jueves, 29 de octubre de 2026
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Cardenal Fernández admite falta de interés por nuevo documento vaticano sobre la transmisión de la fe

El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe afirma que ni progresistas ni conservadores han mostrado entusiasmo por la iniciativa, y recurre a la Secretaría de Estado para fomentar su aplicación en las diócesis.

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Foto: Vatican Media

Redacción (29/10/2026 10:19, Gaudium Press) El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, reconoció que su documento más reciente sobre la transmisión de la fe no ha despertado el interés esperado entre los distintos sectores de la Iglesia Católica. En entrevistas con la prensa española, el purpurado señaló que tanto los obispos progresistas como los sectores conservadores parecen mostrar poco interés en las propuestas presentadas por el Vaticano.

Estas declaraciones fueron recogidas este martes (27) por el periodista Michael Haynes, corresponsal en el Vaticano de The Catholic Herald, cinco días después de la publicación del documento Venite ad me —«Consideraciones sobre la transmisión de la fe en un cambio de época»—, dado a conocer el 22 de octubre. El texto, elaborado a partir de las aportaciones de obispos diocesanos y conferencias episcopales, responde a una petición del Papa Francisco de promover una reflexión sobre los desafíos contemporáneos de la evangelización.

Tanto progresistas como conservadores mostrarían desinterés

En una entrevista con el portal español Religión Confidencial, Fernández criticó las prioridades pastorales de diversos sectores eclesiales. Según él, en los países donde predominan los obispos progresistas, falta preocupación por promover un encuentro profundo con Cristo, ya que estarían más centrados en los cambios estructurales de la Iglesia y en el diálogo con la sociedad. Por otro lado, en los ámbitos tradicionales y conservadores, se presta mayor atención a cuestiones relacionadas con la transmisión de la moral sexual.

A juicio del Cardenal, ambas tendencias relegan a un segundo plano el objetivo central de la evangelización: ofrecer a los fieles una experiencia transformadora de encuentro personal con Jesucristo. La propuesta de despertar en los católicos una relación viva con Cristo, fundada en la amistad y en la renovación espiritual, parece excesivamente romántica o alejada de las preocupaciones concretas de estos grupos.

El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe reconoció también que los reiterados llamamientos del Papa Francisco a favor de una renovación misionera no han producido los cambios esperados.

Según Fernández, la insistencia del pontífice argentino en la centralidad del kerygma —el anuncio fundamental de la muerte y resurrección de Jesucristo— no ha modificado sustancialmente los planes pastorales de las diócesis y de los movimientos eclesiales.

El cardenal mencionó además la encíclica Dilexit nos, publicada por Francisco en 2024 y dedicada al amor humano y divino del Corazón de Jesús, como ejemplo de un documento que ha recibido poca atención práctica en las estructuras diocesanas.

En opinión de Fernández, la Iglesia corre el riesgo de concentrar sus energías en debates secundarios, perdiendo de vista el núcleo del mensaje cristiano que debería orientar todas las demás cuestiones.

El documento propone cinco caminos para la evangelización

El nuevo texto del Vaticano destaca cinco dimensiones consideradas esenciales para la transmisión de la fe: la vida comunitaria, la liturgia, el testimonio cristiano, el arte y la belleza, y la defensa de los valores católicos a lo largo de la existencia humana.

El documento no pretende establecer un programa pastoral obligatorio ni ofrecer soluciones definitivas, sino reunir perspectivas y estimular la reflexión en las Iglesias locales. Sin embargo, este enfoque se ha convertido también en uno de los principales blancos de las críticas.

En su análisis publicado en The Catholic Herald, Michael Haynes señala que, si bien el documento identifica la crisis en la transmisión de la fe, ofrece pocas orientaciones concretas para afrontarla. Según el periodista, el dicasterio solicitó sugerencias a las diócesis, recopiló sus respuestas y devolvió a esas mismas estructuras eclesiales un conjunto de recomendaciones generales, sin definir una estrategia lo suficientemente clara para superar las dificultades identificadas.

La crítica plantea una cuestión importante: ¿hasta qué punto la multiplicación de documentos y consultas eclesiales logra producir resultados concretos si no va acompañada de decisiones pastorales, metas e iniciativas de evangelización efectivamente aplicadas?

La moral sexual vuelve al centro de la controversia

Las declaraciones de Fernández también reavivaron las discusiones sobre su enfoque de las cuestiones morales.

En una entrevista con el portal español Religión Digital, se le preguntó al cardenal sobre un pasaje del nuevo documento según el cual ninguna ley o autoridad humana o religiosa puede declarar a alguien indigno del amor de Dios o del amor de los demás.

El medio preguntó cuáles serían las consecuencias pastorales de esta afirmación para los homosexuales, los divorciados vueltos a casar y las personas alejadas de la Iglesia por sentirse rechazadas.

En su respuesta, Fernández recurrió al ejemplo histórico de la esclavitud, argumentando que la comprensión de las consecuencias concretas de la dignidad humana se ha desarrollado gradualmente a lo largo de la historia de la Iglesia. Expresó la esperanza de que, con la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia logre comprender y aplicar cada vez mejor las implicaciones del reconocimiento de la dignidad infinita de cada persona.

La comparación, sin embargo, exige una distinción teológica importante. El reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana constituye un principio permanente de la doctrina católica, pero no implica, por sí mismo, la revisión de todos los juicios morales sobre comportamientos y situaciones particulares.

Fernández, directamente involucrado en documentos controvertidos como Fiducia supplicans, vuelve a poner de relieve la relación entre la acogida pastoral y la fidelidad a la enseñanza moral.

Se solicita la intervención de la Secretaría de Estado

Ante la perspectiva de una recepción limitada del documento, Fernández reveló haber solicitado la colaboración de la Secretaría de Estado del Vaticano para alentar a las conferencias episcopales a desarrollar iniciativas concretas basadas en las orientaciones presentadas.

Involucrar a la estructura diplomática y de coordinación central de la Santa Sede en la promoción de un texto de naturaleza esencialmente doctrinal y pastoral pone de manifiesto la preocupación del prefecto ante el riesgo de que el documento quede restringido al ámbito de las publicaciones oficiales, sin repercusiones significativas en la vida de las diócesis.

Una crisis que trasciende las divisiones ideológicas

Las declaraciones del cardenal ponen de relieve un problema que va más allá de las tradicionales disputas entre progresistas y conservadores: la dificultad de transmitir la fe católica en sociedades cada vez más secularizadas.

La evangelización no puede reducirse exclusivamente a reformas administrativas, debates sobre estructuras eclesiales o controversias morales; Tampoco se debe contraponer el anuncio de Cristo a la transmisión de la doctrina moral. En la tradición católica, la experiencia personal del encuentro con Jesús no constituye una alternativa a la verdad doctrinal o a las exigencias de la vida cristiana, sino su fundamento.

La cuestión central, por tanto, tal vez no sea elegir entre anunciar el amor de Cristo y transmitir las enseñanzas de la Iglesia, sino comprender cómo estas dos dimensiones pueden permanecer inseparables en la práctica pastoral.

El reconocimiento público de Fernández de que el documento Venite ad me despertó poco entusiasmo en los diferentes sectores eclesiales revela, sobre todo, los límites de una estrategia de evangelización basada predominantemente en orientaciones generales.

Queda por ver si la implicación de la Secretaría de Estado será suficiente para transformar las reflexiones de Venite ad me en iniciativas concretas, o si el nuevo documento terminará confirmando una de las dificultades que él mismo pretende abordar: la distancia entre los pronunciamientos de la Santa Sede y su aplicación efectiva en la vida de las comunidades católicas.

Por Rafael Ribeiro

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