viernes, 21 de enero de 2022
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Divertirse y ‘divertirse’: la verdadera escuela de felicidad católica

Esbozando la teoría de la felicidad de Plinio Corrêa de Oliveira.

Redacción (12/12/2021 16:12, Gaudium Press) “It’s cool” o “It’s funny”. Las expresiones anteriores trascendieron las fronteras del inglés y del estilo Hollywood, y se impregnaron por doquier, rociando de americanismo el mundo entero: solo vale la pena lo divertido, lo guay, lo gracioso, lo chévere. El trabajo es bueno si es divertido; hay que divertirse a todo momento, en cualquier cosa, con cualquier cosa, porque si no es divertido es aburrido, es pesado y se debe evitar; supuestamente sería posible hacer de la vida un carrusel interminable de diversión.

Sin embargo, en el país de los destrozos a raíz del Black Lives Matter, o de los crecientes ríos de tranquilizantes y también de depresión y de suicidios, la estrategia de lo funny y los funnymen no parece que esté funcionando mucho. Intentemos profundizar un poco en esto.

Divertido según el estilo funny sería todo aquello que trae una alegría fácil, aquello que tiene aire festivo al estilo american party, lo que produce risa o gozo espontáneo y manifiesto, más auténtico si es con algo de agitación, con notas de excitación.

Lo funny y lo no funny

Así, normalmente sería funny un ‘día de playa’ o un viaje en yate a buena velocidad, y no es funny un día gris. Es funny una ida al shopping (mejor si se tiene un buen dinero qué gastar) pero comúnmente no sería tan funny ir al trabajo. Es funny pasar la jornada en el parque de atracciones, saltando de juego en juego, pero no lo es tanto acompañar a la madre al doctor o tener que ir al dentista. Los momentos de la vida realmente felices serían los funny y los otros solo deberían ser especies en vía de extinción, rumbo al final feliz en que todos los segundos del reloj fueran ‘instantes-funny’, sinónimo de instantes-felices.

Serían esos, instantes de un mero gozo sensible sin necesidad de mucha reflexión, sino específicamente una capacidad y realidad de experimentar placer, un placer básico, más bien animal, un placer actual. Pero, insistimos, la fórmula no parece estar consiguiendo el éxito, no parece estar satisfaciendo a las masas incautas y sumisas, lo que antaño parecía infalible y deseable.

La respuesta a la falsedad funny para ser cierta debe ser matizada.

Sería mentira, y hasta contraproducente, decir que los instantes-funny no aportan algo de alegría y en ese sentido algo de bienestar. Y sin embargo es un bienestar superficial y pasajero, por la simple razón que satisfacen solo una parte del hombre, sus facultades sensibles, y dejan de lado el deseo de felicidad de la voluntad, que quiere un bien infinito, y el de la razón, que se deleita en la posesión de la verdad, y que desea la verdad eterna. La serialización de los instantes-funny podría ser adecuada para la felicidad del animal, pero no al hombre que es animal pero es también racional.

Y también la felicidad-funny estaba llamada al fracaso porque la idolatrización de los instantes-funny conlleva de forma implícita que todo y cualquier tipo de dolor es ajeno a la felicidad, algo que es mentira pues el cargar bien el dolor tiene su papel en la consecución de la felicidad, y porque en esta vida siempre habrá dolor. Sin embargo, dejar la cosa meramente en esos términos sería incompleto, y por esto, vamos a exponer rápidamente algunos puntos fundamentales de lo que el prof. Plinio Corrêa de Oliveira llamaba la escuela de la felicidad posible en esta tierra.

Degustando con templanza y trascendencia los bienes de esta tierra

Primero digamos que no hay nada de malo en admirar un bello ocaso en el mar, en gozar de los bellos rayos y reflejos de un día soleado, en probar un delicioso helado de vainilla o de mascarpone, o en degustar un primoroso risotto o hasta una multi-sabora langosta. Católico no es calvinista, católico sabe que Dios nos dio la Creación para que bien la usásemos en el camino a la Eternidad. El problema es cómo.

Lo primero, decía el Dr. Plinio, es que normalmente debemos degustar esos placeres como quien navega en un buen barco que va con cierta tranquilidad y no como la nave o la lancha que corre en un mar agitado. Esa lentitud nos irá permitiendo usar el alma y no solo el cuerpo al degustar esos placeres, es decir, si tenemos la dicha de probar un rico risotto adobado con buen queso azul y ojalá con frutos de mar, no solo se permitirá fruir a las papilas gustativas, sino que la mente podrá ir haciendo asociaciones, por ejemplo con las veces que ya se ha degustado un plato similar, la mente podrá recrear por ejemplo el esfuerzo de cultura y de trabajo que implicó juntar una jaiba a un roquefort con los modestos granos de arroz. La mente podrá por ejemplo viajar a parajes de España donde este tipo de comida adquiere una ciudadanía de aristocracia, o, si no lo sabe, se podrá proponer que averiguará por qué se le llama risotto, vocablo con sabor a Italia, y no ‘arrozada’ o ‘rizée’. Al usar la cabeza y dominar el deseo de atragantarse, ese placer no nos dominará, sino que nosotros lo dominaremos a él, y podrá incluso servir de escala para remontarnos al autor de todas las delicias y todo lo bello, Dios.

No es la alegría del retorcerse en el mero placer sensible, sino una alegría sensible-espiritual, que no me apega, no me envicia, que me permite pasar de esa alegría a otra o a otro estado de espíritu. Son placeres, los buenos, que pueden ser profundos pero son tranquilos, mucho más sabrosos en el sentido de que son mucho más completos porque incluyeron a todas las potencias del hombre, no solo las sensibles. Son también placeres mucho más duraderos.

Las alegrías tipo instantes-funny son excitadas y pasajeras, a diferencia de las alegrías tranquilas meditativas, que se conservan mejor en la memoria y que dejan un dulce aroma, suave, que vuelve a traer de presente esa profunda felicidad.

Las alegrías buenas, que podríamos llamar contemplativas-degustativas, son las que traen la felicidad posible aquí en esta tierra. Pero, para ser francos, es casi imposible no dejarse arrastrar por el vendaval del otro tipo de alegría, el errado, si no es con el auxilio de la gracia, primero, y si no se acepta que el sufrimiento es inherente a esta vida. De tal manera estamos mal inclinados por el pecado original, que si no es con un especial auxilio de Dios, rodamos por ese abismo.

Debemos exorcizar como un mal fantasma ese deseo de que en nuestra vida no haya nada de sufrimiento. Primero porque ese deseo será siempre decepcionado, y segundo, porque después de caído el hombre por el pecado de Adán es necesario el sufrimiento para alcanzar el grado de felicidad alcanzable en esta Tierra. Esa es una verdad que no es tan fácil de comprender, entre otras razones porque el hombre no fue creado para el sufrimiento y porque hay una voz interna que nos dice que en el Reino de la felicidad eterna no habrá sufrimiento. Y si no lo va a haber allá, por qué lo habría de haber aquí.

Sin embargo, entender que el llevar bien el dolor es aquí, en esta vida, parte esencial de nuestra cuota de felicidad, y que el cargar con amor la cruz purifica nuestras almas para no dejarnos arrastrar por la falsa alegría-torbellino, es esa una verdad que debemos instalar en el espíritu, que debemos grabar con letras de bronce o de hierro en el corazón. Pero también es cierto que la vida no es solo sufrimiento, sino que está y debe estar salpicada con muchos momentos de esa buena felicidad de la que hablamos arriba.

Porque el universo, bien usado, en ese estilo de felicidad contemplación-degustación, al tiempo que se carga con amor la cruz que debemos cargar, es una escalera al paraíso.

Por Saúl Castiblanco

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