miércoles, 15 de abril de 2026
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El don de ser católico: gratitud y misión en los Ordinariatos para ex anglicanos

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó recientemente un documento que celebra el carisma propio de los Ordinariatos establecidos por Benedicto XVI, estructuras eclesiales que siguen floreciendo bajo el pontificado del Papa León.

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Foto: Ordinariato Nuestra Señora de Walsingham

Redacción (15/04/2026 16:44, Gaudium Press) El pasado 24 de marzo, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó un documento titulado “Características del patrimonio anglicano tal como se vive en los Ordinariatos establecidos mediante la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus” (Characteristics of the Anglican Heritage as Lived in the Ordinariates Established Under the Apostolic Constitution Anglicanorum Coetibus). Se trata de uno de los pocos pronunciamientos oficiales del Vaticano sobre la significación de los Ordinariatos para la Iglesia desde su creación durante el pontificado de Benedicto XVI.

Un ethos eclesial distintivo

El documento pondera a los Ordinariatos por poseer un ethos eclesial propio que se distingue por varios rasgos: la participación activa de los laicos en la gobernanza como cooperadores de la jerarquía, el amor por la belleza litúrgica y la preservación del patrimonio litúrgico inglés, el compromiso con los pobres, el énfasis en la familia como iglesia doméstica, y la centralidad de las Escrituras, la predicación y el sacramento de la Penitencia.

El teólogo Larry Chapp, profesor retirado que frecuenta regularmente la parroquia del Ordinariato de Santo Tomás Moro en Scranton, Pensilvania, describe con detalle cómo estas características se hacen visibles en su comunidad: una misa ad orientem con canto gregoriano, incienso, comunión de rodillas en el comulgatorio, y homilías enraizadas en la exégesis escriturística. El párroco, el padre Eric Bergman —padre casado de diez hijos— preside una parroquia donde abundan las familias numerosas que encarnan el ideal de la iglesia doméstica.

Fe hecha obras en un barrio necesitado

Lo que hace aún más notable a esta parroquia es su compromiso concreto con los más vulnerables del barrio de Providence, uno de los más empobrecidos de Scranton. Entre sus iniciativas destacan el Centro de Embarazo Providence, una clínica médica de bajo costo para la comunidad dirigida por el doctor Philip Huffman, la Granja de la Divina Misericordia que provee alimentos gratuitos, y un activo ministerio penitenciario. Incluso se encuentra en proceso de apertura un banco de alimentos parroquial.

Un dato singular: el feligrés Marcus Daly fabrica ataúdes de madera sencillos y económicos, inspirado en el funeral del papa Juan Pablo II. La simplicidad y la belleza de estas obras artesanales reflejan la espiritualidad que anima a toda la comunidad.

El propio obispo del Ordinariato de la Silla de San Pedro —el ordinariato para América del Norte, Mons. Steven Lopes, ha reconocido el valor de esta parroquia y ha pedido al padre Bergman que dedique un tiempo sabático a escribir un libro sobre todo lo que allí se está construyendo, con miras a que sirva de modelo para otras comunidades.

La gratitud como carisma

Sin embargo, lo que más llama la atención del Dr. Chapp no es la belleza litúrgica ni los programas sociales —pues otras parroquias hacen cosas similares—, sino algo más difícil de cuantificar: el ethos de gratitud eclesial profunda que caracteriza a los feligreses de los Ordinariatos.

En un tiempo en que la Iglesia parece estar dominada por el descontento —quejas sobre liturgias, escándalos, tensiones entre sectores conservadores y progresistas, o grupos que justifican desafiar a Roma en nombre de un “catolicismo ortodoxo” alternativo—, los Ordinariatos ofrecen una imagen radicalmente distinta. La mayoría de sus miembros son conversos que han elegido ser católicos de forma deliberada e intencional. Han recorrido un camino largo y arduo para llegar a donde están, y eso se nota.

Como escribe Chapp: no hay queja en el ambiente, sino misión. No hay cinismo, sino vocación. Las únicas preguntas que se hacen son: “¿Qué nos pide el Señor?” y “¿Qué hay que atender en esta viña?”.

Amo ser católico”

En la Vigilia Pascual de este año, la parroquia de Santo Tomás Moro recibió quince nuevos católicos mediante el bautismo y la confirmación. Al final de la celebración, que se extendió por tres horas, el Dr. Chapp se acercó a uno de los neobautizados, quien sin que se le preguntara exclamó: “Gracias. Por fin estoy en casa. Amo ser católico.”

Esa sencilla frase resume el mayor aporte de los Ordinariatos a la Iglesia universal: no solo preservan un patrimonio litúrgico de belleza singular, sino que testimonian que la fe católica puede vivirse con alegría desbordante, con sentido de misión renovado y con una gratitud que resulta, en palabras del autor, genuinamente contagiosa.

Con información de Catholic World Report

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