miércoles, 10 de junio de 2026
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Tintín es genial, pero con sus lados flacos

Hace poco tuvo que hacer una diligencia en un mall, más o menos igual a cualquiera que pueda encontrarse en cualquier rincón del planeta…”

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Redacción (10/06/2026 15:27, Gaudium Press) Hace poco tuvo que hacer una diligencia en un mall, más o menos igual a cualquiera que pueda encontrarse en cualquier rincón del planeta, pero al que cuando voy, aprovecho para tomarme un capuccino en una pequeña ‘zona francesa’ (así la he llamado), que sí es agradable, tal vez por lo poco ‘americana’.

Pero esta ocasión la buena parada en la estación fue mejor, pues justo había en esa área una feria itinerante de libros, que ya había encontrado en otras partes, donde se consiguen algunas obras buenas y a buen precio. Pero esta vez fue aún mejor, porque entre los tesoros que escondía la feria, estaba un clásico de mi juventud, y de todos los tiempos y de todas las edades: todos los ejemplares de las Aventuras de Tintín, de Hergé. ¡Y a precio de ganga!

Dr. ilustre, dije a un muy joven amigo por videollamada, escoja el suyo que se lo llevo. Él casi tiene la tercera parte de mi edad, y es también un fan del joven periodista y reportero belga que recorre el mundo entero en las más interesantes aventuras. Cedió él también a su entusiasmo, y aunque aunque creía haber leído todos los números, hubo uno que no reconocía y que pidió que se lo comprara.

Días después en la oficina, pudimos conversar sobre nuestro entusiasmo por Tintín. ¿Por qué sus aventuras nos parecen apasionantes?

Creo que, y hablando aquí del personaje, es una combinación adecuada de rectitud, cierta lozanía de la juventud, inteligencia, decisión y valentía. Tintín es buena persona, pero no es un tonto. Es ágil, tiene cierta fragilidad que compensa con astucia y decisión, como la ardilla. El Dr. Plinio Corrêa de Oliveira diría que es ‘Jacob’ y no ‘Esaú’.

Además es indiscutible que Tintín tiende a lo conservador, tiende a la ‘derecha’. De hecho, Hergé era de ideología conservadora, algo que queda patente en el primer número, ‘Tintín en el país de los soviets’ (1929), donde en un momento en que ciertas fuerzas querían hacer despuntar la roja estrella soviética sobre el mundo entero, Hergé no dejó de pintar con realismo la falsedad de los mitos que emanaban desde el Kremlin.

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Pero es claro que las historias de Tintín son también geniales por su construcción literaria, porque los escenarios son de lo más variados y permitiendo las características de las diferentes culturas y pueblos; porque los personajes que rodean a Tintín son geniales, desde los ‘buenos’ como el borrachín y valiente capitán Archibald Haddock, los despistados pero tenaces detectives Hernández y Fernández, la diva Castafiore, o el genial y en las nubes profesor Tornasol; pero así también los malos, como su gran antagonista y mente criminal Rastapopoulos, el cerebro criminal, psicológico y despiadado Doctor Müller, o el brutamontes ejecutor Allan Thompson, que había sido el segundo traicionero del capitán Haddock. Y las aventuras son geniales porque en las diversas tramas Tintín no las tiene todas ganadas, sino que siempre ve peligrar su existencia, teniendo, es claro, un simpático y con frecuencia inesperado final victorioso y feliz, comúnmente celebrado en el Castillo de Moulinsart.

Tintín sigue siendo un clásico muy vigente, tanto que, creo que en el mundo entero, se promocionó recientemente una nueva edición de las aventuras empaquetadas en un simpático baulito, que las hacía objeto valioso y entrañable. Y también es síntoma que el propio Hollywood no escatimó en gastar sus millones de dólares en una reciente película de Tintín.

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Lo confieso, sucumbí a la tentación de ver la película, a sabiendas que comúnmente los filmes desdicen y desdoran las buenas obras literarias. Y esta no fue la excepción. Guionistas y productores de la versión cinematográfica creyeron que crear una aventura interesante era meter a Tintín en un remolino loco de acción, que lo hacía pasar, a él y al pobre Milú, de una explosión cuasi mortal a un salto al abismo, de una carrera de coches o tanques a lo James Bond, a volar con cuerdas por el cielo al estilo del Spider Man. Los diálogos en la película son como ese familiar que no se quiere mostrar pero que ahí está, porque toca.

Pero para ser sincero, la película no es sino una aceleración en demasía de una agitación que ya existía en el original. Si bien es cierto que Tintín es aún algo reflexivo, la verdad es que sus aventuras son de una acción que ya tiende a lo James Bond, una acción ya no fruto de la meditación sopesado, sino de un gusto de vivir con la adrenalina a mil, sintiendo en la piel la sensualidad, de los nervios, de la carne, de la parte animal del hombre. Casi que se podría decir que James Bond podría ser el hijo o nieto de Tintín.

Muy diferente a Becassine, la encantadora campesina bretona, que hace el encanto de sus lectores por medio de una contemplación serena y dicharachera de las situaciones, los escenarios y las caracterizaciones.

Sin embargo, la principal falla de Tintín, sin lugar a duda, es que aunque todo indica que es católico, nunca lo vi rezar.

Y ya lo dice San Alfonso María de Ligorio: el que reza se salva, y el que no reza se condena. Y antes de condenarse, se vuelve un James Bond, carnal, ‘Esaú’.

Por Saúl Castiblanco

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