jueves, 30 de junio de 2022
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El Papa y la guerra ‘metafísica’ de Putin-Kirill

¿Terminará pronto la guerra? ¿O nos encaminamos a algo peor?

Foto: Daniele Franchi en Unplash

Redacción (24/04/2022 18:11, Gaudium Press) ¿Que todos están deseando que la guerra en Ucrania se acabe ya? Bueno, por lo menos muchos, el primero el Papa: “Estoy dispuesto a hacer todo para frenar la guerra. Todo”, declaró por estos días Francisco a Joaquín Morales Solá, corresponsal en Roma de La Nación.

Fue una conversación que inició centrada en Ucrania, en la que además de Francisco y el periodista estaban presentes dos ‘misteriosos’ cardenales, quienes declararon “que esperan que en los primeros días de mayo termine gran parte de la guerra”, aunque el propio periodista Morales Solá tuvo que consignar que ni los mismos purpurados saben si esto sucederá.

En esa entrevista declaró también el Pontífice que su visita a Kiev serviría de poco, pues de qué valdría “si la guerra continuara al día siguiente”. Reveló también en primicia Francisco que un encuentro programado para junio en Jerusalén, de él con el ‘putinista’ Patriarca ortodoxo de Moscú Kirill, tuvo que ser cancelado pues “nuestra diplomacia entendió que una reunión de los dos en estos momentos podía prestarse a muchas confusiones”.

Las confusiones

Al parecer el periodista no indagó qué tipo de confusión teme el Papa, o por lo menos no lo plasmó en su redacción, por lo que puede ser legítimo levantar sensatas hipótesis.

Es probable que la confusión que teme el Sucesor de Pedro, sea del mismo tipo de la generada por una de las estaciones del pasado Viacrucis en el Coliseo romano, cuya meditación sería elaborada y entonada por dos amigas que viven en Italia, Irina y Albina, la una ucraniana y la otra rusa.

La estación del Viacrucis se trasformó en un nuevo conflicto.

“Los gestos de reconciliación entre nuestros pueblos sólo serán posibles cuando la guerra haya terminado y los culpables de crímenes contra la humanidad sean condenados con justicia”, reaccionó entonces visiblemente contrariado Mons. Sviatoslav Shevhuk, la principal autoridad religiosa católica ucraniana.

Hasta el nuncio del Papa tuvo que hacerse eco de la molestia en tierras ucranianas: “La reconciliación debe llegar cuando se detenga la agresión, cuando los ucranianos puedan no sólo salvar sus vidas, sino también su libertad. Sabemos que la reconciliación se produce cuando el agresor admite su culpa y pide perdón”, dijo el lituano Mons. Kulbokas. Al final, la meditación hubo de ser remplazada por una oración en silencio, algo que fue agradecido por el flamante embajador de Ucrania ante el Vaticano, quien inaugurado entre esas tormentas iniciaba su misión.

La batalla final

Es claro que si fuese por Irina y Albina, nunca hubiese tenido lugar la guerra. Y que si fuese por ellas, hace tiempo se gozaría de la anhelada paz.

Muy diferente es el caso de Kirill, quien se ha configurado en un tipo de Pontífice de la ‘cruzada’ de Putin contra un Occidente decadente: “Nosotros vemos eso [Ucrania] como una amenaza, y tenemos el derecho de usar la fuerza para garantizar que la amenaza sea erradicada”, ha dicho; y también que “entramos en un conflicto que tiene importancia no apenas física, sino metafísica. Estamos tratando de la salvación de la humanidad, algo mucho más importante que la política”.

Para Kirill la guerra en Ucrania, es, pues, una guerra metafísica que busca salvar a la humanidad de su debacle, entendemos su debacle moral. Algo así como cortar la pierna (miles de muertos, 10 millones de desplazados, etc.) para evitar que se gangrene el cuerpo. Es claro que definida la justificación y validez moral de la receta, sería de temer su aplicación a un ámbito mayor al de Ucrania, comenzando por los vecinos rusos.

Pensamiento fuerte, esencial, central, el de Kirill. ¿Cómo es que un líder religioso podría renunciar al apoyo a evitar ese tipo de debacle? No se ve fácil que nadie pueda conmover lo que sería esa cimentación estructural mental de Kirill, ni siquiera un Papa, quien por lo demás ya conversó con él cuando esta guerra estaba en sus inicios, antes de que el moscovita emitiera sus declaraciones ‘metafísicas’.

Entonces casi se podría repetir lo que el Papa dijo de su hipotética ida a Kiev, con respecto a una hipotética peregrinación junto al patriarca ortodoxo: ‘¿De qué serviría ir hasta Kirill, si él continúa el mismo?’

Por en cuanto, dígase lo que se diga, los rusos no consiguieron su objetivo primario de conquistar Ucrania, y ahora se limitan al sur y a la región este pro-rusa y un poco más. Según recientes declaraciones del asesor de presidencia ucraniano Oleksiy Arestovich “en dos, máximo tres semanas, la fase activa se acabará y para el 9 de mayo (día en el que Rusia celebra la victoria de la URSS sobre la Alemania nazi) anunciarán victorias preliminares, dirán que las tareas han sido cumplidas y ofrecerán negociar”, cumpliendo así la previsión de los dos misteriosos cardenales que estaban con el Papa y el periodista de La Nación.

¿Acabarían los peligros?

Pero eso no significaría necesariamente que los peligros acaben. Por lo que se ve, los ucranianos no están dispuestos a que se les arrebate el Este, querrán tomar revancha por el duro ataque a Mariupol y todos los desastres habidos en el país, y seguirán reclamando de Occidente una ayuda que seguirá siendo presionada por las diversas opiniones públicas nacionales. Dadas las victorias recientes de las fuerzas ucranianas, es probable que el Donbás se transforme para Rusia en un renovado y difícil Afganistán. Por tanto, el piloto para un futuro incendio, seguirá encendido.

En cualquier caso, aunque ha sido patente el cuasi fracaso de las fuerzas convencionales moscovitas, sigue latente la amenaza nuclear, que Rusia volvió a agitar cuando hace pocos días el antiguo presidente Dmitri Medvedev anunció que si Suecia y Finlandia entrasen en la OTAN, su país desplegaría arsenal nuclear en esa frontera, además de fuerzas convencionales, con vistas a restablecer “el equilibrio”. Es claro: las gentes en Finlandia y Suecia, dados los acontecimientos actuales, quieren acelerar su entrada a la Organización atlántica, lo que forzosamente aumenta la tensión con Rusia: otro piloto para un gran incendio que ahora se enciende.

Pero al final, lo que mantendría de fondo todos los ‘pilotos encendidos’ es si la dupla Putin-Kirill mantiene su idealización mesiánica de salvadores de una humanidad putrefacta. Ahora intentaron ‘salvar’ Ucrania, mañana podrán querer hacerlo con cualquier otro, o con todos. Y cuando se embarcó por esa rampa, el botón rojo se acerca peligrosamente a la mano.

En fin, en fin, todo se decide de fondo junto al trono de Dios. Quien ya puso sus reglas, por medio de Nuestra Señora, en Fátima: si los hombres vuelven a Dios, Rusia se convierte (es claro, al catolicismo…) y hay paz; si no, cualquier cosa es de temer. Lo mejor que se puede hacer, sin descuidar lo otro, es convertirnos a Dios y hacerle caso a la Virgen.

Por Carlos Castro

P.S.: Y la China, alimentada por el consumismo y la bobera occidental ¿también un día despertará al estilo Putin, y querrá salvar a la humanidad?

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