miércoles, 28 de febrero de 2024
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Beata Ana Catalina Emmerick, campesina y monja, sus visiones son cada vez más conocidas

Un día recibió los estigmas de Cristo. Pero ya venía sintiendo los dolores de las heridas del Señor de forma mística.

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Redacción (09/02/2024, Gaudium Press) Hoy la Iglesia celebra, entre otros bienaventurados, la memoria de la Beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), famosa por sus fenómenos místicos y revelaciones.

Nace ella en Flamschen, cerca de la ciudad de Coesfeld, y fue bautizada el mismo día de su nacimiento, el 8 de septiembre.

Desde que tenía cuatro años de edad empezó a tener las famosas visiones de la Historia de la Salvación que la harían reconocida en el mundo entero.

Tuvo corta instrucción escolar, pero todos destacaban sus conocimientos, especialmente en materia religiosa.

Le gustaba visitar las iglesias, asistir a misa, también rezaba el viacrucis en las calles.

Quiso entrar a un convento pero no pudo realizar su sueño, por lo que regresa a la casa paterna, donde trabajaba de costurera.

Finalmente entra, en 1802, al convento de Agnetenburg de Dulmen, junto con una amiga suya, Klara Sontgen. Siempre estaba dispuesta a hacer las labores más penosas. Al principio no era muy estimada, por su origen humilde; algunas de sus hermanas le criticaban un cumplimiento demasiado estricto de la regla. Ella soportó los sufrimientos con serenidad de espíritu.

De 1802 a 1811 enfermó con frecuencia, padecía grandes dolores.

En 1811 sale del convento de Agnetenburg, por causa de la secularización de comunidades religiosas promovida por la autoridad civil. Un sacerdote refugiado de Francia en Dulmen, el Padre Lambert, la recibe como ama de casa. Pero poco después enferma, se tiene que meter en cama y hace venir a su hermana menor, Gertrud, para que cuide la casa.

Desde 1813 en adelante estuvo destinada a la inmovilidad por sus enfermedades. En otro hecho portentoso, desde ese momento no tuvo más alimento que la Sagrada Comunión. Pasó por tres exhaustivas investigaciones, de la diócesis, la policía bonapartista y las autoridades civiles.

Preocupada por los otros

En ese tiempo recibe los estigmas de Jesucristo; pero ella ya venía padeciendo los dolores de las heridas de Cristo de forma mística.

Era gran amante de la Virgen.

Se preocupaba mucho por el bien de los demás. Postrada en su cama confeccionaba vestidos para niños indigentes. Acogía con suma caridad a muchos visitantes.

Empezó a tornarse famosa, entre otras razones por sus estigmas. Varios personajes del movimiento de renovación de principios de S. XIX la visitaron: Clemens August, barón de Droste zu Vischering, Bernhard Overberg, Friedrich Leopold von Stolberg, Johann Michael Sailer, Christian y Clemens Brentano, Luise Hensel, Melchior y Apollonia Diepenbrock.

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De especial importancia fue el encuentro con Clemens Brentano, quien la visitó por vez primera en 1818. Desde entonces permaneció 5 años en Dulmen; visitaba cada día a Ana Catalina para apuntar sus visiones, que él publicó más tarde. Anna Catalina se las transmitía en su dialecto bajo alemán. Dos veces al día acudía a visitar a la monja para copiar sus visiones.

En el verano de 1823 la Beata se fue debilitando cada vez más. Ella unía sus sufrimientos a los del Señor. Fallece el 9 de febrero de 1824.

Fue beatificada el 3 de octubre de 2004 por Juan Pablo II.

Con información de Vatican.va y Corazones.org

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