viernes, 19 de julio de 2024
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Cardenal Sarah: Hay que combatir el ateísmo revolución-cultural, incluso dentro de la Iglesia

Hace carrera la reciente conferencia del Cardenal guineano en una reunión promovida por el Napa Institute. Hizo un llamado a los obispos.

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Foto: Napa Institute

Redacción (21/06/2024, Gaudium Press) Está haciendo carrera en amplios ambientes, la intervención del Cardenal Robert Sarah en la Catholic University of America, el pasado 14 de junio, en un acto promocionado por el Napa Institute, de la cual extractamos algunos apartes.

Tras reconocer que la Iglesia en los EE.UU. también ha sufrido un proceso de afectación secular, el purpurado guineano dice que “también hay un dinamismo de fe aquí que no existe en otros lugares de Occidente. Lo he visto de primera mano. Como Presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, fui testigo personalmente de cómo los estadounidenses se encuentran entre las personas más generosas del mundo. Gracias. Sus seminarios han sido reformados en gran medida, los apostolados laicos están dando nueva vida a la fe, en las parroquias hay focos de vida, y mi sensación es que su liderazgo episcopal está generalmente comprometido con el Evangelio, la fe en Jesucristo y la preservación de nuestra Sagrada Tradición. Sin duda hay divisiones y conflictos internos, pero no hay un rechazo total de la fe católica como vemos en muchas partes de Europa y América del Sur. Mi observación es que hay modelos de fe aquí en Estados Unidos que tal vez podrían ser una lección para otros países occidentales”.

Entre tanto, su entorno cultural “en términos más generales se ha vuelto hostil a la fe. Hay un ateísmo práctico que se ha apoderado de vuestro país y está amenazando el bien común”. Ese ateísmo práctico fue el tema central de su conferencia, un ‘ateísmo’ que claramente no es privilegio de los EE.UU., y que “se está deslizando notablemente en la propia Iglesia.

El purpurado recuerda a toda la Iglesia y particularmente a la jerarquía que la Iglesia debe ser “signo de contradicción” en medio del mundo, y que no hay que temer el no ser amados por el mundo.

“Quizás demasiada riqueza material lleve a comprometerse con los asuntos del mundo. La pobreza es garantía de libertad para Dios. Creo que la Iglesia de nuestro tiempo está experimentando la tentación del ateísmo. No ateísmo intelectual. Pero este estado de ánimo sutil y peligroso: el ateísmo fluido y práctico. Esta última es una enfermedad peligrosa incluso si sus primeros síntomas parecen leves”. Vivir para la cosas del mundo, que normalmente son materialistas, y no para Dios.

Qué es el ateísmo práctico

“Por ateísmo práctico me refiero a una pérdida del sentido del Evangelio y de la centralidad de Jesucristo. Las Escrituras se convierten en una herramienta para un propósito secular en lugar de un llamado a la conversión. No creo que esto esté muy extendido entre vuestros obispos y sacerdotes aquí en los Estados Unidos, gracias a Dios, pero se está volviendo más común en otras regiones de Occidente. Muchos no toman en serio la fe y la tratan como un obstáculo al diálogo”. Por esto, hay que “permanecer vigilantes a las voces de adentro que desean alterar su voz [la de la Iglesia] en algo aceptable a la cultura secular”, dice el Cardenal.

Después de recordar pronunciamientos del Papa polaco, que trataban de este ateísmo práctico que no es el ateísmo ‘teorético’, promovido por el entorno cultural, y que se revela en idolatrías que no son las del ‘becerro de oro’ pero similares, dijo el Cardenal Sarah que una de las consecuencias al interior de la Iglesia es que “hay un intento de ignorar, si no rechazar, el enfoque tradicional de la teología moral, tal como tan bien lo define Veritatis Splendor y el Catecismo de la Iglesia Católica. Si lo hacemos, todo se vuelve condicional y subjetivo. Acoger a todos significa ignorar la Escritura, la Tradición y el Magisterio”.

“Ninguno de los defensores de este cambio de paradigma dentro de la Iglesia rechaza rotundamente a Dios, pero tratan la Revelación como secundaria, o al menos en pie de igualdad con la experiencia y la ciencia moderna. Así es como funciona el ateísmo práctico. No niega a Dios sino que funciona como si Dios no fuera central. Vemos este enfoque no sólo en la teología moral sino también en la liturgia. Las tradiciones sagradas que han servido a la Iglesia durante cientos de años ahora se presentan como peligrosas. Demasiado enfoque en lo horizontal desplaza lo vertical, como si Dios fuera una experiencia más que una realidad ontológica”.

Rechazo a la tradición

“Todo está muy orientado al “ahora”. Lo que tiene significado es aquello que habla del momento contemporáneo, divorciado de nuestra historia individual y corporativa. Ésta es la razón por la que las tradiciones de nuestra fe pueden descartarse tan fácilmente. Según los ateos prácticos, la tradición es vinculante, no liberadora”.

6 3“Y, sin embargo, es a través de nuestras tradiciones como nos conocemos más plenamente a nosotros mismos. No somos seres aislados y desconectados de nuestro pasado. Nuestro pasado es lo que da forma a quiénes somos hoy. La historia de la salvación es el ejemplo supremo de esto. Nuestra fe siempre resuena hasta nuestros orígenes, desde Adán y Eva, pasando por los reinos del Antiguo Testamento, hasta Cristo como cumplimiento de la antigua ley, hasta el advenimiento de la Iglesia y el desarrollo de todo lo que nos fue dado de Cristo. Esto es lo que somos como pueblo cristiano. Todo está radicalmente conectado”.

Afirmó el purpurado guineano que Benedicto XVI fue más explícito que Juan Pablo II sobre sus preocupaciones acerca de la repercusión del ateísmo práctico en la Iglesia, que llevaba a que “las verdades de la fe o los ritos religiosos no se niegan sino que simplemente se consideran irrelevantes para la vida cotidiana, desapegados de la vida, sin sentido. Así es como la gente a menudo cree en Dios de manera superficial y vive ‘como si Dios no existiera’”.

Consecuencias no pequeñas al interior de la Iglesia

Las consecuencias de esta infiltración del ateísmo práctico vía cultura, no son menores:

“¿Cuántos católicos asisten a misa semanal? ¿Cuántos están involucrados en la iglesia local? ¿Cuántos viven como si Cristo existiera, o como si Cristo se encontrara en el prójimo, o con la firme creencia de que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo? ¿Cuántos sacerdotes celebran la Sagrada Eucaristía como si verdaderamente fueran alter Christus y, más aún, como si fueran ipse Christus – Cristo mismo? ¿Cuántos creen en la Presencia Real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía? La respuesta es muy poca. Vivimos como si no necesitáramos la redención mediante la sangre de Cristo. Ésa es la realidad práctica para muchos en la Iglesia. La crisis no es tanto el mundo secular y sus males, sino la falta de fe dentro de la Iglesia”.

Esa penetración del secularismo en la Iglesia se puede hacer visible en el actual proceso sinodal.

“Hay voces en el Sínodo que no hablan desde dentro del sensus fidei. El hecho de que alguien se identifique como católico no significa que sea parte del sensus fidelium. Ser católico es más que una identificación cultural; es una profesión de fe. Tiene un contenido particular de fe. Salir de ese contenido, tanto en la creencia como en la práctica, es salir de la fe. Y es un grave peligro considerar legítimas todas las voces. Esto daría lugar a una cacofonía de voces que equivalen a ruido, que parece ser cada vez más fuerte en estos días”.

“Esta actitud hacia una falsa libertad y un conformismo parece estar creciendo dentro de la Iglesia. Por ejemplo, algunos prelados destacados han expresado su apertura a la perspectiva de la ordenación de mujeres, sugiriendo que la doctrina puede cambiar. Este es el tipo de cosas que los católicos deberían creer que es imposible y, sin embargo, tenemos a un funcionario de alto rango que defiende una eclesiología que rechaza la estabilidad de la doctrina. La implicación, por supuesto, es que somos libres de definir la fe como mejor nos parezca. Esto no es católico y es fuente de gran confusión que perjudica a la Iglesia y a los fieles. Afortunadamente, el Papa Francisco ha sido claro en que esto no es posible, pero crece la confusión en torno a estas cuestiones cuando el proceso sinodal global fomenta tales consideraciones. El ejemplo de Alemania es bien conocido pero es importante recordarlo”.

Llamado a los obispos como maestros de la fe

En sus conclusiones finales, el Cardenal Sarah pide a los obispos “ alzar la voz y convertirse en claros maestros de la fe, testificando tanto con la palabra como con la santidad de vida. La unidad de la fe pasa por el oficio de obispo, que hoy debe ser reafirmado. Hay demasiada confusión en torno a la Iglesia, y nos corresponde a nosotros, los obispos, brindar claridad para que los fieles laicos puedan ser testigos de la verdad”. “Esto requiere la voluntad de ser un signo de contradicción (ver Lc 2:34) para el mundo contemporáneo y, sí, para partes de la iglesia contemporánea”.

“Permítanme terminar volviendo al punto de partida. Estados Unidos es diferente a Europa. La fe aquí es todavía joven y está madurando. Esta vitalidad joven es un don para la Iglesia. Así como vimos a la Iglesia africana, que también es joven, dar un testimonio heroico de la fe a raíz de ese documento equivocado, Fiducia Supplicans, y salvar a la Iglesia de un grave error, la Iglesia aquí en los Estados Unidos también puede ser una testimonio al resto del mundo. El ateísmo cultural que se ha apoderado de Occidente no tiene por qué apoderarse de la Iglesia aquí”, concluyó el Cardenal.

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