martes, 14 de abril de 2026
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Cruce Trump vs. Papa: Cuando el gato pasa corriendo por la vitrina de cristales

Del encontronazo han opinado muchos. Pero son pocos los que se refieren a cierta decepción de la derecha católica.

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(14/04/2026 12:06, Gaudium Press) El Papa se encuentra en África, en un viaje muy querido por él porque es volver a sus orígenes, no los de su Chicago natal, de pizzas y White Sox, sino los de su esencia agustina: en estas primeras horas ha podido casi tocar con la mano al gran doctor de la gracia San Agustín, su padre espiritual.

Sin embargo, realidad es realidad, y es claro que la polémica pública con el presidente americano está eclipsando en el radar católico el viaje al continente negro, que es también el continente de la esperanza. Por lo menos está eclipsando esta primera parte del viaje.

Y es que no es menor el asunto, después de que Trump haya dicho del Pontífice que es “débil ante el crimen”, “terrible en política exterior”, alguien que complace “a la izquierda radical”, y otras expresiones condicentes. No obstante, así como en las relaciones humanas, también en las relaciones entre países las formas no es que sean muy importantes, sino que son esenciales para mantener los canales abiertos.

En ese contexto, voces que normalmente simpatizan con las posiciones de la administración americana se han manifestado para rechazar las expresiones de Trump. A los decires de Trump no solo se siguió la habitual tormenta de críticas progresistas, sino un gran rechazo público de figuras que han caminado, a veces incómodamente, del lado del presidente.

Una de las que más ha resonado es la del mediático obispo americano Robert Barron, que ha cultivado una relación de cercanía con la administración Trump. Barron había asistido al discurso del Estado de la Unión de 2025 como invitado de un congresista republicano, ha servido en la Comisión de Libertad Religiosa del presidente e incluso participó en un acto de Pascua en la Casa Blanca.

Mons. Barron no dudó en calificar las expresiones de Trump en Truth Social como “completamente inapropiadas e irrespetuosas”, afirmando que “no contribuyen en absoluto a una conversación constructiva” y ha dicho sin eufemismos que el presidente de Estados Unidos le debe una disculpa al Papa. En su mejor estilo, Trump ya le respondió, al día siguiente, y dijo que no tenía intención alguna de ofrecerla. “No lo haré, porque el Papa León dijo cosas que están equivocadas”, declaró a los periodistas en la Casa Blanca.

En la aplicación prudencial de los principios, se puede discrepar – No así, en el respeto

Las expresiones de Mons. Barron realzan que el asunto no es discrepar del Papa en la aplicación práctica de principios morales, sino el estilo cowboy de las manifestaciones realizadas en la red social de Trump: “Es prerrogativa del Papa articular la doctrina católica y los principios que rigen la vida moral. En cuanto a la aplicación concreta de esos principios, personas de buena voluntad pueden y suelen discrepar.”

Esta distinción no es menor. En la doctrina social de la Iglesia existe una diferencia establecida entre los principios —que son vinculantes para todos los católicos— y los juicios prudenciales sobre cómo aplicarlos en contextos concretos. Un católico no puede desconocer que la paz es un bien, que la guerra en sí es un mal y que debe ser el último recurso, y que evidentemente los civiles en cualquier conflicto merecen protección. Pero sí puede discutir, con argumentos válidos, cuándo una intervención militar está justificada, qué estrategia de disuasión ante una situación grave podría ser moralmente aceptable, o qué papel debe jugar la diplomacia frente a un régimen que puede llegar a ser una amenaza con armas de destrucción masiva.

Por tanto, Mons. Barron, no entra a discutir la razones de Trump en Irán, sino que dice que el modo de discutirlo no puede ser a través de insultos en redes sociales, y que cualquier católico serio de la administración —mencionó explícitamente al secretario Rubio, al vicepresidente Vance y al embajador Brian Burch— debería reunirse con funcionarios vaticanos para que tenga lugar un diálogo real. ‘Elemental mi querido Watson’: pero estos elementales pueden olvidarse, incluso a un presidente con coeficiente intelectual bastante alto, que al parecer estaba tomado emocionalmente por la entrevista a 3 cardenales contrarios a su política, en un programa de la mayor audiencia.

Ese tipo de reacciones a lo Mons. Barron, fueron generalizadas en el mundo católico. El arzobispo Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, dijo sentirse “consternado” por las palabras del presidente, subrayando que “el Papa León no es su rival; ni tampoco es el Papa un político. Es el Vicario de Cristo que habla desde la verdad del Evangelio y por el cuidado de las almas.”

En Europa, la reacción fue igualmente significativa. La primera ministra italiana Giorgia Meloni, a cierto momento precisó su posición con contundencia: “Encuentro inaceptables las palabras del presidente Trump hacia el Santo Padre. El Papa es el jefe de la Iglesia Católica, y es justo y normal que invoque la paz y condene cualquier forma de guerra.”

Lo notable es que Meloni es una de las figuras políticas europeas más cercana a Trump ideológicamente. Otros líderes de su coalición de gobierno también tomaron distancia. El ministro Matteo Salvini señaló que “atacar al Papa, símbolo de paz y guía espiritual para miles de millones de católicos, no me parece algo útil ni inteligente”. La senadora Licia Ronzulli calificó el ataque de “profundamente miope y dañino”.

Es claro que este “encontronazo”, como se ha visto con varios de Trump, podría ser tenido como un fogonazo pasajero, y a la espera de un mañana de buenos amigos. Eso es algo que ocurre bastante en política; no es sino ver los repetidos elogios de Trump a su secretario Rubio, después de los terribles ataques mutuos en la pre-campaña de su primera administración. Sin embargo, la cuestión aquí parece más profunda, y tiene también que ver no solo con el papel actual de ambos líderes sino con la situación del electorado americano, en vista a las elecciones de medio término de noviembre, donde se renovará la totalidad de la cámara de representantes y un tercio del senado.

Comúnmente, la mayoría del voto católico en los EE.UU. iba para los demócratas. Pero en las últimas elecciones presidenciales, esa relación cambió, y de acuerdo a varias encuestas, 56% de católicos votaron al republicano, y 41% a la demócrata. Y en el primer mandato de Trump, este también había obtenido mayoría católica, aunque por una diferencia mucho menor (52% – 45%). Pero claro, las cosas pueden cambiar.

Apunta en análisis en la agencia SIR el profesor Maximo Faggioli, que incluso cierto electorado de derecha católico se empieza a preguntar si el tema del aborto, que le es esencial, se ha vuelto sustancialmente indiferente para la administración, y que si las políticas antimigratorias de Trump —en las que concuerda— no han tenido como blanco privilegiado a las Iglesias. Incluso algunos ya estarían diciéndose a sí mismos,  pensando en diversos asuntos: “No habíamos votado por esto.”

Por lo demás, hay otra cuestión que ciertamente está molestando al Vaticano, y a no poco católico: ciertas tiradas ‘mesiánicas’ del jefe de la administración americana. Y resulta que el monopolio de la representación del mesías, es algo que gusta a los habitantes del estado más pequeño del mundo, pero grande en influencia.

Resumiendo, la sensación generalizada entre los católicos: el Papa tiene todo el derecho a hablar en nombre del Evangelio. Los principios del Evangelio no son negociables. Sus aplicaciones concretas, en cambio, por ser prudenciales, pueden ser discutidas. Lo que está fuera del debate es que se debe mantener buen tono. No se puede correr en una vitrina de porcelanas o de cristales. Pero no todo es el tono.

Por Carlos Castro

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