viernes, 25 de junio de 2021
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Santa Irmina, princesa, colaboradora de un obispo santo

Cuenta la tradición que estaba destinada al matrimonio con el Conde Hermán de Tréveris. Pero que otro caballero, que estaba perdidamente enamorado de ella le tendió una celada al conde.

Redacción (24/12/2020 07:05, Gaudium Press) Santa Irmina, o Irma, tiene la honra de ser una de las santas veneradas hoy por la Iglesia en la víspera de la Navidad.

Existen dos tradiciones sobre la vida de esta santa. Una narra de que junto con San Adelaida era hija del rey de Austrasia, San Dagoberto II, y por tanto, toda una princesa. Recordemos que Austrasia quedaba en la parte norte del reino franco, ocupando territorios que hoy son de Francia, Bélgica y Alemania.

Para ninguno de los dos sino para Dios

Continúa la tradición contando que había sido destinada a casarse con un noble, el conde Hermán, y que ya se habían hecho los preparativos para la boda en la gran metrópoli de ese entonces, Tréveris, cuando un caballero que estaba al servicio de la princesa, y que se encontraba perdidamente enamorado de ella, le tendió una celada al conde Hermán, con quien se entabló una lucha cuerpo a cuerpo. En medio de la lucha los dos cayeron a un precipicio y murieron.

Su padre la autoriza a entrar al convento

Después de esos sangrientos hechos, el rey Dagoberto la autoriza a entrar a un convento que el propio rey había fundado o reconstruido.

Desde su convento, la Santa ayudó mucho en los trabajos misioneros de San Wilibrordo, que evangelizó en esa región y que llegó a ser obispo de Utrecht.

También fue la princesa Santa Irma quien le regaló a San Wilibrordo, en el año 698, la mansión en la que él fundaría el famoso monasterio de Echternach.

Se dice que ese regalo ocurrió cuando el Santo contuvo de forma milagrosa una epidemia que asolaba el convento de Santa Irminia.

Irminia, nombre de origen germánico, significa “grande, fuerte”.

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