martes, 11 de mayo de 2021
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Santo Toribio de Mogrovejo, modelo de obispo, modelo de evangelizador

Santo Toribio, el que crismó a tres santos, el que surcó por tres veces su gigantesca diócesis.

Redacción (22/03/2021 21:26, Gaudium Press) Santo Toribio de Mogrovejo fue uno de los tantos grandes regalos de España a tierras americanas.

Santo Toribio nace de familia noble en Mayorga, en 1538.

Fue elegido como juez de inquisición incluso sin ser clérigo. Había estudiado derecho en las universidades de Coimbra y Salamanca.

Tenía 40 años cuando, siendo presidente del Tribunal de Granada, Felipe II lo señaló como Arzobispo de Lima. Por una especial dispensa del Papa Gregorio XIII, le fueron rápidamente concedidas las órdenes menores y mayores. Tal era el prestigio de su ciencia y su virtud.

Ocurrió con este santo lo que había pasado con San Ambrosio mil años antes, en cuatro domingos sucesivos fue recibiendo las dignidades de la Iglesia.

Pasaba que la situación de la diócesis no era la mejor en materia espiritual. Santo Toribio emprendió la reforma sin dilación, con caridad y firmeza. Puso freno a los abusos, reformó el clero.

El obispo, el gran catequista

Es bonito ver como el Espíritu Santo hace flexibles a sus santos: el legista, especialista en los dos derechos, que se expresaba en lenguaje jurídico elevado, se vuelve un ardoroso catequista, con una terminología completamente asequible a los sencillos indios.

Recorrió por… ¡tres veces!, el gigantesco territorio pastoral de su diócesis, viajando así millares de kilómetros. Entraba en las cabañas miserables, iba detrás de los indios renuentes, les hablaba con bondad en sus idiomas, los conducía a Cristo.

Convocó trece sínodos regionales de obispos; hizo imprimir los primeros catecismos para indígenas de América del Sur. Esos catecismos estaban en tres lenguas, español, quechua y aymara. Fundó 100 nuevas parroquias en su arquidiócesis.

Administró el crisma a 3 santos: Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y a San Martín de Porres.

La muerte lo encontró como el guerrero que era, en plena visita pastoral, en una capillita, a 500 kilómetros de Lima. Expiró el 23 de marzo de 1606, un Viernes Santo. Fue canonizado por Benedicto XIII y San Juan Pablo II lo hizo patrono del episcopado latinoamericano.

En una semblanza que hizo el Cardenal Cipriani de ese su antecesor en la sede de Lima, en el cuarto centenario de la muerte del Santo, el purpurado peruano explicó que la fecundidad de su ministerio se encontraba en su cercanía con Dios y la asiduidad en la oración:

“En Santo Toribio reforzamos nuestra convicción de que el tiempo consagrado a Dios es garantía de una fiel entrega al cumplimiento de los propios deberes y al servicio de los hermanos”.

Resaltó también el Cardenal Cipriani su entrega a los pobres.

Con información de Arautos.org

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