lunes, 06 de diciembre de 2021
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San Ramón Nonato, al que el gobernador musulmán tuvo que cerrar la boca con un candado

El santo de hoy es de familia noble. Nace en Portell, en las cercanías de Barcelona, al despuntar el S. XIII

Redacción (30/08/2020 19:12, Gaudium Press) El santo de hoy es de familia noble. Nace en Portell, en las cercanías de Barcelona, al despuntar el S. XIII.

Su nombre Ramón, lo define, pues significa “protegido por la divinidad”. Nonato es un apodo, con cariz trágico, pues significa ‘no nacido’, y manifiesta que su madre murió en transe de parto y antes de que el niño viese la luz. No había nacido cuando su madre falleció.

Con la autorización del papá entra a la Orden de la Merced, recién fundada por San Pedro Nolasco. La Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, que era a esto a lo que se dedicaban, a conseguir librar prisioneros cristianos, en buena medida mantenidos en mazmorras y prisiones musulmanas. Fue recibido en la comunidad por el propio fundador, San Pedro Nolasco.

En África casi alcanza el martirio, pero toca la gloria

Un día es enviado al norte de África con gruesa suma de dinero a cumplir su misión. En Argel, rescata a gran numero de cristianos y cuando se le acaba el dinero, se ofrece él mismo como prenda para seguir liberando esclavos.

Con su presencia fortalecía la fe de los cristianos, y llego a convertir y a bautizar a algún musulmán.

Cuando de esto se enteró el gobernador, quiso inmediatamente empalarlo, pero lo convencieron de que sólo lo flagelase, porque de él se podía obtener un buen rescate. Pudo más la codicia que el odio a la fe, y San Ramón sufrió los dolores en su carne con asombrosa fortaleza y resignación. Es claro, se le prohibió cualquier predicación.

Pero ante la alternativa de quedarse quieto sin poder rescatar más cristianos, pues no tenía dinero, o morir mártir por seguir hablando de la Buena Nueva y de Cristo, prefirió la posibilidad de martirio, exhortando tanto a cristianos como a infieles.

El gobernador furioso, pero más aún codicioso, hizo que se le azotase en cada esquina de la ciudad, y que se le perforasen los labios con un hierro candente. En su proclamadora boca, el cruel gobernador hizo insertar un candado que la mantuviera cerrada, y que sólo se abría a la hora de las comidas. La llave de ese candado era conservaba personalmente por el gobernador.

Pero un día San Pedro Nolasco envió el rescate de su fiel discípulo, y aunque con dolor – pues sentía que Cristo no lo había juzgado digno del martirio en tierras de infieles – cumplió la orden del superior y regresó a España. Eso ocurrió en 1239.

Estando en su convento en Barcelona, recibió el Cardenalato de manos de Gregorio IX. Esa honra no cambió su estilo de vida, ni mucho menos su humildad.

Pero un día el Papa lo mandó llamar a Roma, y el humilde monje emprendió el viaje.

Un viaje que terminó pronto, por designio divino, pues cuando estaba en Cardona, a aproximadamente 10 kilómetros de Barcelona, lo acometió una fiebre que lo terminó llevando a la presencia de Dios.

Tenía 36 años, el día de su muerte, el 31 de agosto de 1240. El lugar de su tumba se transformó pronto en sitio de peregrinación.

Una vida de inicio difícil, y de tan gran suceso, hace que sea patrono de mujeres encinta.

Con información de EWTN y Aciprensa

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