miércoles, 05 de agosto de 2020
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Enfermedades que nos salvan y glorifican a Dios

Historia de Santa Gema Galgani, que tuvo una maravillosa relación mística con el ángel de la guarda.

Redacción (20/07/2020 09:48, Gaudium Press) Cuando entre Cielo y Tierra no existía el tabique de hierro que puso el materialismo, ni estábamos aislados de ángeles y santos todavía, y la comunicación entre las dos esferas era tan constante – de tal manera que las apariciones se hacían frecuentes, la manifestaciones místicas corrientes, los traslucimientos, sueños premonitorios, voces interiores y presencia de bienaventurados casi a diario – Gema Galgani entraba en contacto con lo sobrenatural como quien se encuentra habitualmente con algún pariente o amigo.

Pero tuvo que pagar ese privilegio con muchas adversidades y una cruel enfermedad. Gema era lindísima y por su angelical belleza tuvo varios pretendientes que hicieron lo posible por atraparla. Uno de ellos fue un bien apuesto joven oficial de caballería que al cruzarse casualmente un día con ella en un parque, comenzó a frecuentarla solo para verla pasar y saludarla. Se vestía sus mejores galas militares para impresionarla, pero eso solamente lo percibía la empleada que la acompañaba todas las mañanas a misa. Y algún día la hizo caer en cuenta, por lo que Gema resolvió cambiar de ruta.

La enfermedad la visita… para purificarle el alma

Huérfana de padre y madre terminó de “arrimada” en la casa de unos parientes en Lucca porque su familia quedó en la indigencia tras la muerte del progenitor. Y hubo un año en que se alejó de Dios, y dedicada a coqueterías livianas y mundanales, estuvo a punto de perderse. Toda la vida de piedad que desde muy niña su madre le había inculcado, se estaba yendo al suelo.

Pero ella misma dice y reconoce que Dios tuvo misericordia y permitió una enfermedad con la que los médicos la desahuciaron: “Comencé a caminar ligeramente encorvada y con muchos dolores en la cintura”. Pero no solicitaba médico por pudor. Efectivamente siendo muy niña se indignó un día porque su padre encantado le acariciaba su bello rostro.

La enfermedad la doblegó, y estar desahuciada la preparó para volver a su inocencia primera y anhelar la santidad: osteítis en las vértebras lumbares con sucesivo absceso frío en los inguinales, fue el diagnóstico de varios médicos por lo cual sugirieron que se prepara para morir.

Relación mística con el ángel de la guarda, y con San Gabriel de la Dolorosa

Gema era – como la mayoría de las mujeres – muy obstinada. Un día, con las piernas paralizadas, sumida en su lecho y muy disgustada, le preguntó a Jesús: “¿Qué es lo que pretendes teniéndome así?” Y su inocente impertinencia obtuvo que el ángel de su guarda le respondiera haciéndose ver: “Si Él te aflige el cuerpo es para purificarte el alma”. Y entonces comenzó su relación mística con su propio ángel custodio y con san Gabriel de la Dolorosa, un venerable joven Pasionista que había muerto en 1862 a los 24 años de edad y de quien había leído medio aburrida una biografía que alguna pariente le llevó para entretener los días de enfermedad.

Gema tenía 20 años de edad y había de vivir cuatro más después del milagro de su curación definitiva que la hizo caminar normalmente de nuevo. Y en esos cuatro años su comunicación con el mundo sobrenatural es tan asombroso que parece increíble, al menos para los que perdieron la fe.

Enferma paciente

Dios se valió de algo doloroso para volverla a Él. La purificó y la llevó al Cielo, aquella recompensa inimaginablemente grande que nos tiene preparada para la eternidad. El lugar más maravilloso en que estaremos alguna vez en compañía de los seres más cariñosos y de trato más agradable que podamos imaginar. Es solo cuestión de tiempo y paciencia que Él mismo nos ayudará a sobrellevar con ternura. Entonces seremos eternamente felices con una felicidad in crescendo que nunca se agotará.

Aceptar la enfermedad con paciencia y esperanza la curó. Le dio la alegría de comunicarse con el Cielo muy frecuentemente de tal manera que conversaba con su ángel de la guarda y le encomendaba misiones que ella por alguna razón no podía hacer. “Estigmatizada” cada jueves de la semana y frecuentemente incomprendida por algunos parientes y médicos que la querían hacer pensar que todo lo suyo era una sugestión, consecuencia de la anterior enfermedad, perseguida por el demonio que se le manifestaba físicamente, perturbada por tentaciones brutales contra la pureza y la castidad, luchó como una Juana de Arco aguerridamente hasta morir ofreciendo su vida por la conversión de los pecadores. Ya está en el Cielo y puede interceder por cualquiera de nosotros si la invocamos con fe, gratitud y admiración en estos tiempos dolorosos por los que pasamos y que nos quieren hacer perder la esperanza en Dios para entregársela a la ciencia o a fenómenos preternaturales.

Santa Gema Galgani bendita, ruega por nosotros.

Por Antonio Borda

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