jueves, 01 de octubre de 2020
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Hoy la Iglesia conmemora a la Beata Ana María Taigi, madre, mística, y alejadora de las epidemias

Teniendo 20 años se casó con Domingo Taigi, hombre trabajador pero tosco y malgeniado. La Beata lo fue moldeando. Hasta Cardenales la consultaban.

Redacción (10/06/2020 07:38, Gaudium Press) Siendo tanta la cantidad de santos que ha generado la Iglesia católica, en un mismo día se puede recordar la memoria de varios. Hoy la Iglesia conmemora a San Landerico, obispo de París, pero también a la Beata Ana María Taigi, de la cual se hablará a continuación.

Nace en la pobreza

Nace Ana María Taigi en Siena, Italia, en 1769, pero sus padres deben trasladarse pronto a Roma a buscar trabajo, pues habían quedado en la total miseria. Lamentablemente el padre muchas veces descargaba la ira por su situación con insultos contra la inocente niña, pero ella se refugiaba en la oración.

El papá trabajaba como sirviente en una casa que un día tuvo vacantes de empleadas para Ana María y su madre, lo que fue causa de que toda la familia se trasladase al hogar de sus patrones, con lo que aseguraban habitación y comida.

Teniendo Ana 20 años, conoció a un obrero de nombre Domingo Taigi con quien se casó. Domingo era un hombre tosco, de mal genio, duro de carácter, y sin embargo responsable con su trabajo: la Beata irá puliendo a lo largo de la vida esa dura roca.

Un sacerdote escucha una voz sobre Ana María

Un día los esposos Taigi fueron a la Basílica de San Pedro. Cuando Ana María pasó delante del P. Ángel, este escuchó una voz interior que le decía: “Fíjese en esa mujer. Dios se la va a confiar para que la dirija espiritualmente. Trabaje por su conversión, que está destinada a hacer mucho bien”.

Al mismo tiempo, Dios puso en el corazón de Ana María el deseo de ser guiada por un presbítero. Buscó aquí y allá, pero los sacerdotes se excusaban. Hasta que un día al llegar a un templo, vio a un sacerdote en confesión, que era el P. Ángel, quien le dijo: “Por fin ha venido, buena mujer. La estaba aguardando. Dios la quiere guiar hacia la santidad. No desatienda esa llamada de Dios”. Y le narró lo que había escuchado cuando la había encontrado en la Basílica Vaticana.

Bajo la dirección de su confesor, la futura Beata realiza grandes progresos.

Experiencias de orden místico

El demonio empieza una persecución específica contra esta alma virtuosa, propagando maledicencias, pero ella las enfrenta sin conmoverse, lo mismo que a las personas que la critican por “beata”.

Pero entonces, Ana María empieza a tener experiencias de orden místico; ve por ejemplo el futuro en un globo de fuego. Llegó a contemplar muy difíciles situaciones que enfrentaría y enfrenta la Santa Iglesia de Dios. Su fama de persona con dones místicos se extiende, y su humilde casa empieza a ser frecuentada por todo tipo de personas que quieren un auxilio divino, incluso Cardenales. A todos los recibe con caridad, les dice algo, da sabios consejos, pero cuando llega su esposo es a éste a quien atiende, pues ella cumple antes que nada sus deberes de hogar.

Escribió después su esposo:

Cuando llegaba a mi casa la encontraba llena de gente desconocida que venía a consultar a mi mujer. Pero ella tan pronto me veía, dejaba a cualquiera, aunque fuera un monseñor o una gran señora y se iba a atenderme, y a servirme la comida, y a ayudarme con ese inmenso cariño de esposa que siempre tuvo para conmigo. Para mí y para mis hijos, Ana María era la felicidad de la familia. Ella mantenía la paz en el hogar, a pesar de que éramos bastantes y de muy diversos temperamentos”.

No sólo aguantaba el mal genio de su esposo, también el de la nuera. Sigue relatando Domingo: “La nuera era muy mandona y autoritaria y la hacía sufrir bastante, pero jamás Ana María demostraba ira o mal genio. Hacía las observaciones y correcciones que tenía que hacer, pero con la más exquisita amabilidad. A veces yo llegaba a casa cansado y de mal humor y estallaba en arrebatos de ira, pero ella sabía tratarme de tal manera bien que yo tenía que calmarme al muy poco rato. Cada mañana nos reunía a todos en casa para una pequeña oración, y cada noche nos volvía reunir para la lectura de un libro espiritual. A los niños los llevaba siempre a la Santa Misa los domingos y se esmeraba mucho en que recibieran la mejor educación posible”. Una maravilla, narrada por un hombre moldeado por su santa esposa.

Sufrió pues mucho la Beata Ana María. Incluso vio fallecer a cuatro de sus siete hijos. Pero siempre fue muy auxiliada por la gracia de Dios.

Veía el interior de los corazones de muchos de los que iban a consultarla. A San Vicente Strambi le profetizó el día de su muerte.

Supo que Roma sería atacada por una epidemia de tifus negro, pero era ella ya “fuerte contra Dios”, y pidió al Señor que mientras ella viviera no llegara la peste a la Ciudad Eterna, lo que así ocurrió. Pero muerta ella, a los ocho días la peste asoló a Roma.

Murió el 9 de junio de 1867. Es poderosa intercesora. Su cuerpo se conserva incorrupto.

Con información de EWTN

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