lunes, 30 de enero de 2023
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En la próxima celebración de la Patrona de Costa Rica, estará presente el dolor de Oriente Medio

San José (Viernes, 01-08-2014, Gaudium Press) El amor que en Costa Rica se le tiene a la Virgen de los Ángeles, «La Negrita», patrona del país, es gigantesco, y no sólo allí, sino en toda Centroamérica y más. La celebración de su día es el 2 de agosto; pero esta fecha solemne para los «ticos», viene siendo preparada desde el 23 de julio pasado con reflexiones marianas, jornadas de oración y otros eventos, como ya lo notició Gaudium Press

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Este año, la conmemoración de la Patrona no olvidará a los cristianos que sufren en Oriente Medio. El propio obispo de Cartago -diócesis sede de esta ‘Virgen Angélica’- Mons. José Francisco Ulloa, ha pedido que en todas las celebraciones del 2 de agosto se ofrezca «al Señor, por intercesión de su Madre, y unidos con el Papa Francisco, una plegaria» por Oriente Medio, «donde están enfrentados en guerra dos pueblos: Israel y Palestina, y que de las dos partes se están asesinando vidas inocentes, entre ellos niños y habitantes que huyen despavoridos a lugares más seguros».

«Con la oración de cada peregrino puesta en el Inmaculado Corazón de María, Reina de la Paz, tocamos el Corazón de Dios, para que cese esa matanza sin sentido», reafirmó el prelado costarricense.

Presencia del Cardenal Arzobispo de Managua y del presidente de Costa Rica

Otro de los hechos destacados este año en las celebraciones de la Virgen de los Ángeles, es que en esta edición las ceremonias serán presididas por el Cardenal Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua, en un hecho que muestra como la devoción a esta advocación de Nuestra Señora trasciende las fronteras costarricenses.

Asimismo el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, ha anunciado que asistirá a las celebraciones solemnes, junto a varios miembros de su gabinete.

Historia de la Virgen de los Ángeles

Por los años de 1635 la Puebla de los Pardos era un barrio segregado de la ciudad de Cartago, compuesto exclusivamente por mestizos. Era costumbre en casi toda la América Española segregar a estos de los blancos, obligándolos a vivir separados. La fuerza de la ley llegaba en ocasiones hasta prohibir el matrimonio entre ellos.

La Puebla de los Pardos tenía ya entonces, o poco después, señalando el límite con la ciudad, una Cruz de Caravaca. De este modo despreciativo, decía en 1751 un ilustre obispo – el señor Don Pedro A. Morel de la Santa Cruz- son tratados los hombres (los mulatos).

En la época de que nos ocupamos, existía allí un breñal a donde solían ir los pobres de Cartago a recoger leña.

En las inmediaciones del breñal vivía una pobre y sencilla mujer que en éste hacía sus provisiones de leña.

En la mañana del 2 de agosto, probablemente del año 1635, pues no dicen las crónicas del año del suceso que, en todo caso, tuvo que ser antes de 1638, nuestra heroína, cuyo nombre era Juana Pereira, se encaminó como de costumbre a recoger leña en el breñal, y esta vez encontró sobre la piedra una imagencita representando a la Santísima Virgen con el Niño en los brazos, grande como de una cuarta, tallada en la piedra, la recogió y al llegar a su casa la guardó dentro de un cofre o caja.

«Encontró entonces sobre la piedra una imagencita representando a la Santísima Virgen con el Niño en los brazos, grande como de una cuarta, tallada en la piedra». Imagen de la Virgen de los Ángeles durante el cambio de vestidos en 2012.

Al medio día volvió la mujer al breñal y, llena de admiración, encontró la imagen sobre la piedra. La tomó creyendo que era otra imagen y la llevó a su casa. Abrió el cofre para guardarla junto con la otra, y llena de estupefacción notó que aquella ya no estaba. Mas, su estupefacción creció de punto, rayando casi en espanto, cuando por tercera vez, al volver al breñal encontró la imagen sobre la misma piedra. Sin embargo, la tomó consigo llevándola a su casa, adonde pudo constatar que se había escapado del cobre, que encontró vacío.

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La buena mujer se alarmó y corrió a casa del señor cura a quien entregó la imagen imponiéndole de los extraños sucesos.

El señor cura, que según la leyenda era Don Alonso Sandoval, tomó la imagen, guardándola dentro de una cajita con el fin de examinarla después detenidamente.

Al día siguiente la imagen ya no estaba en la cajita, y cuando la mujer de nuestra historia se dirigió a la floresta a recoger leña, con asombro encontró la imagen sobre la misma piedra en que tantas veces la había hallado. Corrió donde el señor Cura, y este sacerdote, acompañado de otras personas, fue al breñal desde donde condujo la imagen en solemne procesión a la Iglesia Parroquial, depositándola en el Sagrario. Al siguiente día, cuando quisieron examinarla, ya no estaba en el lugar. Corrieron a la ya histórica piedra, hallándola Virgen. Comprendiendo que la Reina de los Cielos quería tener su casa allí mismo, se dieron inmediatamente a la tarea de levantarle una ermita, mientras podían construirle un templo digno de la celestial señora. (Extraído de Leyendas de Costa Rica: compiladas por Victor Lizano H. Serie escolar Costa Rica, nº 3. San José: Soley y Valverde, 1941).

Con información de Aleteia

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