miércoles, 25 de noviembre de 2020
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Santa Matilde, un día se dio cuenta que su discípula Santa Gertrudis, había anotado sus experiencias místicas

Las dos hijas de Barón de Hackerborn habían sido destinadas a ser religiosas. Matilde sería objeto de comunicación mística con Cristo y la Virgen.

Redacción (19/11/2020 08:17, Gaudium Press) Era todavía muy niña, de solo 7 años, cuando los padres de Santa Matilde la destinaron al convento de las religiosas de Rodesdorf. Esto ocurría en el año de 1248

Ya era religiosa de ahí Gertrudis Von Hackeborn, su hermana, que un día fue elegida superiora. El barón de Hackeborn había sido muy generoso entregando a sus dos hijas a la Iglesia.

En el año de 1258 el monasterio fue trasladado hasta Helfta, de donde era la familia de Santa Matilde. Tres años después de estar allí el monasterio, llegó una niña encantadora, de sólo cinco años, también de nombre Gertrudis como su hermana. Y a esta niña la pusieron al cuidado de Santa Matilde, que era algo como maestra de novicias.

La discípula compone el libro de la maestra

Santa Matilde era 15 años mayor que la niña Santa Gertrudis. Era cantora del convento, cantaba magníficamente, y también era un alma con experiencias místicas.

Un día Santa Matilde – cuando tenía 50 años – se dio cuenta que su discípula Gertrudis había estado confeccionando un libro. Pero este libro no era otra cosa sino la cuidadosa anotación que Gertrudis venía haciendo de las cosas que le enseñaba y contaba su maestra Matilde. Santa Matilde se alarmó por esto, pero en revelación el Señor le indicó que Gertrudis estaba cumpliendo su voluntad. Esto tranquilizó a la Santa, e incluso la movió a que ella misma corrigiera el texto, que tiene por título “Libro de la Gracia Especial” o “Revelaciones de Santa Matilde”.

Dios la probó permitiendo largas y dolorosas enfermedades, que ella soportó con resignación. También tuvo períodos de angustias espirituales, siempre con la ayuda del consuelo divino.

Un día le pidió a la Virgen que la acompañara al momento de la muerte. Nuestra Señora le respondió que rezase diariamente tres avemarías “conmemorando, en la primera, el poder recibido del Padre Eterno; en la segunda, la sabiduría con que me adornó el Hijo; y, en la tercera, el amor de que me colmó el Espíritu Santo”.

El 19 de noviembre de 1298 fallece la santa: “Ella le ofreció su corazón y lo introdujo en el Suyo. Nuestro Señor tocó el corazón de Matilde con el suyo y le dio la gloria eterna, donde esperamos que con su intercesión nos alcanzará muchas gracias”.

Su legado no solo se mantiene en sus obras, sino también en el recuerdo de aquella que fue su discípula y que los siglos conocen como Santa Gertrudis la Grande.

Con información de El Testigo Fiel

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