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Quien se exalte será humillado

Redacción  (Lunes, 02-02-2015, Gaudium Press) Muchos juzgan, erróneamente, que el orgullo es apenas una pasión más sin grandes implicaciones para la salvación de las almas. Pero la realidad es mucho más seria, como asevera el P. Garrigou-Lagrange: «todos los pecados y la condenación eterna vienen de un fondo maldito que se busca a sí mismo y que es opuesto a Dios». 1

Quien se vive buscando a sí mismo en todo lo que hace, torna estériles todas sus obras -esto es, no produce frutos sobrenaturales y, muchas veces, ni siquiera naturales- y, en el día juicio, no recibirá ninguna recompensa de Dios. Así nos lo enseñó Nuestro Señor Jesucristo cuando, refiriéndose a los fariseos, que ayunaban y oraban solo «para ser vistos por los hombres» (Mt 6, 5), los recriminó diciendo: «En verdad Yo os digo, ya recibieron su recompensa» (Mt 6, 16).

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Además, Dios no solo abandona al orgulloso como también, en ciertos casos, lo repele, como resalta la profecía de Isaías: «El Señor de los ejércitos vendrá un día (para ejercer punición) contra todo ser orgulloso y arrogante, y contra todo aquel que se exalta, para abatirlo» (Is 2, 12). Y el Eclesiástico evidencia cuán repugnante es este vicio delante de Dios: «Así como sale un hálito fétido de un estómago dañado […] así es el corazón de los soberbios» (Eclo 11, 32). También Jesús manifestó de modo taxativo su aversión al orgullo, al censurar a los fariseos y escribas: «¡Ay de vosotros escribas y fariseos! Sois semejantes a los sepulcros blanqueados: por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos, de cadáveres y de toda especie de podredumbre» (Mt 23, 13).

El P. Royo Marín explica a ese respecto:

Cristo perdonó toda clase de pecadores (ladrones, adúlteros, etc.), pero rechazó con indignación el orgullo y obstinación de los fariseos. La Historia confirma continuamente los datos bíblicos: ¡cuántos pretensos «súper-hombres» que no querían inclinarse ante Dios pagaron caro su orgullo, muriendo sin sacramentos y con manifiestas señales de condenación! 2

Ejemplo paradigmático es la muerte de Voltaire, ocurrida el 30 de mayo de 1788, cuando él contaba 84 años de edad. Es esta la chocante narración de Lenôtre:

Su dolor le arrancaba gritos. Él se quemaba; su vientre parecía abrasado por un fuego interior. […] A veces era visto de manos juntas, con los ojos perdidos en el cielo, sumergido en una profunda meditación. Cuando era así sorprendido, luego se levantaba, se arrebataba y se contorcía en horribles convulsiones…

El sábado, 30 de mayo [de 1788], día de su muerte, los doctores Lorry y Thierry llegaron a las diez horas de la noche. […] Él estaba inmóvil y sin pulso. Le hicieron un masaje vigoroso. Voltaire abrió los ojos y susurró: «Déjenme morir». Algunos instantes después, lanzó un grito enorme. Un grito tan terrible que la enfermera Roger pensó morir de pavor y la otra enfermera, Bardy, se enfermó por varios meses.

El Dr. Tronchin, que presenció sus últimos instantes, afirmó: «¡Qué muerte! ¡No puedo pensar en ella sin temblar!». 3

Podemos entender en ese sentido las palabras del Divino Redentor: quien «se exalte será humillado» (Lc 14, 11). Los que vivieron en el orgullo sufrirán la peor de las humillaciones cuando fueren excluidos de la mesa del Reino de Dios, a la voz del Juez: «¡Alejaos de Mí, malditos! Id para el fuego eterno destinado al demonio y a sus ángeles» (Mt 25, 41).

Por la Hna. Ariane da Silva Santos, EP

1 GARRIGOU-LAGRANGE, Réginald. Le trois âges de la vie intériure prélude de celle du ciel. 7. ed. Paris: Du cerf, 1938. v. I, p. 633-634: «[…] il faut rappeler souvent que tous les péchés et le damnation éternelle viennent d’un fond maudit qui se recherche soi-même et qui opposé à Dieu». (Tradução da autora)

2 ROYO MARÍN, Antonio. Teología de la salvación. 3. ed. Madrid, BAC, 1965, p. 115.

3 LENÔTRE, G. Existences d’Artites, apud CLÁ DIAS, João Scognamiglio (Org.). Despreocupados… rumo à guilhotina. São Paulo: Brasil de Amanhã, 1993, p. 230.

 

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