miércoles, 28 de febrero de 2024
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El Santo Padre agradece al Cardenal Glemp, fallecido el 23 de enero, su dedicación a la causa de la Iglesia

Ciudad del Vaticano (Viernes, 25-01-2013, Gaudium Press) «El amor de Dios y de la Iglesia, la atención a la vida y la dignidad del hombre hicieron de él un apóstol de la unidad contra la división, de la armonía contra los desentendimientos y de la construcción de un futuro feliz basado en las alegres, pero también dolorosas experiencias de la Iglesia y del pueblo». Con estas palabras en el telegrama de condolencias, Benedicto XVI recuerda el papel desempeñado por el cardenal Jozef Glemp, que falleció ayer en Varsovia, capital polaca.

«Personalmente siempre aprecié su sincera bondad, simplicidad, la apertura y la dedicación cordial a la causa de la Iglesia en Polonia y en el mundo. Así el cardenal permanecerá en mi memoria y en mis oraciones. ¡Qué el Señor lo acoja en toda su gloria!», resaltó el Papa.

1.jpgEl purpurado polaco estuvo al frente de la Iglesia Católica en Polonia después del fallecimiento del cardenal Stefan Wyszynski, durante el difícil período del comunismo y de cambios en el sistema político del país. El cardenal Glemp perdió una larga batalla contra un cáncer de pulmón.

«En la última etapa de su vida soportó todo el sufrimiento con mucha serenidad de espíritu. Incluso durante esa prueba, el cardenal permaneció un fuerte testigo de la bondad y el amor de Dios Todopoderoso», escribió el Papa.

En el telegrama enviado al cardenal Kazimierz Nycz, Arzobispo Metropolitano de Varsovia, también fue recordado el blasón episcopal de Glemp, en el cual se leía: «Caritati in iustitia», que lo acompañó durante toda su vida y condujo su modo de pensar, de evaluar y hacer sus elecciones, tomar decisiones y hasta para proporcionar las líneas de acción pastoral. Era un hombre «justo, en el espíritu de San José, su patrono y de aquellos que en la tradición bíblica supieron oír la voz del llamado de Dios dirigido no solamente a ellos, sino también a las comunidades para las cuales eran enviados.

«Tal justicia, rica de la humilde adhesión a la voluntad de Dios – prosigue el telegrama – está en la base de su profundo amor por Dios y por el hombre, que era luz, inspiración y fuerza en el difícil ministerio de guía de la Iglesia en una época en que significativas transformaciones sociales y políticas ocurrieron en Polonia y Europa». El amor de Dios y de la Iglesia, la atención por la vida y la dignidad de los hombres, hicieron de él un apóstol de la unidad contra la división, de la armonía contra los desentendimientos y de la construcción de un futuro feliz basado en las alegres, pero también dolorosas experiencias de la Iglesia y del pueblo. Dando continuidad a la obra del cardenal Stefan Wyszynski, en constante comunión y vínculo espiritual con el Papa Juan Pablo II, y también con gran prudencia, el cardenal solucionó muchas cuestiones de orden político, social y religioso para el pueblo polaco. Siempre confiando en la Providencia Divina, nutría gran optimismo por el nuevo milenio, en el cual le fue confiada la misión de introducir a la comunidad cristiana en Polonia. (AA/JS)

 

 

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