¿Qué es al final la sinodalidad? ¿Es algo nuevo? ¿La Iglesia en 2000 años de historia no había sido sinodal?
Foto: Vatican Media
Redacción (21/05/2026 06:41, Gaudium Press) Que el proceso sinodal mundial sufre un desgaste en muchos ambientes católicos, es algo indiscutible, en un fenómeno que incluso no tiene una definición clara a nivel de Iglesia universal. ¿Qué es al final la sinodalidad? ¿Es algo nuevo? ¿La Iglesia en 2000 años de historia no había sido sinodal?
Pero es en continuación de este proceso que ayer la Secretaría General del Sínodo ha publicado el documento que traza la hoja de ruta para las Iglesias locales de todo el mundo hasta la celebración de la Asamblea eclesial de octubre de 2028 en el Vaticano, en presencia del Papa León XIV. El texto, titulado Hacia las Asambleas 2027-2028: etapas, criterios, instrumentos, establece un itinerario articulado en cuatro fases progresivas, con un calendario preciso, una metodología común y criterios de participación para las diócesis, las conferencias episcopales y las instancias continentales.
El documento, redactado originalmente en italiano y con una extensión de 18 páginas, concreta el camino iniciado tras la entrega del Documento final del Sínodo 2021-2024, con el objetivo de que la sinodalidad se traduzca en un estilo ordinario de la vida eclesial al servicio de la misión.
Cuatro verbos, cuatro momentos
El itinerario se estructura en torno a cuatro verbos que definen su propósito eclesial y espiritual. La primera etapa, Hacer memoria, ocupará el primer semestre de 2027: las asambleas diocesanas y eparquiales revisarán la experiencia de implementación del Documento final mediante un relato narrativo y una carta dirigida a las demás Iglesias. La segunda fase, Interpretar, se desarrollará durante el segundo semestre de 2027, cuando las asambleas de las conferencias episcopales (nacionales o regionales) elaborarán un informe teológico-pastoral y una carta a las Iglesias locales.
El tercer momento, Orientar, tendrá lugar en el primer cuatrimestre de 2028 con las asambleas continentales, que prepararán un informe de perspectiva destinado a identificar prioridades y directrices compartidas. Este documento servirá de base para el Instrumentum laboris de la Asamblea eclesial. La cuarta y última etapa, Celebrar, culminará en octubre de 2028, cuando la Asamblea eclesial de toda la Iglesia se reúna en el Vaticano junto al Santo Padre.
Cada etapa culminará con una asamblea y con la elaboración de documentos que alimentarán el discernimiento eclesial. Todos los materiales deberán remitirse a la Secretaría General del Sínodo en fechas precisas: antes del 30 de junio de 2027 para la etapa diocesana, antes del 31 de diciembre de 2027 para la etapa de conferencias episcopales y antes del 30 de abril de 2028 para la continental.
Una pregunta común como eje vertebrador
La unidad del proceso estará custodiada por una pregunta común que deberá orientar el trabajo en todos los niveles: «A la luz del camino recorrido tras la conclusión del Sínodo 2021-2024, y con vistas a ofrecer sus frutos como un don a las demás Iglesias y al Santo Padre: ¿qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad?».
El documento subraya que no se trata de repetir la consulta sinodal ni de añadir nuevas cargas a las comunidades, sino de releer lo ya vivido, reconocer los frutos y las dificultades y poner la experiencia adquirida a disposición de las Iglesias en un espíritu de intercambio de dones.
Grech: «No es una tarea adicional»
El Cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, ha explicado que la propuesta no pretende imponer una carga suplementaria a las Iglesias. «Proponemos a las Iglesias locales no una tarea adicional, sino un tiempo de discernimiento compartido y acción de gracias, en el que releer juntos lo que el Espíritu está haciendo crecer en la Iglesia y reconocer los pasos que estamos llamados a dar», ha afirmado.
El cardenal ha subrayado además que las asambleas «no son una consulta sociológica ni un proceso deliberativo, ni tampoco una evaluación técnica, sino más bien una poderosa experiencia eclesial y espiritual de discernimiento».
Composición inclusiva y continuidad más allá de 2028
El documento insiste en que la composición de las asambleas debe reflejar la diversidad de la Iglesia, con atención a la relación entre hombres y mujeres, a las distintas generaciones, a la pluralidad cultural y eclesial (sacerdotes, diáconos, consagrados, miembros de asociaciones, movimientos y nuevas comunidades, fieles no integrados en estructuras organizadas) y a la presencia de personas en situación de vulnerabilidad o marginación. Se presta especial atención a la participación de los párrocos, y cuando sea pertinente podrán participar representantes de otras Iglesias y comuniones cristianas.
La Secretaría del Sínodo pide a las Iglesias locales que reactiven y apoyen a los equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales, comunicando su composición al Vaticano. Es fundamental, señala el texto, que las personas elegidas estén disponibles para sostener el proceso más allá de 2028, garantizando así su continuidad.
En cuanto a la metodología, el documento propone mantener la conversación en el Espíritu como referencia metodológica preferente para el discernimiento comunitario. El texto se enmarca en la fase de implementación del Sínodo, tercera etapa del proceso descrito en la constitución apostólica Episcopalis Communio, y da forma concreta a lo ya anticipado en las Trazas para la fase de implementación del Sínodo, publicadas el 29 de junio de 2025.
Con información de Infocatólica.




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