viernes, 03 de julio de 2020
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El Sagrado Corazón de Jesús y un crimen inolvidable

Hubo en el pintoresco Ecuador, un gran hombre, un gran presidente, católico hasta la médula, que fue martirizado por su fe: Gabriel García Moreno.

Antonio Borda (23/06/2020 07:55, Gaudium Press) En ejercicio de la presidencia de la república y a los 53 años de edad, el Dr. Gabriel García Moreno fue asesinado a machetazos el 6 de agosto de 1875 por un grupo de liberales opositores a su gobierno.

García Moreno había nacido un 24 de diciembre, Natividad del Jesús, y murió en la fiesta de la Transfiguración en el altar de la Virgen de los Dolores de la Catedral de Quito donde fue llevado por algunas personas que recogieron su cuerpo impresionantemente semi-destrozado.

García Moreno acababa de visitar al Santísimo cuando fue asesinado

Acababa de visitar al Santísimo, había asistido antes a misa y comulgado. Llevaba un pequeño y viejo revolver en el bolsillo de su chaleco pero ni intentó usarlo, tratando de defenderse apenas con su bastón en el que quedaron algunas marcas del atentado. Subiendo las escalinatas exteriores del palacio presidencial fue agredido de sorpresa sin que el único escolta que lo acompañaba pudiera hacer algo simplemente porque no llevaba arma alguna. El presidente transitaba siempre a pie por la calles de su ciudad y gobernaba una república en paz y progreso, no viendo necesidad de rodearse del boato de seguridad que hoy acostumbra dársele a los gobernantes de casi todo el mundo. Había consagrado Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús dos años atrás en marzo de 1873.

Ecuador es hoy día una pequeña nación suramericana próspera y rica en petróleo, con más de 18 millones de habitantes y nadie – absolutamente nadie en estos tiempos de reclamos violentos – reclama hoy por ese asesinato: Era el presidente de la república, elegido democráticamente, modelo de esposo y padre de familia, directo responsable de grandes obras de infraestructura para el buen desarrollo de la nación. Su asesinato fue hecho con sevicia criminal sangrienta, pues morir a machetazos es algo que nadie le desea a nadie por más enemistad y odio que haya.

Algunos mudos monumentos, estatuas y placas conmemorativas recuerdan a este gran hombre, mientras en colegios, academias, universidades y seminarios se silencia su memoria quizá con la pésima ilusión de que ojalá sea para siempre y las nuevas generaciones lo olviden sin remedio. Es la conocida táctica de ciertas medios de comunicación social que trabajan taimadamente, para hacer desaparecer de la historia las glorias de la cristiandad en nuestra Iberoamérica de Dios, mientras inyectan abierta o veladamente el veneno de la lucha de clases y de razas para llevarnos al caos y destruir los restos que todavía quedan aquí de la civilización Cristiana.

Fue García Moreno el que consagró el Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús el 25 de marzo de 1874.

Hoy se erige en Quito una hermosa iglesia de estilo gótico construida con piedra de la región, como monumento que recuerda la consagración que promovió García Moreno. Es el testimonio de la devoción de un presidente suramericano confesionalmente católico, al que no se le toleró por parte de sus adversarios políticos la profesión pública de su fe. Por eso su crimen es inolvidable para algunos pocos que maniatados y sin poder de ningún tipo para reivindicar la gloria de un político caído en defensa de su fe, esperan confiados la justicia de Dios, que a veces tarda pero llega inexorable y en su debido momento.

Este 2020 hemos conmemorado un año más la fiesta del Sagrado Corazón pero a puerta cerrada y sin derecho a procesiones ni misas concurridas por sus devotos. Una misteriosa pandemia de origen todavía controvertido, y que más se parece a un atentado terrorista biológico mundial que a otra cosa, nos ha impedido postrarnos ante los altares donde está la imagen de Jesús con su corazón abierto convidándonos a confiar en su amor sin límites. Nos ha impedido a muchos la comunión sacramental y recibir una bendición con el Santísimo Sacramento como se acostumbra en esa fecha. Pero Dios tendrá en cuenta este sacrificio que desde nuestra fe perseguida le hacemos este mes de junio, y con Don Gabriel García Moreno agonizante gritaremos como él lo hizo aquel día trágico: ¡Dios no muere!

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