domingo, 19 de julio de 2026
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La Amistad – ¿Amistad con máquinas?

En este mundo globalizado que nos ha tocado vivir, en el que las relaciones humanas están atropelladas por la superficialidad y la inmediatez, la verdadera amistad pareciera una quimera, una situación inalcanzable.

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Foto: Antonio Castellano / Unplash

Redacción (19/07/2026 07:46, Gaudium Press) No podemos imaginar al género humano sin amistades. El instinto de sociabilidad pide estar relacionado de manera estrecha con algunas personas. El hombre necesita establecer una convivencia. Se podría decir que, en su relacionamiento, cuando está alegre comunica su alegría, y la multiplica; cuando está triste, al comunicar su tristeza, la divide.

Aristóteles —destacado alumno de Platón, tal vez el filósofo con más influencia en el pensamiento occidental (384/322 a.C.)— afirmaba que existen tres tipos de amistad: dos accidentales y una tercera intencional. La amistad por interés, no por afecto sino por algún beneficio; la amistad accidental, es aquella para actividades deportivas, fiestas, etc.; y la amistad de lo bueno, aquella que comparte una apreciación de lo recto y virtuoso de la vida y que no se tiene una razón de sacar provecho.

La palabra amistad proviene del latín amicĭtas, amicitātis, que se deriva de amicitĭa, que significa “amistad”. Esta, a su vez, viene de amīcus, que se traduce “amigo”. Sin embargo, otros afirman que amigo es un vocablo griego compuesto por a (“sin”) y ego (“yo”), por lo que amigo significaría “sin mi yo”; debo decir que simpatizo con esta afirmación. Es así, que la amistad involucra actitudes, sentimientos, por donde un amigo acude a otro en busca de confianza, consuelo, respeto, compañía. Y no solo comparte los mejores momentos de la vida…sino también los peores.

En este mundo globalizado que nos ha tocado vivir, en que el relacionamiento humano está atropellado por la superficialidad y la inmediatez, la verdadera amistad pareciera una quimera, una situación inalcanzable. Cada vez más, principalmente a causa del alejamiento de los hombres para con Dios, con la evidente consecuencia del alejamiento para con el prójimo, hay una incapacidad de dejar de lado los propios intereses; por eso, el vínculo de amistad, sólido, duradero, se aleja del convivio entre los hombres.

Comunicados entre sí como nunca fuera antes, las pantallas de nuestros móviles roban nuestra atención. Dando lugar a que, el verdadero y profundo sentido de la amistad, que es el encuentro de las almas en lo más espiritual y religioso de sí mismas, se vaya apagando.

¿Amistad con las máquinas?

Hoy, los niños, en su relacionamiento cercano en su fase infantil, establecen su amistad, no frente a frente, mirada a mirada, sino a través de los celulares. Recordando mis tiempos escolares, llegado el momento del recreo, todos corrían al patio detrás de una pelota, hoy – en los lugares que no les ponen restricciones -, lo primero que hacen es, encender el celular. De los gritos de alegría y desahogo de las horas de clases, compartiendo unos con los otros, se pasó a un mutismo preocupante en el relacionamiento.

Los medios electrónicos de comunicación han revolucionado muchos aspectos de la vida moderna, entre ellos, y principalmente, la forma de relacionarnos, que se transformó en un “conectarnos”, teniendo ello una repercusión en la vida cultural, afectando en la auténtica amistad.

La Real Academia Española la define como: el “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Es decir, la esencia de la amistad está en el desprendimiento, la entrega. El trato personal juega un papel decisivo: relación afectiva, voluntaria y recíproca entre dos o más personas, que se basa en la confianza, afecto desinteresado, respeto mutuo y el apoyo emocional, que se fortalece con el tiempo.

Las redes, las “benditas redes”, van creando una idea falsa de la amistad. Un “me gusta”, un “seguidor”, no tienen afinidad alguna con el “afecto personal” y, menos aún, no son “fortalecidas” con el relacionamiento. Entra en escena el número, que alimentado por el “yo”, va aumentando el vacío que sufren las generaciones actuales. Velocidad, cantidad, superficialidad… “Llenos de nada y vacíos de todo”, dice una famosa frase.

Los vínculos profundos de amistad no son marcados por la cantidad sino por la calidad; no son inmediatos, precisan de tiempo para desarrollarse.

Es claro que las amistades en las redes, bien utilizadas, son formas de vincularse. Los grupos de WhatsApp —que se calcula lo utilizan más de dos mil millones de personas en el mundo— acortan la distancia “física” entre sus miembros facilitando la intercomunicación, pero, se siente, la falta de presencialidad. El encuentro personal es insustituible. Las miradas se vuelven a las pantallas, ya es dificultoso mirarse a los ojos, elemento indispensable en la amistad. Corremos el peligro de que, en tanta “vida virtual”, seamos llevados a perder la “vida real”, con lo que, la verdadera amistad desaparecerá, como está ocurriendo. Por más que estando solos, consideremos que estamos “acompañados” por nuestros amigos virtuales…

“Juntos” en las redes, pero completamente huérfanos de lo presencial.

Es solo ver a los hombres y mujeres de hoy… no hay quién no tenga un dispositivo en sus manos, ni miran a su alrededor cuando van caminando o se encuentran en un lugar de espera. Cabezas bajas, miradas hacia la pantalla, “juntos” en las redes… No tienen un amigo sincero, el amigo a quién puedan trasmitir sus preocupaciones en voz alta, un amigo presente en todo momento, que se cuenta para toda la vida, quién puedan darle un abrazo.

La cuestión no está esencialmente en las redes, sino en el uso inteligente, moral y humano que podamos hacer de ellas. Bien afirma el Papa León XIV en su Encíclica Magnifica Humanitas: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”, aseverando, dentro de su recorrido, que: “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”.

La Sagrada Escritura (Eclesiástico 6, 8-15), nos trasmite sabios pensamientos sobre la amistad: “hay amigo que lo es de ocasión, y no persevera en el día de tu angustia”, “cuando te vaya bien, será como otro tú, y con tus servidores hablará francamente; más, si estás humillado, estará contra ti y se hurtará de tu presencia”. Bien diferente, continúa, del: “amigo fiel es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro. No tiene precio, no hay peso que mida su valor”.

Amistad, la búsqueda de un mejor amigo…, claro que el mejor que podremos tener es Jesús nuestro Señor, que decía a sus apóstoles: “Ya no os llamo siervos, sino amigos” (Jn 15, 15) y de sí mismo: que el yugo de su amistad era suave, como también su carga ligera.

Por el P. Fernando Gioia, EP

www.reflexionando.org

(Publicado originalmente en La Prensa Gráfica – 19/07/2026)

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