lunes, 24 de agosto de 2026
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“Dios los llama para que sean felices”: tuvo 12 hijos y ocho eligieron consagrarse a Dios

Sonia Ibarra tuvo 12 hijos y ocho de ellos terminaron consagrando su vida a la Iglesia, seis son sacerdotes y dos son religiosas.

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Foto: Facebook

Redacción (24/08/2026 16:41, Gaudium Press) Hay familias en las que la vocación sacerdotal o religiosa aparece de manera inesperada. En la familia de Sonia Llauró de Ibarra y su esposo, Diego Ibarra, esa inquietud espiritual terminó cambio por completo su historia.

Sonia tuvo 12 hijos a lo largo de 20 años. Seis de ellos son hoy sacerdotes y dos de sus hijas son religiosas. Otros tres están casados y una de sus hijas falleció siendo todavía una niña. Los hijos que eligieron la vida consagrada desarrollan actualmente su misión en distintos lugares del mundo, entre ellos Roma, Estados Unidos, Bolivia, Polonia, Filipinas e Italia. Para Sonia, sin embargo, esta historia no responde a una fórmula educativa ni a un método pensado para conseguir vocaciones. Su explicación es haber aprendido a confiar en Dios y haber procurado que en su hogar existiera un ambiente en el que sus hijos pudieran acercarse a la fe y descubrir su propio camino. “Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos”, afirma.

Sonia nació en Buenos Aires, Argentina, en una familia católica, aunque poco practicante. Se casó con Diego cuando tenía apenas 18 años y, con el paso del tiempo, una experiencia espiritual cambiaría la manera en que entendía su matrimonio, la maternidad y la educación de sus hijos. Participó en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y vivió allí. A partir de entonces decidió repetirlos cada año. Para ella, aquellos momentos de oración se convirtieron también en una forma de prepararse para su vida familiar y para la tarea de educar a sus hijos en la fe. “Era una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada”, explica.

La fe comenzó entonces a formar parte de la vida cotidiana de la familia Ibarra. En casa se rezaba el rosario y los niños participaban en momentos de adoración ante el Santísimo. No siempre era sencillo. Con una familia numerosa, mantener a varios niños tranquilos durante un momento de oración podía convertirse en todo un desafío. Sin embargo, Sonia considera que era importante que desde pequeños aprendieran a permanecer ante Dios, incluso cuando todavía no comprendían plenamente el significado de esos momentos.

El llamado de Dios también puede llegar a través de los hijos

La experiencia de Sonia también la ha llevado a dirigirse especialmente a los padres que descubren en alguno de sus hijos una inquietud por el sacerdocio o la vida religiosa. Ella aconseja a no tener miedo. “Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices”, sostiene.

Sonia utiliza la imagen de una pequeña llama para explicar lo que, a su juicio, puede ocurrir cuando un niño comienza a manifestar inquietudes vocacionales. Por eso pide a los padres que no las rechacen de inmediato ni intenten apagarlas por miedo a que sus hijos tomen un camino diferente al que ellos habían imaginado. Si un hijo expresa el deseo de ingresar al seminario o de conocer la vida religiosa, considera que lo importante es ofrecerle las condiciones necesarias para discernir si realmente existe una vocación.

También cuestiona la idea de que solamente los niños especialmente disciplinados, tranquilos o ejemplares puedan ser llamados al sacerdocio o a la vida consagrada. “Dios no espera niños perfectos para llamarlos. Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado”, asegura.

Para Sonia, precisamente el seminario y el noviciado son espacios destinados al discernimiento y a la formación. La vocación no supone que un niño tenga todas las respuestas desde pequeño, sino que pueda descubrir progresivamente qué quiere Dios para su vida.

Inspirada en el conocido caso de Lu Monferrato, un pequeño pueblo italiano asociado a numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas, comenzó junto con otras madres una iniciativa de adoración eucarística. Desde hace años, participan mensualmente en 40 horas de adoración durante los días 14, 15 y 16. La intención es rezar por la santificación de los sacerdotes, su perseverancia y el surgimiento de nuevas vocaciones.

La iniciativa se ha extendido a distintos lugares y refleja una convicción que Sonia considera fundamental, las vocaciones no dependen únicamente del esfuerzo individual de una familia, sino también de una comunidad capaz de rezar y acompañar. Por eso considera que familia y parroquia deben trabajar juntas para recuperar lo que denomina un “clima vocacional”.

Educar mirando también hacia la santidad

Para Sonia, una de las claves está en acercar desde pequeños a los niños a historias concretas de personas que vivieron su fe de manera radical. Las vidas de los santos, sostiene, pueden convertirse en referentes capaces de despertar preguntas y alimentar las primeras inquietudes espirituales de los niños.

No se trata de imponerles una determinada forma de vida, sino de permitir que conozcan otras posibilidades y puedan preguntarse qué quieren hacer con su propia existencia. En ese proceso, la oración ocupa un lugar central. Sonia también recomienda colocar a la Virgen en un lugar especial dentro de la vida familiar y confiarle a los hijos. Después de haber visto a ocho de sus hijos optar por la vida consagrada, su experiencia se resume en una oración que expresa la manera en que ella y su esposo han afrontado cada vocación “Te lo entrego para que lo hagas santo”.

Más que intentar explicar por qué ocho de sus hijos terminaron consagrándose a Dios, Sonia invita a otros padres a mirar la vocación desde otra perspectiva, no como una pérdida de un hijo para la familia, sino como un camino que, si realmente es su llamado, puede conducirlo hacia la felicidad y la entrega a los demás.

Con información de Religión en Libertad

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