jueves, 29 de octubre de 2020
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Conflicto Armenia-Azerbaiyán: ¿Otomanos vs. Cristianos?

Si la comunidad internacional le da un enfoque geopolítico errado a esa situación, Europa debe esperar toparse con Turquía junto a Viena”, dijo primer ministro armenio.

Nikol Pashinian, primer ministro de Armenia

Redacción (13/10/2020 09:35, Gaudium Press)Si la comunidad internacional le da un enfoque geopolítico errado a esa situación, Europa debe esperar toparse con Turquía junto a Viena”: las anteriores palabras, proferidas por Nikol Pashinian, primer ministro de Armenia, el 4 de julio pasado al diario alemán Bild, vibran con especial timbre, amenazador, a los oídos de los que saben que la historia es maestra del presente, y que a veces se repite. Desde el 27 de septiembre pasado Armenia (de mayoría cristiana) combate con Azerbaiyán (de mayoría musulmana), por el control del enclave de Nagorno Karabaj, situado al interior de Azerbaiyán pero de mayoría armenia.

Algo de historia

Turcos – Viena; Imperio otomano – sacro imperio…

Dos veces estuvieron a punto los musulmanes de tomarse la capital del Sacro Imperio: en 1529, con Solimán el Magnífico, y en 1623, en lo que se llamó el Segundo Sitio de Viena.

Contaba Solimán con la traición a la Cristiandad de Francisco I rey de Francia, que le había prometido que abriría un frente de batalla en occidente para que Solimán avanzara por el este. Y así lo hizo, atacó a España y por eso Carlos V no podía auxiliar a las tropas cristianas del imperio. Pero Solimán, a pesar de apabullante en tropas, no pudo conquistar Viena por la feroz defensa que se hizo.

Y nuevamente en 1683 los turcos, entonces bajo el comando de Kara Mustafá, avanzaron sobre Viena, con una fuerza abrumadoramente grande. El emperador Leopoldo I consiguió la ayuda de Polonia, Venecia y el concurso del Papa Inocencio XI, constituyéndose así una Santa Liga. El Papa convocó algo muy parecido a una cruzada. Y las tropas cristianas resistieron y luego tomaron la iniciativa, tras las huellas del rey de Polonia Jean Sobieski y de otros, que aplastaron la amenaza turca. Amenaza que no se repuso del golpe y que ahí comenzó su declinio.

Sobieski tuvo en la victoria una bella expresión parafraseando y sublimando la de Julio César, que había dicho de su victoria en la batalla de Zela Veni, vidi, vici (Vine, vi, vencí): Venimus, vidimus, Deus victi dijo Sobieski, es decir, ‘Vinimos, vimos, Dios venció’. Pero el susto fue mayúsculo. Y así como en Poitiers la cristiandad estuvo a punto de sufrir un golpe mortal, lo estuvo en Viena, por dos veces.

Por ello, al evocar esos ‘fantasmas’, el primer ministro armenio despierta con éxito los miedos de quienes conocen de historia.

“Nagorno-Karabaj y Armenia representan la línea del frente de la civilización”. “Los armenios en el Cáucaso Sur son el último obstáculo ante la expansión de Turquía al norte, al sureste y al este. La política imperialista turca se extiende mucho más allá del Cáucaso”, dijo también el primer ministro Pashinian.

Y continuó, resucitando esos espantos pretéritos, de forma explícita: Turquía “traslada de Siria a terroristas para la lucha contra Nagorn-Karabaj y Armenia” y en las propias acciones de guerra en las que “participa el Ejército turco”, en actitud “imperialista”, que tiene como fin “restaurar el Imperio Otomano”.

Alto al fuego fallido

El pasado sábado las partes en conflicto llegaron a un acuerdo de alto al fuego para intercambio de prisioneros y cadáveres, propiciado por Rusia; pero ambos bandos se acusan de haberlo roto, repetidamente. El ministerio de defensa de Azeirbayán ha acusado a Armenia de bombardear la región de Agdam, mientras que el ministerio de defensa de Armenia ha acusado a Azerbaiyán de atacar con fuego de artillería la zona sur de Nagorno Karabaj.

El asunto de Turquía

Pero, lo cierto es que la ‘originalidad’ del actual conflicto con las anteriores disputas entre los dos países, y es el protagonismo de Turquía, que ha enviado milicianos al teatro de operaciones, como lo ha indicado el propio presidente de Francia, Emmanuel Macron. Según analistas, Turquía ofrece entre 1.000 y 3.000 dólares al mes a los milicianos sirios que participan en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán.

Por esto, el apoyo que Turquía ha dado a Azerbaiyán apoya la idea idea de muchos, de que Erdogan y su régimen se están constituyendo en adalides y exportadores de un nuevo imperialismo político-religioso.

No se puede olvidar que lo que hoy se llama Estambul un día se llamó Constantinopla, y que esta transformación se dio a sangre y fuego en nombre de un ideal político-religioso, trasformación que dejó sus ecos por siempre. Transformación que se estrelló y paró en Viena. Pero ecos que parecen cobrar renovada vida, simbolizada en la re-islamización de la Basílica de Santa Sofía, en julio pasado en Estambul. (SCM)

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