lunes, 23 de febrero de 2026
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Obispo Varden, en retiro del Papa: lenguaje de la Iglesia es el ‘sí-sí’, y el ‘no-no’, pero en “melodía de paz”

El Obispo de Trondheim predicó ayer de tarde primera sesión de los ejercicios espirituales de Cuaresma, al Papa y la Curia Romana.

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Foto: @Vatican Media

Redacción (23/02/2026 12:02, Gaudium Press) La paz que los creyentes son capaces de encarnar es la verdadera medida de la presencia de Cristo en ellos, y no la vehemencia con que esgrimen el Evangelio en los debates públicos. Con esta tesis de fondo, el Obispo Erik Varden inauguró el domingo por la tarde los ejercicios espirituales de Cuaresma de la Curia Romana, en presencia del Papa León XIV, en la Capilla Paulina del Vaticano.

Monje cisterciense y Obispo de Trondheim, Varden imprimió desde el inicio un tono de profundidad espiritual y rigor intelectual al retiro anual que la Santa Sede celebra al comienzo de la Cuaresma. A lo largo de las dos primeras meditaciones, pronunciadas el domingo y el lunes respectivamente, el predicador trazó un arco argumental que va de la urgencia del momento presente hasta la figura de san Bernardo de Claraval como maestro de vida cuaresmal.

El Evangelio no es un arma

En su primera meditación, Varden situó la Cuaresma en las coordenadas de lo esencial: «La Cuaresma nos confronta con lo esencial. Nos lleva, material y simbólicamente, a un espacio despojado de superfluidades». Frente a esa austeridad interior, señaló la tentación opuesta que acecha al cristianismo en el momento actual.

«La fidelidad al ejemplo y a los mandamientos de Cristo es la marca de la sinceridad cristiana», afirmó. «La medida de la paz que encarnamos, esa paz singular ‘que el mundo no puede dar’, indica la presencia permanente de Jesús en nosotros. Debemos insistir en esto ahora, cuando el Evangelio es a veces desplegado como un arma en las guerras culturales».

La respuesta a esa instrumentalización, sostuvo, no puede ser la mera indignación: «Las instrumentalizaciones del lenguaje y los signos cristianos deben ser contestadas no solo con una indignación tibia, sino enseñando en qué consiste la auténtica lucha espiritual. Pues la paz cristiana no es una promesa de comodidad; es una condición para la transformación de la sociedad».

La ira como obstáculo espiritual

Para subrayar la urgencia de esta llamada, Mons. Varden recurrió a la tradición ascética oriental y citó a San Juan Clímaco: «No hay obstáculo mayor a la presencia del Espíritu en nosotros que la ira». Articular la radicalidad de la paz cristiana, añadió, es tanto más necesario cuanto más se impone en el ambiente público una cultura de la crispación.

La Iglesia, recordó, no suaviza su llamado al combate espiritual, «su lenguaje es el «Sí, sí» y el «No, no», no el «a veces esto» y a veces aquello», pero lo envuelve desde el primer día de Cuaresma en una melodía de paz: el tracto gregoriano del Salmo 90, el Qui habitat, canto procesional que en la liturgia tradicional sustituye al Aleluya durante el tiempo penitencial, , que la Iglesia entona desde hace más de mil años el Primer Domingo de Cuaresma para introducir el relato de la tentación de Cristo en el desierto. «Esta obra de exégesis melódica no es un simple vestigio de estética antigua», subrayó Varden. «Lleva un mensaje vital».

San Bernardo: genio inquieto, humildad genuina

En su segunda meditación, el Obispo convirtió al autor de aquellos diecisiete sermones sobre el Qui habitat, san Bernardo de Claraval, que los predicó en la Cuaresma de 1139, en el gran protagonista del retiro. El retrato que trazó es el de un hombre de tensiones interiores y virtudes reales, alejado de la hagiografía plana.

«¿Qué clase de hombre era san Bernardo?», preguntó Mons. Varden al inicio de la meditación. La respuesta fue matizada: una figura que domina el movimiento cisterciense del siglo XII por su carisma y su laboriosidad, pero que no fundó la Orden, se incorporó al monasterio de Cîteaux en 1113, a los veintitrés años, acompañado de treinta compañeros, y que no siempre estuvo libre de las contradicciones propias de toda grandeza humana.

Mons. Varden señaló que el proyecto cisterciense original fue tanto de innovación como de reforma: sus fundadores, al establecer Cîteaux en 1098, llamaron a su casa novum monasterium, «monasterio nuevo», , un nombre que expresaba un impulso creador, no meramente reactivo. «Hacían algo nuevo, no reaccionaban principalmente contra nada, lo cual es afortunado, pues los proyectos de reacción acaban tarde o temprano por agotarse en la arena».

Sobre Bernardo, el Obispo no eludió las aristas: su confianza en el propio juicio podía volverlo rígido y llevarlo a posicionamientos de «fiero partidismo». Pero fue igualmente tajante en lo positivo: «No era un hipócrita. Era un hombre genuinamente humilde, plenamente entregado a Dios, capaz de una ternura delicada, amigo fiel, capaz incluso de trabar amistad con antiguos enemigos, y un testigo convincente del amor de Dios. Era, y sigue siendo, fascinante».

Para ilustrar ese temperamento de «mercurio vivo», Varden recurrió a una comparación inesperada: la que el abad Dom James Fox, de la abadía de Getsemaní, trazó en su día sobre Thomas Merton, cuya mente calificó en un momento de exasperación como «tan eléctrica». «Sería absurdo comparar a Thomas Merton con Bernardo de Claraval, aclaró Varden, , pero existe una similitud de temperamento». Ambos contenían y debían equilibrar tensiones enormes.

La conversión como fruto de la lucha personal

Lo que hace de San Bernardo un maestro válido para la Cuaresma no es su genio, sino la trayectoria de su conversión interior. Su doctrina, explicó Mons. Varden, nace de una cultura bíblica sin igual y de una teología meditada, pero «cada vez más, con el paso del tiempo, nace también de la lucha personal, a medida que aprende a no dar por sentado que su camino es siempre el correcto, enseñado por la experiencia, las heridas y las provocaciones a examinar su propia rectitud y a maravillarse ante la misericordiosa justicia de Dios».

San Bernardo, concluyó Mons. Varden, es «un buen y sabio compañero para quien emprende el éxodo cuaresmal del egoísmo y el orgullo, deseando perseguir la autenticidad con los ojos puestos en el amor de Dios que todo lo ilumina».

El ciclo de meditaciones continuará a lo largo de la semana con nuevas meditaciones del Obispo Varden.

Con información de Infocatólica.

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