martes, 09 de junio de 2026
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Carta Pastoral del Arzobispo de Sídney: “Arrodillémonos ante el Dios que nos hizo” (Sal 95, 6)

Arrodillarse fue la postura habitual para recibir la Sagrada Comunión en la Iglesia latina durante muchos siglos. Los comulgatorios, que aún existen en muchas de nuestras iglesias, son un recuerdo de esta costumbre reverente”, afirma el prelado.

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Foto: Procesión de Corpus Christi en Sídney, Australia, en 2025. Captura de pantalla YT/Arzobispado de Syney.

Redacción (09/06/2026 15:20, Gaudium Press) “La Iglesia nos llama a arrodillarnos en adoración al ‘Contemplar al Cordero de Dios’ en acción de gracias después de la Comunión, en la Adoración Eucarística y en la Bendición”, recordó el Arzobispo de Sídney, Australia, Mons. Anthony Fisher, O.P., en una extensa carta pastoral con motivo de la solemnidad del Corpus Christi de 2026.

La carta, titulada “Adorar al Señor Eucarístico: ‘Arrodillémonos ante el Dios que nos hizo’” (Sal 95,6), se enmarca en la preparación del Congreso Eucarístico Internacional que se celebrará en Sídney en 2028 y constituye un llamamiento directo al clero, los religiosos y los fieles laicos de la arquidiócesis.

En el documento, el prelado también afirma que “Muchas personas optan por hacer una genuflexión, o incluso por recibir la Comunión de rodillas. Esta es una opción perfectamente válida prevista en el Misal actual. Arrodillarse fue la postura habitual para recibir la Sagrada Comunión en la Iglesia latina durante muchos siglos. Los comulgatorios, que aún existen en muchas de nuestras iglesias, son un recuerdo de esta costumbre reverente”.

Arrodillarse ante Jesús es reconocer su divinidad

Monseñor Fisher dedica la parte central del documento a fundamentar bíblica y litúrgicamente la postura de rodillas como expresión de adoración, acción de gracias, súplica y reverencia.

Recorre las Escrituras desde Moisés ante la zarza ardiente (Ex 3, 1-6) hasta el mandato a los Apóstoles (Mt 28, 16-20), pasando por los numerosos episodios evangélicos en los que arrodillarse ante Jesús acompaña la petición de sanación, el agradecimiento o el reconocimiento de su divinidad.

El Arzobispo sale al paso de quienes consideran que arrodillarse resulta “degradante” o “impropio de los hijos de Dios”, actitud que, según señala, habría llevado en algunas iglesias a retirar los reclinatorios e incluso a indicar a los fieles que no se arrodillaran. Frente a esta postura, Mons. Fisher recuerda que santo Tomás de Aquino, en el Tantum Ergo, enseña que donde los sentidos y el intelecto fallan ante el misterio eucarístico, “nuestra fe y nuestros propios cuerpos deben suplir esa falta doblando las rodillas”.

Medidas prácticas para la Arquidiócesis

La carta no se limita a la reflexión teológica, sino que presenta una serie de medidas prácticas dirigidas al conjunto de los fieles y, específicamente, al clero parroquial.

A todos los católicos de la arquidiócesis, el Arzobispo les pide asistencia regular a la Misa, preparación adecuada mediante la confesión y el ayuno eucarístico, oración en silencio antes de la celebración, acción de gracias después de ella y participación activa en las devociones eucarísticas parroquiales y arquidiocesanas.

Al clero parroquial le dirige cinco peticiones específicas: abrir las iglesias durante más horas cada día, tal como solicitaron los fieles en el reciente Sínodo de Sídney; ofrecer al menos una hora santa semanal en cada parroquia; colaborar con las parroquias colindantes para establecer una capilla de adoración perpetua en cada decanato; restaurar los reclinatorios en todas las iglesias donde falten; y enseñar a los fieles las posturas litúrgicas previstas en las rúbricas, animándoles a adoptarlas tanto en el culto como en la oración privada.

Adoración y evangelización

La carta concluye vinculando adoración y misión como aspectos inseparables de la vida eucarística. “Nos arrodillamos para reconocerlo y luego nos levantamos para darlo a conocer”, escribe el Arzobispo, quien recuerda cómo en las Escrituras cada encuentro de adoración desemboca en un mandato: Isaías responde “aquí estoy, mándame” (Is 6, 8), Pedro recibe la llamada a ser “pescador de hombres” (Lc 5, 10) y los discípulos de Emaús, tras reconocer al Señor en la fracción del pan, se ponen en camino para anunciar la Resurrección (Lc 24, 30-35).

Con información de Infocatólica.

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