sábado, 06 de marzo de 2021
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Arzobispo de Bogotá destaca la labor de la vida consagrada en tiempos de pandemia

El 2 de febrero de 1997 San Juan Pablo II y la Iglesia celebraban la primera Jornada de la Vida Consagrada.

Bogotá (02/02/2021 15:26, Gaudium Press) En sucinto y sentido mensaje a la vida consagrada, el Arzobispo de Bogotá, Mons. Luis José Rueda Aparicio, destacó la labor que los religiosos realizan es estos días de pandemia.

En este tiempo de Covid, en este tiempo donde la muerte se ha aproximado de una manera tan clara a todos nosotros, hay hombres y mujeres de vida consagrada sirviendo en hospitales, en ancianatos, en horfanatos, en misiones con indígenas, con afros, en distintos lugares donde están los migrantes, donde están los habitantes de calle. Sanando, curando la humanidad con su presencia, con su amor y con su misión”.

Invitó el Arzobispo a rezar por todos aquellos que entregaron su vida a Dios en la vida consagrada:

Que nuestra oración hoy se eleve al Padre Celestial, al Espíritu que da los distintos dones y carismas, y que da la posibilidad de la fidelidad para construir el Reino de Dios con su vida”.

Mons. Rueda recordó a los fallecidos en estos días “entregándose en la misión”. “Que el Padre Dios los reciba en su Casa, que surjan nuevas vocaciones y que aquellos que llevan años, meses, décadas, sirviendo, trabajando, anunciando el Evangelio, viviendo los duros caminos de la Evangelización, se renueven en la fidelidad, en la alegría y en el servicio como hermanos”.

El 2 de febrero, Día de la Vida Consagrada

Siendo Pontífice San Juan Pablo II, hace 25 años establecía que la Iglesia cada 2 de febrero celebraría el Día de la Vida Consagrada, con el objeto de que la Iglesia reconociese el gran don que Dios hizo al mundo ofreciendo diversos carismas, de hombres y mujeres que se entregan totalmente al anuncio de la Buena Nueva y para que rezase especialmente en esta jornada por los religiosos.

Para esa primera celebración, el 2 de febrero de 1997, el Papa polaco escribió un mensaje en el que repetía la pregunta de Santa Teresa: “¿Qué sería del mundo si no existieran los religiosos?”, pregunta que motivaba aún más a dar gracias a Dios por ellos.

También tenía como intención Juan Pablo II, que los consagrados tuviesen la ocasión ese día de “volver a las fuentes de su vocación, a hacer un balance de su vida y a renovar el compromiso de su consagración”.

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