viernes, 29 de mayo de 2020
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Benedicto XVI publica carta por centenario natalicio de Juan Pablo II

Destaca el Papa emérito su relación con Santa Faustina Kowalska y cuenta como el Papa polaco obvió los obstáculos para proclamar la fiesta de la Divina Misericordia.

Cracovia (15/05/2020 12:30, Gaudium Press) Si alguien conoció de cerca a San Juan Pablo II fue el Cardenal Joseph Ratzinger, quien como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe trabajó junto al Papa polaco (1981-2005) durante más de 20 años, hasta su muerte.

La Carta que hoy sale a la luz, en la que Benedicto XVI destaca algunos aspectos especiales de la vida de Juan Pablo II, fue dirigida al Cardenal Stanislaw Dziwisz, quien fuera arzobispo de Cracovia y secretario personal del santo por cerca de 40 años.

Después del Concilio, una situación desesperada para la Iglesia

Afirma el Papa Ratzinger en su Carta que tras el Concilio Vaticano II, “la Iglesia estaba en una situación desesperada. Las deliberaciones del Concilio se presentaban al público como una disputa sobre la fe misma, lo que parecía privarla de su certeza indudable e inviolable”. La tarea que le competía al Papa que sucedería a Pablo VI “superaba las fuerzas humanas”.

Sin embargo, desde el inicio, el Pontificado de Wojtyla “despertó un nuevo entusiasmo por Cristo y su Iglesia. Primero lo hizo con el grito del sermón al comienzo de su pontificado: «¡No tengan miedo! ¡Abran, sí, abran de par en par las puertas a Cristo!» Este tono finalmente determinó todo su pontificado y lo convirtió en un renovado liberador de la Iglesia. Esto estaba condicionado por el hecho de que el nuevo Papa provenía de un país donde el Concilio había sido bien recibido: no el cuestionamiento de todo, sino más bien la alegre renovación de todo”.

En sus 104 viajes pastorales, Juan Pablo II defendió a Cristo, defendió el bien, proclamó la alegría que trae el Evangelio. Sus 14 encíclicas son una exposición completa de “la fe de la Iglesia y su doctrina humana. Inevitablemente, al hacerlo, provocó oposición en las iglesias del Occidente llenas de dudas”, dice el Papa emérito.

El centro de los mensajes de Juan Pablo II, la misericordia divina

Benedicto afirma que en el momento de la muerte de Juan Pablo II, fue más visible el centro desde donde debía verse toda su doctrina. “El Papa Juan Pablo II murió en las primeras horas de la nueva fiesta de la Divina Misericordia”. El Papa emérito cuenta hechos tal vez inéditos al respecto de la instauración de esta fiesta, que era muy deseada por Juan Pablo II, por la alta consideración en que tenía todo lo referente a Santa Faustina Kowalska y sus revelación sobre la misericordia de Dios.

Después de todas las consultas, el Papa había escogido el domingo in albis [para la celebración de la fiesta de la misericordia]. Sin embargo, antes de tomar la decisión final, le pidió a la Congregación de la Fe su opinión sobre la conveniencia de esta fecha. Dijimos que no porque pensamos que una fecha tan antigua y llena de contenido como la del domingo in albis no debería sobrecargarse con nuevas ideas. Ciertamente no fue fácil para el Santo Padre aceptar nuestro no. Pero lo hizo con toda humildad y aceptó el no de nuestro lado por segunda vez. Finalmente, hizo una propuesta dejando el histórico domingo in albis, pero incorporando la Divina Misericordia en su mensaje original”. Nadie más autorizado para hablar de ese hecho – donde se muestra la cristiana resignación del Papa polaco – que el entonces prefecto de Doctrina de la fe. Dice el Papa Ratzinger que esos gestos humildes y sumisos, ante quienes eran inferiores en jerarquía a él, pudo constatarlos en varias ocasiones.

En la doctrina del Papa polaco “a través de Cristo resucitado, la misericordia de Dios es para cada individuo”. “Con la centralidad de la misericordia divina, nos da la oportunidad de aceptar el requerimiento moral del hombre, aunque nunca podemos cumplirlo por completo. Sin embargo, nuestros esfuerzos morales se hacen a la luz de la divina misericordia, que resulta ser una fuerza curativa para nuestra debilidad” expresa Ratzinger de Juan Pablo II.

Papa Ratzinger besa reliquia de Juan Pablo II, en la ceremonia de su beatificación

Santo súbito”, y “magno”

Recuerda el Papa alemán que el día del funeral de Juan Pablo II había varias pancartas en la Plaza de San Pedro diciendo “Santo súbito”, y que ya muchos pedían otorgarle el título de ‘Magno’, que le fue concedido solo a dos Papas, San León Magno y San Gregorio Magno.

La palabra «santo» indica la esfera de Dios y la palabra «magno» la dimensión humana”, dice el Papa Ratzinger. La santidad, que es la virtud en grado heroico, “no significa una especie de hazaña olímpica; al contrario, en y a través de una persona se revela algo que no proviene de él, sino que se hace visible la obra de Dios en y a través de él. No es una competencia moral de la persona, sino renunciar a la propia grandeza. El punto es que una persona deja que Dios trabaje en ella, y así el trabajo y el poder de Dios se hacen visibles a través de ella”, dice Ratzinger. En ese sentido sentido, Juan Pablo II se presenta hoy “como el padre que nos deja ver la misericordia y la bondad de Dios”.

Con relación al título ‘magno’, destaca “que la grandeza evidente en León I y Gregorio I es ciertamente visible también en Juan Pablo II, y que aunque no sabe si ese epíteto prevalecerá para el Papa polaco, lo cierto es que “el poder y la bondad de Dios se hicieron visibles para todos nosotros en Juan Pablo II”.

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