sábado, 08 de agosto de 2020
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Vengo aquí para detenerme en silencio, afirma Benedicto XVI en el Museo del Holocausto

Jerusalén (Lunes, 11-05-2009, Gaudium Press) Después de haber tenido un encuentro de cortesía con el presidente israelí Shimon Peres en la tarde de hoy, en la residencia del jefe de estado judaico, Benedicto XVI participó de aquel que tal vez sea su más significativo compromiso en los cinco días que permanecerá en Israel: la visita al memorial Yad Vashem.

El Yad Vashem, o Autoridad de Recordación de los Mártires y Héroes del Holocausto, fue creado a partir de ley del mismo nombre promulgada en 1953. El complejo, cuya estructura actual es de 2005, cuenta con diversas salas, archivos y obras referentes al exterminio de los judíos por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Y fue justamente una de las instalaciones más emblemáticas del complejo, la Sala de las Memorias, donde se encuentran los nombres de los seis millones de muertos en el Holocausto, el local escogido para la visita papal.

Al llegar al Yad Vashem, el Papa fue acogido por el director del centro, Yossef Lapid, y recorrió a pie el área del memorial hasta llegar al local donde lo aguardaban Peres y el rabino presidente del consejo del Yad Vashem. Antes de discursar, Benedicto XVI conversó con sobrevivientes y depositó una corona de flores en un local reservado en la Sala.

“Estoy aquí para detenerme en silencio delante de este monumento, construido para honrar la memoria de los millones de judíos muertos en la horrenda tragedia del Holocausto. Ellos perdieron la propia vida, pero jamás perderán sus nombres… los nombres están establemente incididos en los corazones de sus familiares, de sus compañeros de prisión y de quién combate para impedir que un horror semejante pueda deshonrar nuevamente a la humanidad. Especial y principalmente, sus nombres están incididos de modo indeleble en la memoria de Dios Omnipotente”.

“Que los nombres de esas víctimas no perezcan nunca! Que su sufrimiento no sea nunca negado, disminuido u olvidado! Y que toda persona de buena voluntad vigile para erradicar del corazón del hombre cualquier cosa capaz de acarrear tragedias semejantes a esa!”, declaró, de forma categórica.

La condena vehemente del Papa busca poner fin de una vez por todas a las polémicas levantadas con el caso Williamson y la aprobación de la beatificación de Pío XII – tenido por judíos como omiso durante la Segunda Guerra – y no dejar dudas acerca de la posición de la Iglesia con relación al negacionismo del Holocausto.

El Papa continuó: “Mientras estamos aquí en silencio, sus gritos todavía resuenan en nuestros corazones. Es un grito que se eleva contra todo acto de injusticia y de violencia. Es una condena perenne contra el derramamiento de sangre inocente”.

Al final de su discurso, Benedicto XVI citó trecho del judaico Libro de los Lamentos, que dijo que tiene palabras “repletas de significado” sea para judíos, sea para cristianos:

“Los favores de Iahweh no terminarán, 
sus compasiones no se agotarán; 
Ellas se renuevan todas las mañanas, 
grande es su fidelidad! 
Yo digo: ‘Parte mía Iahweh! 
eis porque en él espero’. 
Iahweh es bueno con quien confía en él, 
con aquel que lo busca. 
Es bueno esperar en silencio 
la salvación de Iahweh.”

Y, parafraseando el extracto, concluyó: “Queridos amigos, soy profundamente grato a Dios y a ustedes por la oportunidad que me fue dada de detenerme aquí en silencio: un silencio para recordar, un silencio para esperar”   

 

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