viernes, 27 de noviembre de 2020
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San Alejandro de Sauli, el que hacía reverdecer los campos con una bendición

San Alejandro fue obispo de Córcega. Una vez llegaron unos piratas musulmanes a la isla, pero él bendijo el mar y se generó una gran tempestad.

Redacción (06/11/2020 09:18, Gaudium Press) San Alejandro, obispo de Córcega y de Pavía, es nuestro santo de hoy.

Nace en Milán en 1535.

A los 17 años entra en la comunidad de los padres Barnabitas.

San Carlos Borromeo, que era Arzobispo de Milán, escucha una de sus prédicas y queda encantado. Lo invita a predicar la cuaresma en su Catedral, y luego lo hace su confesor.

Trasforma Córcega

Escogido por el Papa San Pío V para la sede de Córcega, se empeña en la reforma de clero y de la gente, que tenía una vida muy caótica, desordenada. Las familias se peleaban entre ellas. Los caminos estaban atestados de bandoleros. El pueblo estaba metido en supersticiones y el clero era poco instruido.

San Alejandro convoca sínodos, va a cada una de sus parroquias, pide que se enseñe catecismo. Sus prédicas aquí también operan milagros. En esta labor fue ayudado por miembros de su comunidad de los Barnabitas de los cuales había sido superior. Durante 20 años regentó la sede de Córcega y consiguió la transformación de sus gentes. Lo que puede hacer un pastor santo.

Un hecho interesante, que muestra que a veces entre santos puede haber diferencias, se dio con una fusión que se quería hacer con su comunidad. San Pío V Papa y San Carlos Borromeo querían unir unos ‘Humiliati’ que restaban con la comunidad de los barnabitas. A esto se opuso San Alejandro, que decía que estaba dispuesto a ayudar a los ‘Humiliati’ (que eran ricos y tenían costumbres poco edificantes), pero que esa unión podía hacer daño a sus hijos. San Carlos Borromeo tuvo que desistir de su propósito.

Pero el Santo también hacía milagros, lo que se dice milagros. Por ejemplo, en un año se anunciaba que las cosechas serían malísimas. El santo pasó por los campos, bendiciéndolos, y ese año fue la mejor cosecha en mucho tiempo.

Un día se avistaron en la costa piratas mahometanos y la gente buscó refugio en las montañas. Pero el santo bendijo las aguas, y al momento se desató una fuerte tormenta que hizo huir a los muchos barcos.

Preveía muchas cosas del futuro, que se cumplían tal como las anunciaba.

Exigiéndolo bajo obediencia, Gregorio XIV lo hizo aceptar una nueva sede episcopal, la diócesis de Pavía, en 1591. Al año siguiente, mientras estaba haciendo visitas pastorales, Dios lo llamó a su seno.

Fue canonizado en 1904.

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