domingo, 23 de junio de 2024
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Religiosos nicaragüenses denuncian silencio de la jerarquía ante abusos del régimen

Afirman que esa actitud se derivaría de directrices vaticanas.

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Redacción (06/06/2024, Gaudium Press) Tras la liberación-exilio de Mons. Rolando Álvarez hacia el Vaticano a inicios de año, junto con otros religiosos, algunos podrían pensar que la situación de persecución contra la Iglesia en Nicaragua se alivió.

Vana ilusión, de la cual despierta el comunicado publicado el pasado 22 de mayo por RENEC – Religiosos nicaragüenses en la clandestinidad, que lleva el sugestivo título “La vida del controvertido Herodes el Grande”.

Estos religiosos se quejan del silencio y hasta la complicidad de ciertos jerarcas de la Iglesia local con el régimen. Y “ante el silencio ensordecedor y la falta de una profesión docente que nos ilumine en el camino de la vida cotidiana en Nicaragua”, hacen escuchar su voz.

Ellos habla como “religiosos y religiosas que acompañan a comunidades, movimientos y grupos laicos en Nicaragua Viviendo en comunión fraterna con el Cuerpo Místico de Cristo vivo y resucitado”.

Afirman que “en Nicaragua aún son necesarios muchos esfuerzos para respetar y promover los derechos humanos en su integridad”, por lo que es “urgente poner fin a cualquier abuso de autoridad y maltrato por parte de la Policía contra los ciudadanos que pacíficamente reclaman sus derechos, y también garantizar que son todos los derechos humanos de todas las personas y se respetan”.

“Por eso nos llama profundamente la atención el silencio pastoral de los obispos de Nicaragua. Como Vida Consagrada – escriben – nos preocupan los silencios, y más aún cuando intentaron silenciar las voces de sacerdotes, obispos y religiosos que han acompañado a sus comunidades desde su coherencia evangélica. Silencios que nos indican vienen de la Santa Sede. A lo que decimos que no sería la primera vez que el Vaticano comete un error al negociar y ceder ante los opresores a expensas de las víctimas de tales opresores”.

“Conviviendo con comunidades en resistencia en diferentes partes de Nicaragua, compartimos también la tristeza y el rechazo del pueblo nicaragüense hacia las negociaciones ‘bajo la mesa –a espaldas de las víctimas– y la consiguiente política de silencio sobre un gobierno cruel y criminal. Frente a la corrupción y la violencia, el silencio nunca es evangélico; casi siempre huele a complicidad”, expresan estos religiosos, agregando: “Al contrario del ejemplo de Jesús, parece que el Vaticano y la jerarquía nicaragüense prefieren la ‘seguridad institucional» a la obra del Evangelio. Es duro decirlo, pero los hechos lo dicen’”.

También hambre

Los religiosos dicen que no son solo los derechos humanos de lo que carece Nicaragua, también el pan:

“Constatamos con dolor –subraya la carta– las grandes dificultades económicas que enfrentan muchas familias, debido a la brecha cada vez más alarmante entre los ricos y los pobres emergentes y a la dramática falta de empleo experimentado por gran parte de nuestra población. En muchas comunidades rurales de Nicaragua la gente ya sufre hambre porque falta comida en los hogares, muchos de los cuales ahora son atendidos por mujeres de edad avanzada, pues los más jóvenes han emigrado o exiliado debido a la violencia política que existe en el país”.

Dicen que “Nicaragua se ha convertido en un distrito minero. Denunciamos y rechazamos la decisiva expansión de la política extractiva que se ha traducido en el otorgamiento de licencias a empresas chinas para la explotación de los recursos naturales de Nicaragua. En lugar de generar desarrollo, esto hunde al país en una pobreza extrema y una crisis en múltiples áreas y sectores. Esta dictadura es capitalista y neoliberal”.

Los religiosos en la clandestinidad no se quedan solo en críticas sino que ofrecen líneas de acción:

“1. Incrementar, en calidad y cantidad, la participación en las parroquias para llevar el Evangelio a un mayor número de personas. 2. Hacer parroquias misioneras, evangelizadas y evangelizadoras comprometidas con la defensa de los derechos humanos, solidarias con quienes sufren problemas de salud, hambre, persecución y criminalización por pensar diferente, parroquias que acogen a los migrantes. 3. Resistir a partir de la formación, analizando la realidad que vivimos para motivarnos a identificarla y juzgarla según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. 4. Incrementar la oración. No podemos dejarnos dominar por el pesimismo. Sería pecar contra la confianza en Dios: ‘¡No nos dejemos robar la esperanza!’ (EG, 86)”.

Con información de Adista News.

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