor del diario La Razón-, el Cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación vaticana para el Culto Divino, y el ex-presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, se encontraron ayer en el debate sobre «El humanismo del siglo XXI», en la Universidad Católica de Ávila. El encuentro suscitó gran expectativa por la importancia de los debatientes, y las comúnmente visiones contrarias que ellos mantienen en los más diversos temas.

El encuentro tuvo uno de sus puntos álgidos cuando se abordó el tema del relativismo y la necesidad de la vigencia de valores perennes en la democracia. Diversos analistas concluyeron que Rodríguez Zapatero rehuyó el debate.

Crisis europea

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El Card. Cañizares durante su intervención

El cardenal Cañizares afirmó que sin duda la actual crisis que afecta a Europa hunde sus raíces en una «pérdida de valores», en el «relativismo» y en el «capitalismo extremo». Para el purpurado, los fundadores de la Unión Europea la habían pensado como una respuesta a la situación derivada de las guerras mundiales, y estaba lejos de su mente «una Europa de los mercaderes». «Necesitamos una Europa nueva», «se necesitan muchos cambios de personas y de valores». Haciendo referencia a iniciativas que buscan borrar la raigambre cristiana del Viejo Continente, el Cardenal Cañizares afirmó que «parece que hay quienes están empeñados en que Europa y las raíces que la sostienen desaparezcan».

Adentrándose en el perjuicio que una mentalidad relativista imperante conlleva para el respeto de la persona humana, el purpurado también dijo que «cuando la vida no es respetada, cuando la familia no está lo suficientemente protegida, cuando África está sumida en una desgracia cada día mayor, con el olvido de los países de Occidente, no hay un futuro para esta Europa y para este desarrollo innegable, si se produce en contra del bien y del mal, del hombre, de la verdad. La juventud hoy no sabe qué es lo bueno y qué es lo malo. Viven inmersos en un relativismo, en una ética situacional. Ese futuro no será posible si no está asentado en los valores y ahí tiene una responsabilidad enorme la Iglesia y eso pasa por una nueva Evangelización».

Una democracia con conciencia y con valores válidos para todos

Cuando el prefecto de la Congregación del Culto Divino habló de la necesidad de una conciencia para la democracia, arrancó fuertes aplausos del auditorio. «Estamos entre demócratas, pero no hay democracia sin conciencia, sin asentamiento en principios del bien y del mal», dijo.

A lo anterior Rodríguez Zapatero replicó: «Estoy de acuerdo en lo de la democracia sin conciencia, porque democracia es conciencia, conciencia en los valores del respeto. Esa conciencia, en defintiva, se traduce en un núcleo esencial de principios, de derechos y de valores que tienen una plasmación normativa en las constituciones. Tengo el profundo convencimiento de que en las leyes hay un amplio reconocimiento de los valores que defiende el cristianismo. Y eso sólo se logra con la deliberación, el diálogo, la palabra, el discurso y el respeto, que es la palabra más bonita del castellano».

El Cardenal Cañizares también manifestó optimismo en la juventud, y pidió que no se le bombardease con mensaje hedonistas: «Hacen falta soñadores, quijotes. Hablar de ensoñación me trae a la cabeza la juventud, el futuro de nuestra sociedad. Aman la vida con pasión y se aferran a ella, anhelan la paz, desean vivir con esperanza, aman la verdad y no renuncian a ella. No es verdad, dice el Papa, que la juventud piense sólo en el lujo y el placer. Pero les ofrecemos sucedáneos de todo esto que, al final, les hacen infelices. Uno de los retos principales es una vida bella, una civilización del amor, una paz diariamente construida… y un trabajo, claro está».

Los valores no manipulables en una sociedad, valores que sean válidos para todos, son condición fundamental para su existencia. «A veces parece que la Iglesia recibiese una serie de beneficios, pero no es así -señaló el Cardenal Cañizares. Toda sociedad, aunque sea laica, necesita de valores no manipulables, válidos para todos y que hay que seguir y que no podemos ponernos por encima, si queremos que haya una sociedad en paz y respeto. Esto creo que es fundamental. Y la crisis viene precisamente porque se ha perdido ese grupo de valores, sin los cuales no podemos conducir esta sociedad».

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