viernes, 24 de abril de 2026
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El telescopio del Papa se automatiza y ahora lleva el cosmos a las aulas jesuitas del mundo

El Observatorio Astronómico de la Santa Sede completa la robotización de su telescopio en Arizona, bautiza el sistema como “Don” y lanza el programa JOE para que estudiantes jesuitas de todo el planeta observen el universo sin moverse de sus campus. Fe y ciencia, en el mismo ocular.

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El Vatican Advanced Technology Telescope (Vatt), en Arizona – Foto: Vatican Observatory

Redacción (24/04/2026 09:18, Gaudium Press) Que la Iglesia y la ciencia comparten telescopio —y ahora también algoritmo— lo prueba mejor que nadie la Specola Vaticana. El Observatorio Astronómico de la Santa Sede acaba de completar la robotización integral de su Vatican Advanced Technology Telescope (VATT), situado en el Monte Graham de Arizona, uno de los cielos más puros del continente americano. Desde ahora, el telescopio del Papa puede funcionar solo.

El VATT lleva en activo desde 1993 y es, desde entonces, el instrumento principal de la investigación astronómica vaticana. Su ubicación en el Monte Graham no es casual: la zona ofrece cielos excepcionalmente limpios, con mínima contaminación lumínica, condición cada vez más escasa y preciada en un mundo que enciende demasiadas luces. Hasta hace poco, sin embargo, para usarlo había que subir la montaña. Una carretera tortuosa y a menudo en condiciones difíciles —“bastante fangosa, con zonas de nieve húmeda”, confesó el subdirector de la Specola, el jesuita Paul Gabor, S.J., tras su última visita presencial en marzo— hacía que cada observación fuera una pequeña expedición.

El nuevo sistema de automatización, desarrollado por la empresa checa ProjectSoft HK con sede en Hradec Králové, fue instalado y puesto en marcha el 3 de junio de 2024, respetando plazos y presupuesto. Tras una fase de pruebas y formación que involucró a miembros de la Specola y al personal de la Universidad de Arizona, el sistema está hoy plenamente operativo.

El sistema lleva el nombre de “Don”, en honor de Donald M. Alstadt (1921–2007), expresidente y consejero delegado de Lord Corporation, cuya fundación benéfica Thomas Lord Charitable Trust financió el proyecto junto a una donación personal de su viuda, Judith Alstadt. Un nombre que es también un homenaje: sin su generosidad, el telescopio seguiría siendo un instrumento de acceso limitado.

“Don” ofrece tres modos de operación progresivos. En el primero, el astrónomo sigue presente en el monte, pero el sistema se encarga de encender, calibrar y apuntar automáticamente el telescopio, reduciendo tiempos muertos. En el segundo, el operador trabaja desde su sede de origen —incluso desde Castel Gandolfo— sin necesidad de viajar a Arizona. En el tercero y más sofisticado, “Don” ejecuta de forma autónoma una secuencia de instrucciones previamente programadas, haciendo funcionar el VATT sin supervisión humana directa. El telescopio trabaja mientras el astrónomo duerme.

El programa JOE

Pero la verdadera novedad no es solo técnica. Todo empezó en enero de 2026, cuando Kim Bepler, mecenas vinculada a la Fordham University de Nueva York, visitó la sede histórica de la Specola en Castel Gandolfo junto a una delegación universitaria. Ese encuentro con el director de la Specola, el padre Richard D’Souza, S.J., y con el padre Guy Consolmagno, S.J., presidente de la Vatican Observatory Foundation, desembocó en algo concreto: el nacimiento del programa JOE.

JOE, acrónimo de Jesuit Observatory Experience, tiene un objetivo claro: llevar la potencia del VATT directamente a las aulas de las universidades jesuitas del planeta. Desarrollado por D’Souza y otros investigadores de la Specola, el proyecto llena un vacío que se fue abriendo con los años: las universidades jesuitas gestionaban antes sus propios observatorios, pero la evolución de la astronomía profesional —que migró hacia grandes telescopios en lugares remotos— y el avance de la contaminación lumínica los fueron clausurando uno a uno. JOE los devuelve al mapa estelar.

Este otoño arrancará el proyecto piloto con tres universidades jesuitas estadounidenses: Fordham, Creighton y La Moyne. Si el programa da los resultados esperados, la Specola prevé extenderlo a escala global, priorizando instituciones que de otro modo nunca habrían tenido acceso a un instrumento de estas características.

La Specola Vaticana, fundada en 1578 por Gregorio XIII para la reforma del calendario, cumple así con su doble vocación: mirar al cielo con rigor científico y demostrar, una vez más, que la fe y la razón no se contradicen.

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