miércoles, 20 de mayo de 2026
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“Si pensara en mi confort, sí me volvería a España”: misionero de 77 años, que enfrenta ébola y guerra en el Congo

Entre rebeldes armados, campos de desplazados y un peligroso brote de ébola, el sacerdote Francisco Ostos asegura que la Iglesia se ha convertido en el principal refugio para miles de personas en el noreste del Congo.

Francisco Ostos

Foto: Obras Misionales Pontificias

Redacción (20/05/2026 16:46, Gaudium Press) En medio de una de las crisis humanitarias más complejas que vive actualmente África, el misionero español el Padre Francisco Ostos Palma continúa firme en su labor pastoral y social en la región del Ituri, en la República Democrática del Congo. A sus 77 años, y después de más de cinco décadas de misión en territorio africano, el sacerdote asegura que el nuevo brote de ébola es uno de los más preocupantes que ha enfrentado.

“Es el 17º brote de ébola que se da en República Democrática del Congo, pero esta vez se trata de una variante para la que no hay vacuna ni tratamiento”, explicó el misionero granadino en declaraciones a OMPress desde Ituri.

El sacerdote Francisco Ostos pertenece a los Padres Blancos y vive en el Congo desde 1973. Durante estos 53 años ha sido testigo de guerras, epidemias, desplazamientos forzados y extrema pobreza, pero también ha trabajado incansablemente para levantar hospitales, escuelas, parroquias, seminarios, orfanatos y hasta una universidad.

Hoy, la amenaza vuelve a crecer con un nuevo brote de ébola que, según advierte, podría ser mucho más grave de lo que reflejan las cifras oficiales. “Hay muchas más personas que habrán muerto o que están infectadas de las que oficialmente se tienen datos, porque piensan que lo que tienen no es ébola, que es meningitis, malaria o fiebre tifoidea”, relató.

Uno de los mayores desafíos, explica, es la dificultad para controlar los contagios en zonas rurales donde muchas familias continúan realizando rituales funerarios tradicionales. “Cuando hay uno contagiado o muerto, no respetan el aislamiento y lo llevan a su pueblo para enterrarlo, y todo el mundo tiene que llorarlo y abrazarlo, van a limpiarlo… Y naturalmente es un foco de contagio increíble”, advirtió.

A pesar de la gravedad de la situación, el P.Ostos reconoce que la experiencia adquirida durante anteriores epidemias y durante la pandemia del COVID-19 ha permitido fortalecer las campañas de prevención impulsadas principalmente por la Iglesia. “La prevención es la mejor forma de ayudar ahora”, afirma el sacerdote, mientras las 29 parroquias de la diócesis distribuyen carteles informativos, realizan sesiones formativas en escuelas y transmiten mensajes preventivos a través de la radio diocesana en diferentes lenguas locales.

Las recomendaciones son claras, cocinar bien los alimentos, mantener medidas de higiene, lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto con cadáveres y reducir las aglomeraciones.

La Iglesia, sostén sanitario en medio del abandono

En muchas regiones del Ituri, la presencia de la Iglesia representa prácticamente el único apoyo médico y humanitario para la población. “Si los misioneros no estuviéramos aquí, esto sería como para que el pueblo se haga un ‘suicidio colectivo’, porque a nivel de escuela y de sanidad, más allá de lo que hace la Iglesia católica y la anglicana, prácticamente no se hace nada”, lamentó.

La diócesis de Mahagi-Nioka cuenta actualmente con cinco hospitales, además de maternidades y pequeños centros médicos. En contraste, el único hospital estatal de Mahagi funciona en condiciones extremadamente precarias. “No hay ninguna asistencia, no tienen medicinas, no tienen medios para analizar, no tienen nada”, denunció.

Frente a esta realidad, los hospitales administrados por la Iglesia se han convertido en lugares fundamentales para la atención de enfermos y la contención de la epidemia.

“Son auténticos salvajes”

La crisis sanitaria se agrava aún más debido a la violencia armada que azota la región. El P. Ostos describe un panorama marcado por el terror provocado por grupos rebeldes que operan desde hace años en el noreste del Congo.

“Hace cinco años que estamos en estado de sitio, porque hay cuatro grupos rebeldes que son auténticos salvajes, que se dedican a eliminar a esta población y a hacerla sufrir”, afirmó.

Según relata el misionero, los ataques son especialmente crueles. “Estos no matan con fusiles, estos matan con machetes, y cuando atacan van con mujeres y con los hijos. Mientras ellos matan, las mujeres prenden fuego a las chozas de la gente para que huyan, y así cogen ellos las cabras, las vacas, todo lo que tenga valor”.

La violencia ha obligado a miles de personas a abandonar sus hogares y refugiarse en campamentos improvisados donde las condiciones sanitarias son mínimas, favoreciendo la propagación de enfermedades. “Han obligado a las poblaciones a desplazarse creando campos de desplazados con muy mala higiene, lo que se convierte en foco de epidemias”, explicó. A esto se suma la presencia militar de Uganda en parte del territorio y la llegada constante de refugiados procedentes de Sudán del Sur, lo que incrementa aún más la presión humanitaria sobre la región.

Pese al sufrimiento cotidiano, el p.Francisco Ostos asegura que la fe sigue siendo el mayor refugio para miles de personas.

“Es curioso que cuando una persona va a las oficinas del Estado va a la defensiva, sabiendo que van a intentar aprovecharse de él. Pero cuando vienen a la parroquia saben que son atendidos como personas, que se les va a ayudar, que no se les va a explotar”, expresó.

Para el sacerdote, las iglesias continúan llenándose porque representan un espacio de esperanza en medio del miedo y la incertidumbre. “La gente sabe que en Jesucristo está la respuesta, y por eso las iglesias se llenan de personas todas las mañanas, porque saben que ahí es el único lugar donde ellos encuentran seguridad”.

A pesar de las dificultades, el misionero asegura que nunca ha pensado abandonar su misión. “Hemos pasado por mucho estos 53 años de guerra y otras epidemias, no voy a decir adiós porque ahora haya una cosa más que sea negativa”, sostuvo “Si pensara en mi confort, sí me volvería a España”.

Un llamado a la oración

La historia vocacional del P. Francisco Ostos comenzó cuando tenía apenas 15 años. Durante una convalecencia escuchó en la radio la noticia del asesinato de seis Padres Blancos en el Congo. Aquella noticia marcó su vida.

Años después, terminaría siendo enviado precisamente a reabrir aquella misión cerrada tras el martirio de los sacerdotes. Hoy, más de medio siglo después, continúa sirviendo entre guerras, epidemias y pobreza extrema. A los cristianos de España y del mundo les hace una petición sencilla: “Hay que rezar, pedir la ayuda del Señor. Lo podéis hacer desde España, rezar para que este brote pase lo más pronto posible, que el Señor acoja a los que se han ido a causa de este virus y ayude a los médicos sobre todo”.

Con información de Religión en Libertad

 

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