La diseñadora digital Laura Beltrán explica cómo el uso automático del teléfono está afectando la atención, las relaciones y la libertad interior, y comparte pequeños cambios que pueden ayudar a recuperar el control.
Redacción (08/07/2026 17:29, Gaudium Press) Revisar el móvil al despertar, durante una fila, en una conversación o antes de dormir se ha vuelto una rutina para millones de personas. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano existe un fenómeno que preocupa a los expertos, y es el uso automático de la tecnología está reduciendo nuestra capacidad de decidir conscientemente cómo empleamos el tiempo.
La diseñadora de productos digitales Laura Beltrán, creadora del proyecto Libre de Redes y autora del libro Cómo evitar que las redes te atrapen, conoce de cerca cómo funcionan las plataformas digitales para captar la atención de las personas. Tras años trabajando en el diseño de productos digitales y vivir una experiencia de cambio radical al trasladarse de la ciudad de Barcelona al silencio del desierto de Fuerteventura, comenzó a reflexionar sobre la manera en que la tecnología influye en nuestras decisiones cotidianas.
Para Beltrán, el problema no es el teléfono en sí, sino el momento en que deja de ser una herramienta y comienza a dirigir nuestra conducta sin que apenas lo notemos.
El peligro de vivir en piloto automático
Uno de los principales riesgos, explica, es que muchas aplicaciones han sido diseñadas para prolongar el tiempo de permanencia del usuario mediante mecanismos como el scroll infinito, que elimina las pausas naturales y dificulta que las personas decidan conscientemente cuándo detenerse. “Cuando dejamos de decidir, el diseño ya ha decidido por nosotros”, afirma.
Según la especialista, cuando el contenido nunca termina es mucho más difícil preguntarse si realmente se quiere seguir navegando. Poco a poco, el hábito sustituye a la decisión consciente y el teléfono comienza a ocupar espacios que antes pertenecían al descanso, la conversación, la lectura o simplemente al silencio. El cambio de vida que experimentó al trasladarse a Fuerteventura marcó un antes y un después en su forma de entender la atención.
Rodeada de silencio y con menos estímulos, descubrió que la mente humana ya tiende naturalmente a saltar de un pensamiento a otro. Si a esa predisposición se le suma la enorme cantidad de información que llega constantemente desde el móvil, resulta mucho más difícil pensar con claridad. Para Beltrán, esa experiencia le permitió comprender que la atención funciona como una brújula, capaz de orientar a las personas hacia aquello que realmente consideran importante. Cuando esa atención permanece secuestrada por las notificaciones, los videos y el contenido interminable, es fácil perder de vista las prioridades y vivir reaccionando a estímulos externos en lugar de actuar según las propias decisiones.
¿Por qué cogemos el móvil sin pensar?
Beltrán sostiene que el mayor enemigo no es la tecnología, sino el automatismo.
Con el paso del tiempo, revisar el teléfono se convierte en un acto tan cotidiano que deja de pasar por un proceso consciente. El móvil aparece automáticamente durante una fila, una espera, un momento de aburrimiento o incluso en medio de una conversación familiar. “El mecanismo principal es el automatismo, el piloto automático. Dejamos de decidir con intención qué queremos hacer y cogemos el móvil casi sin darnos cuenta”, explica. Ese comportamiento, advierte, reduce los espacios donde nacen la creatividad, la reflexión, la calma y la presencia.
Frente a quienes creen que la solución consiste únicamente en reducir las horas de pantalla, Beltrán propone comenzar con un cambio, antes de desbloquear el teléfono recomienda hacer una pausa y formularse una única pregunta: “¿Para qué lo necesito ahora?”
Ese breve instante tiene un efecto importante, rompe el automatismo y devuelve la capacidad de elegir conscientemente qué hacer. Para la autora, recuperar la atención no significa eliminar la tecnología, sino volver a decidir cómo invertir el tiempo y la energía.
Beltrán insiste en que el teléfono inteligente es una herramienta extremadamente poderosa, capaz de facilitar el aprendizaje, el trabajo, la creatividad y la comunicación. Sin embargo, también puede convertirse en un refugio permanente para evitar afrontar el aburrimiento, la soledad o el malestar emocional. “El móvil puede ser refugio para el malestar o herramienta de plenitud: la diferencia está en cómo lo usamos”, resume.
Por eso considera fundamental asumir que cada persona tiene un papel activo en la construcción de su propia felicidad y no delegar esa responsabilidad en el entretenimiento constante que ofrecen las redes sociales.
Durante la entrevista también reflexiona sobre el impacto que estas plataformas tienen en las nuevas generaciones. Más allá del tiempo que pasan frente a la pantalla, Beltrán cree que las redes están enseñando una determinada forma de entender el mundo. Los jóvenes aprenden que las recompensas llegan de inmediato mediante ‘me gusta’, comentarios o seguidores, que siempre está ocurriendo algo nuevo; que determinadas formas de mostrarse reciben más reconocimiento que otras y que la vida puede transformarse en un escaparate permanente.
Por eso recuerda que “el medio no solo transmite contenidos, también moldea la forma en que entendemos el mundo”, influyendo poco a poco en la autoestima, las expectativas y la manera de relacionarse con los demás.
Educar al algoritmo también es una decisión
Beltrán propone desarrollar una relación más consciente con la tecnología observando cómo nos sentimos antes, durante y después de utilizar el teléfono, también anima a seleccionar cuidadosamente el contenido que consumimos, interactuar con publicaciones alineadas con nuestros valores y dejar de alimentar al algoritmo con aquello que solo incrementa la ansiedad o la comparación constante. Para ella, una relación sana implica entrar en las redes con un propósito claro y saber detenerse cuando ese objetivo ya se ha cumplido. “El móvil es una herramienta. Puede ayudarnos a desarrollar nuestros talentos, conectar con otras personas y compartir aquello que nos mueve”, señala.
Como primer paso práctico, Beltrán recomienda colocar un recordatorio visible que interrumpa el hábito automático de coger el teléfono. Puede tratarse de un fondo de pantalla con una pregunta sencilla como “¿Es esto lo que quiero hacer ahora?”, un lazo alrededor del dispositivo o cualquier objeto que sirva como señal para detenerse unos segundos.
El objetivo no es el símbolo en sí, sino recordar que cada vez que se toma el móvil existe una oportunidad para decidir conscientemente. Porque, como resume la autora, «la clave no está en el objeto, sino en interrumpir el automatismo y llevar la decisión de nuevo al plano consciente».
Con información de Religión El Libertad






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