jueves, 06 de agosto de 2020
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En la audiencia general, el Papa mostró que la oración divide a los buenos de los malos

Francisco contrapuso la descendencia de Caín a la descendencia de los que invocan al Señor.

Ciudad del Vaticano (27/05/2020 10:24, Gaudium Press) En la Audiencia General de hoy, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico vaticano, el Papa Francisco continuó sus catequesis sobre la oración, esta vez hablando de dos familias de almas, las que oran y las que no.

Recordó el Pontífice la historia de Lamec.

El Génesis habla de Lamec (4, 18), descendiente de Caín. Cuenta el libro sagrado que Lamec, que tenía dos mujeres, Ada y Sella, a las que un día dijo: “Escúchenme ustedes, Ada y Sella; oigan mis palabras mujeres de Lamec: yo he matado a un hombre por herirme y a un muchacho porque me golpeó. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta y siete veces”.

De ese anterior, que es conocido también como el cántico de Lamec, el Papa afirma que suena como un himno de venganza. Sin embargo ese mismo capítulo del Génesis no termina con ese anuncio de muerte, sino que el escritor sagrado recuerda que después de la muerte de Abel, Dios le concedió otro hijo a Adán y a Eva, Set. Y “a Set también le nació un hijo, y le puso el nombre de Enós; él fue el primero que invocó el nombre de Yavé”, relata el primer libro de la Biblia.

Invócó el nombre de Yavé”: es decir, oró.

Entonces no sólo existe la sed de venganza de la descendencia de Caín, sino que hay otra historia, que representa “la redención de la esperanza”, la de la descendencia de los que invocan al Señor, personas que forman una “cadena” y que los une la oración.

Aunque casi todos se comportan de manera atroz, haciendo del odio y de la conquista el gran motor de los asuntos humanos, hay personas capaces de rezar a Dios con sinceridad, capaces de escribir de manera diferente el destino del hombre”, señaló Francisco. La diferencia la hace la oración.

Leyendo estas narraciones – continuó el Papa, se tiene la impresión de que la oración es el terraplén, el refugio del hombre ante la ola de maldad que crece en el mundo. Si nos fijamos bien, también rezamos para ser salvados de nosotros mismos. Es importante rezar: Señor, por favor sálvame de mí mismo, de mis ambiciones, de mis pasiones”.

Los que rezan “son hombres que trabajan por la paz”. La oración “es una mirada dirigida a Dios”, que “atrae el poder de Dios”.

En los desiertos creados por el odio del hombre, la oración cultiva jardines, explicó Francisco. Dios vive en los hombres de oración. “La oración es una cadena de vida”, los que rezan siembran la vida.

El Pontífice insistió a enseñar a orar, y en particular a que a los niños se les enseñe a orar.

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