sábado, 22 de enero de 2022
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La Virgen Inmaculada, la Primogénita de la Creación

Sustentemos ese título de la Madre de Dios.

Redacción (04/01/2022 11:48, Gaudium Press) Es conocido el texto de San Pablo, en el que se establece que Jesucristo es el Primogénito de la Creación: “Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de Él y para Él” (Col 1, 15-16).

Se entiende que es Primogénito, en el sentido de que es primero: la Humanidad Santísima de Jesucristo en unión hipostática con el Verbo fue lo primero en lo que Dios pensó cuando ideó la Creación. Todo se ordena en función de Él, todo no es sino un reflejo de él.

Pero, ¿se podría decir también que la Virgen es la Primogénita de la Creación?

Sí, en los siguientes términos.

Dice Pío IX en la bula Ineffabilis Deus, sobre la Inmaculada Concepción, que es la Virgen la Nueva Eva, la Eva perfecta que no cedió al pecado, a semejanza de Jesucristo el Nuevo Adán:

“Eva todavía virgen, todavía inocente, todavía incorrupta y todavía no engañada por las mortíferas asechanzas de la insidiosísima serpiente”. (Ineffabilis Deus, n. 13)

Pío IX llega a hacer un elogio casi inconcebible

Ella es incluso más que lo que hubiese sido una Eva perfecta, pues es “la primera y exclusiva obra de Dios” (Ineffabilis Deus, n. 15). Inmaculada, pues “no caía bien que aquel objeto de elección [la Virgen] fuese atacado de la universal miseria [el pecado original], pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad” (Ídem).

El anterior elogio casi que no podría ser mayor. Pío IX llega a hacer una analogía de la Virgen con el Dios Eterno, al decir que Jesús tenía un Padre Santísimo y que le correspondía también una Madre Santísima.

Ahora, el decir que Ella es la Primogénita de la Creación, no es negar que Jesucristo también lo es, pues Dios se gloría en la glorificación de sus criaturas, y la criatura más perfecta de Dios, de Dios Jesús, es la Virgen, como bien lo declara el II Concilio de Nicea: “La veneramos como propia y verdadera Madre de Dios, la engrandecemos y la juzgamos superior a toda criatura visible e invisible (…). Saludamos las palabras del Señor, de los apóstoles y los profetas, por medio de las cuales aprendemos a honrar y a glorificar sobre todas las cosas a Aquella que es propia y verdaderamente Madre de Dios, superior a todas las santas y celestiales virtudes (II Concilio de Nicea. Sesión IV. In: MARÍN, SJ, Hilario [Ed.]. Doctrina pontificia. Documentos marianos. Madrid: BAC, 1954, v. IV, p. 35-36). Ella es la mayor de todas las criaturas, incluyendo los ángeles, y fue en un mismo acto que Dios pensó en el Verbo Encarnado, el Primogénito, y en su Madre Santísima, la Primogénita.

Entonces, siendo la más perfecta obra de la Creación, Ella es el más perfecto reflejo de Dios. Es cierto que el universo es más perfecto reflejo de Dios que la Virgen, pero solo porque el Universo incluye a la Virgen. Si sacásemos a la Virgen del conjunto del Universo, Ella sola sería mejor reflejo de Dios que el Universo entero.

Los mares la reflejan, las auroras, las mariposas, el universo entero

Pero si Ella es la más perfecta criatura, se tiene que el Universo no solo refleja a Dios, a Jesús, sino la refleja también a Ella, y por esto se pueden repetir por doquier las palabras de Mons. Juan Clá, en su maravillosa obra ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres:

“En la mente divina la Virgen es, de alguna manera, anterior a los demás seres creados, pues contiene en Sí, por el principio de la reductio ad unum, todo el orden del universo. En cada criatura hay como que una marca mariana: el mar, las estrellas, la aurora, el ocaso, las nubes, los vientos, los aromas, la vegetación, los pájaros, las mariposas reflejan las excelencias de María y cantan sus glorias. ¡El Divino Artista en todo pensó como desdoblamiento de las mil maravillas que depositó en el alma de su predilecta!

“Toda la bondad del universo, sublimada al más alto grado que se pueda concebir en una simple criatura, reside en el Corazón Inmaculado de María. Nuestra Señora es, por tanto, la primogénita de la creación, como atestigua la voz de la Iglesia a través de la Liturgia, al aplicar a su eterna predestinación las siguientes palabras del Eclesiástico: ‘La sabiduría hace su propio elogio (…). Ella dice: Salí de la boca del Altísimo, nací antes de toda criatura. (…) Desde el inicio, antes de todos los siglos, Él me creó’ (24, 1.5.14)” (1)

Por Saúl Castiblanco

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1 Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP. Maria Santíssima! O Paraíso de Deus revelado aos homes – II Os misterios da vida de Maria: uma esteira de luz, dor e gloria. Arautos do Evangelho. São Paulo. 2020. pp. 38-39.

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